octubre 20, 2014

Un pensamiento profundo

(Efesios 3:14-19)

“Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios”
La costumbre de los judíos era orar puestos en pie. La expresión doblo mis rodillas enfatiza más la actitud solemne y urgente con que Pablo ora que la posición física en que se halla. Con actitud humilde y voz urgente se dirige hacia el Padre e intercede por la iglesia. Toda oración debe ser dirigida al Padre celestial. Así nos enseñó a orar Jesús y así lo hizo Pablo. No hay necesidad de intermediarios y el que ora va directamente a Dios, a quien describe como de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra. El Padre da su nombre a los que le pertenecen, tanto aquellos en el cielo como en la tierra. Estos son identificados como