“¿Descubrirás tú los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso?” (Job 11:7). Dios es incomprensible, pero puede ser conocido, conocerlo es un requisito indispensable para la salvación. “¿A qué, pues, haréis semejante a Dios, o qué imagen le compondréis?” (Isaías 40:18). Dios no precisa de nuestras pequeñas ideas ni de nuestros consejos para ser Dios, él es el Dios todopoderoso, el creador y sustentador de todas las cosas. Es un absurdo concebir a Dios, tal como es visto por nuestros toscos sentidos. Nosotros solo podemos conocer a Dios hasta donde él se ha dado a conocer y sin embargo, es preciso conocerle para ser salvo. “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3). En este versículo aparece un marcado contraste entre “el Dios verdadero” y los dioses falsos. Jesús nos ha dado ha conocer al Dios verdadero y tener este conocimiento implica tener la vida eterna. “Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna” (1 Juan 5:20). Juan utiliza un juego de palabras para darnos a entender lo que significa tener vida eterna. Es necesario conocer al Señor y permanecer en él. Pensemos en las fórmulas paulinas más importantes, “en él”, “en Cristo”, “en Cristo Jesús”, que ocurren 164 veces en sus escritos. Por medio de estas expresiones, Pablo nos enseña que hemos sido escogidos “en él antes de la fundación del mundo” (Ef. 1:4), llamados (1 Corintios 7:22), hechos vivos (Efesios 2:5), justificados (Gálatas 2:17), creados “para buenas obras” (Efesios 2:10), santificados (1 Corintios 1:2), enriquecidos “en él, en toda palabra y en toda ciencia” (1 Corintios 1:5). El apóstol nos dice que únicamente en el Mesías tenemos redención (Romanos 3:24), vida eterna (Romanos 6:23), justificación (1 Corintios 1:30), sabiduría (1 Corintios 4:10), libertad de la ley (Gálatas 2:4), y toda bendición espiritual (Efesios 1:3). Lutero habla repetidamente de Dios como del “Deus Absconditus (el Dios escondido) para distinguirlo del Deus Revelatus (el Dios revelado). En algunos pasajes hasta habla del Dios revelado, como que aún está escondido, en vista del hecho de que no podemos conocerlo plenamente ni siquiera por medio de su revelación especial. Calvino consideraba que para el hombre es imposible investigar las profundidades del Ser de Dios. “Su esencia”, dice, “es incomprensible de tal manera que su divinidad escapa completamente a los sentidos humanos”. Los reformadores no negaban que el hombre puede saber algo de la naturaleza de Dios por medio de la creación, pero afirmaban que el hombre puede adquirir el verdadero conocimiento de Dios únicamente por medio de la revelación especial, y bajo la iluminadora influencia del Espíritu Santo. Gracias a Dios que no nos hemos quedados en la oscuridad, sino que hemos sido alumbrados por la luz de Su divina Palabra como decía el salmista: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino”. El único medio objetivo que tenemos para conocer a Dios, es su Santa Palabra, los demás son medios sujetivos que pueden llevarnos a concebir a Dios de una forma equivocada. Lo lamentable es que muchos no estudian las Escrituras ni contribuyen con su enseñanza; muchos están fascinados con los artistas y los conciertos como si el arte fuera el medio para conocer al Dios verdadero. La adoración es lo que nosotros les damos a Dios, la Palabra es lo que Dios nos da a nosotros; la adoración es finita, la Palabra es infinita, etc. ¡Amén!
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Estamos dedicado al estudio de las Escrituras. Analiza conmigo tema de erudición, teología sistematica y dogmática; teología fundamental, moral y crítica; hermenéutica, homilética, exégesis, lingüística, sociología, psicología pastoral, historia, guerra espiritual, liderazgo y mucho más.¡Únete!
enero 27, 2012
enero 25, 2012
La garantía de mi herencia
La tarea del Espíritu Santo es la de manifestar la presencia activa de Dios en el mundo, especialmente en la iglesia. En el Antiguo Testamento, la presencia de Dios se manifestó muchas veces en la nube de gloria, y en las apariciones o teofanías. En los evangelios Jesús mismo manifestó la presencia de Dios, él es Emmanuel [Dios con nosotros]. Pero después de la ascensión de Jesús a los cielos, y continuando a lo largo de toda la era de la iglesia, el Espíritu Santo es el que manifiesta la presencia de Dios y él mismo es la manifestación de la presencia de Dios entre nosotros. Él es el que está prominentemente presente entre nosotros. El Espíritu Santo completa y sostiene lo que el Padre ha planeado y lo que el Hijos de Dios ha empezado. El Espíritu Santo es el que viene a la iglesia con gran poder; debido a que el Espíritu Santo es la persona de la trinidad mediante la cual Dios manifiesta particularmente su presencia en esta era, es apropiado que Pablo llame al Espíritu Santo “las primicias” (Romanos 8:23) y la “garantía” o “anticipo de nuestra herencia” (2 Corintios 1:22; 5:5). Incluso en el Antiguo Testamento, se predijo que la presencia del Espíritu Santo traería bendiciones abundantes de parte de Dios. Isaías predijo un tiempo cuando el Espíritu traería un gran avivamiento o despertar espiritual (Isaías 32:14-18). “Regaré con agua la tierra sedienta, y con arroyos el suelo seco; derramaré mi Espíritu sobre tu descendencia, y mi bendición sobre tus vástagos” (Isaías 44:3). Por otro lado, la partida [salida] del Espíritu Santo significaba las perdidas de las bendiciones de Dios: “Pero ellos se rebelaron y afligieron a su santo Espíritu. Por eso se convirtió en su enemigo, y luchó él mismo contra ellos” (Isaías 63:10). Cuando el Espíritu Santo es rechazado por nosotros, Dios se vuelve nuestro enemigo y en lugar de estar a nuestro favor, lucha en contra de nosotros. No obstante, varias profecías del Antiguo Testamento predijeron un tiempo de plenitud espiritual, un tiempo cuando Dios haría un nuevo pacto con su pueblo y derramaría su Espíritu sobre toda carne: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Ezequiel 36:26-27). “Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová” (Ezequiel 37:14). “Ni esconderé más de ellos mi rostro; porque habré derramado de mi Espíritu sobre la casa de Israel, dice Jehová el Señor” (Ezequiel 39:29). “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días” (Joel 2:28-29). Podemos distinguir cuatro aspectos de la obra del Espíritu Santo (1) el Espíritu Santo habilita; (2) el Espíritu Santo purifica; (3) el Espíritu Santo revela; (4); el Espíritu Santo unifica. En la esfera de la naturaleza es la tarea del Espíritu Santo dar vida a todas las criaturas que se mueven, ya sea sobre la tierra o en el cielo o en el mar, porque “si envías tu Espíritu, son creados” (Salmos 104:30). A la inversa, “si pensara en retirarnos su espíritu, en quitarnos su hálito de vida, todo el género humano perecería, ¡la humanidad entera volvería a ser polvo!” (Job 34:14-15). Aquí vemos el papel del Espíritu Santo en dar y sostener la vida humana y animal. Paralelo a esto está el papel del Espíritu Santo de darnos nueva vida en la regeneración.' Jesús le dijo a Nicodemo: “Lo que nace del cuerpo es cuerpo; lo que nace del Espíritu es espíritu. No te sorprendas de que te haya dicho: “Tienen que nacer de nuevo”. También dijo: “El Espíritu da vida; la carne no vale para nada”. Consecuente con esta función del Espíritu Santo de dar vida está el hecho que fue el Espíritu Santo quien engendró a Jesús en el vientre de María su madre. Y en el día cuando Cristo regrese, el Espíritu completará su tarea de dar vida, resucitando o transformando nuestros cuerpos mortales: “y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes” (Romanos 8:11). ¡Amén!
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enero 24, 2012
¿Es posible conocer a Dios?
“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6). La persona que se acerca a Dios debe creer que él existe y estar segura de que Dios es fiel a sus promesas. Debemos confiar pero también reaccionar con un temor reverente ante la Palabra de Dios. Las Escrituras testifican de Dios y nos revelan la realización de su propósito y de su plan redentor. Expresemos nuestra fe haciendo las cosas que Dios nos ha mandado y obedeciendo sus preceptos. La fe interior se revela claramente en nuestras obras exteriores, lo que usted ha concebido por la fe en su interior, se manifiesta a través de sus acciones. La revelación de Dios en las Escrituras y por medio del Mesías es el fundamento de nuestra fe, y esto es lo que hace que el Evangelio sea completamente razonable. Sin embargo, es únicamente por la fe que aceptamos esta revelación y es por medio de la fe que alcanzamos una verdadera comprensión de su contenido. Si usted ha aceptado la revelación bíblica, es su beber proceder con justicia y amor. Las promesas de Dios deberían motivarnos a obedecer y a tener esperanza en el Señor. Esta vida no es un fin en si misma, nuestra herencia no es una herencia terrenal sino espiritual y eterna. “El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta” (Juan 7:17). Hay quienes no adquieren un verdadero conocimiento de Dios porque no están dispuestos a obedecer la voluntad de Dios, solo quienes están dispuestos a obedecer al Señor, él le da a conocer el contenido doctrinal y espiritual de las Escrituras y de los misterios del Reino de Dios. Oseas tenía en su mente este conocimiento intensivo que viene de una íntima comunión con Dios, cuando dijo: “Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra” (Oseas 6:3). El incrédulo no tiene un verdadero conocimiento de Dios ni de las Escrituras ni de las cosas espirituales. “¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios” (1 Corintios 1:20-24). Ni los sabios [filósofos] ni los eruditos [rabinos] ni los disputadores de este siglo [oradores] pueden entender las maravillas de Dios. No entienden porque no hay Dios en ningunos de sus pensamientos. “El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; no hay Dios en ninguno de sus pensamientos” (Salmos 10:4). El propósito de Dios se cumple por medio de la locura de la predicación, es decir, es por medio de los que nosotros predicamos [el Evangelio], que Dios salva a los que creen. Tanto la sabiduría como el poder de Dios lo hallamos en el Mesías. Dios eligió a los locos en vez de los sabios, a los débiles en lugar de los poderosos, eligió a aquellos a quienes la sociedad secular consideraba “insignificante” y rechazó a quienes eran halagados por la sociedad. Evitemos la jactancia basada en nuestra propia condición o clase; la salvación es por gracia para que nadie se gloríe. La salvación empieza y termina con Dios; la sabiduría, justificación, santificación y redención la hallamos en el Mesías. "Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová". ¡Amén!
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enero 21, 2012
El resultado de la revelación divina

enero 20, 2012
Promesa de poder

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enero 08, 2012
El fin de este presente siglo

enero 06, 2012
Llamado por Dios

enero 04, 2012
Un sabio razonamiento
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“Ahora, pues, reflexiona y ve lo que has de hacer, porque el mal está ya resuelto contra nuestro amo y contra toda su casa; pues él es un hombre tan perverso, que no hay quien pueda hablarle” (1 Samuel 25:17). David tenía la ardua tarea de encontrar provisiones para sus hombres y para sus seguidores. Aquí vemos lo difícil que esto podía ser para un hombre como él. Hay tareas que Dios nos ha asignados que son sumamente difíciles de realizar. Sin embargo, debemos persistir y confiar en aquel que nos ha llamados. David trató de ganarse el apoyo de los agricultores ricos como Nabal y de los hombres más acaudalados de Judea. Él y sus hombres les brindaban ayuda y protección, con la esperanza de recibir algunas provisiones. Había agricultores que ayudaban a David con gusto, mientras que otros lo hacían de mala gana. Nabal era un hombre malvado y como vemos se negó bruscamente a colaborar con David y sus hombres. Hermanos, nunca no neguemos a colaborar con los hombres y las mujeres de Dios, siempre debemos estar dispuesto a bendecirlos. Es cierto, que Nabal no estaba obligado a darle nada a David pero él era un israelita y como tal debía ser una persona generosa y amar a su prójimo como así mismo. En vez de colaborar, Nabal acusó a David de ser un siervo de Saúl y de haber huido de su señor. Sin embargo, David no era un hombre rebelde ni había encabezado una revuelta para derrocar a Saúl ni mucho meno había huido de la casa de Saúl de forma voluntaria. Él huyó para poder preservar su vida porque de lo contrario Saúl en su estado de paranoia, lo habría matado. David había sido escogido por Dios para ser rey en Israel en lugar de Saúl; esto era lo que Nabal desconocía; él estaba totalmente ajeno a los planes de Dios. El enojo de David con Nabal era comprensible, tanto el como sus hombres, estaban desesperados por encontrar provisiones en un momento de significativa necesidad, aun cuando las acciones de Nabal no justificaran su reacción. No podemos negar que Nabal era un hombre avaro y mal agradecido. Este hombre no pensó ni por un momento en los beneficios que había recibido de David ni en la ayuda y protección que le había dado a sus pastores y a sus bienes. David a veces podía ser duro y violento, pero Dios era quien dirigía su destino e impidió que David cometiera una mala acción. Dios usó a la esposa del mismo hombre al que David planeaba matar. No fue una mera coincidencia que Abigaíl fuera una mujer inteligente, quien no sólo vio el peligro sino que actuó rápida y efectivamente para impedir una tragedia. El mensaje de Abigaíl es un mensaje sumamente profundo; le abrió los ojos y el entendimiento a David porque la ira le había segado. Si David hubiera atacado a algunos de los agricultores del lugar, le habría sido muy difícil ganarse el apoyo de la tribu de Judá. David acató el consejo de Abigaíl y regresó al campamento sin derramar sangre inocente porque no solo iba a morir Nabal sino que también morirían todos los habitantes de su casa. La muerte de Nabal fue una muerte natural, desde una perspectiva humana; pero tanto la vida como la muerte están en las manos de Dios. Los vecinos de Nabal tomaron nota, Dios castigaría a cualquier persona que fuera hostil con David. La muerte de Nabal finalmente ayudó a David y lo consolidó como a un líder militar respetable en toda Judea. Hay personas que tratan a los siervos de Dios con desprecio, no son generosos con ellos ni le socorren en los momentos de necesidad, apesar de haber sido bendecidos por medio de ellos. Cuando les damos la espalda a los escogidos de Dios, esto le desagrada al Señor porque es como si le diéramos la espalda a él. Todos aquellos que bendicen a los elegidos de Dios son bendecidos por Dios como lo fue Abigaíl, esta mujer pasó de ser la esposa de un granjero, a ser la esposa del futuro rey de Israel y una mujer influyente en las tomas de decisiones por su prudencia e inteligencia. No le niegue una ayuda a un hijo de Dios cuando tiene con que ayudarle porque la ira de Dios puede encenderse en tu contra hasta consumirte. No sea un avaro ni atesore riquezas en la tierra, usa lo que Dios te ha dado para bendecir a otro y todo te saldrá bien. ¡Amén!
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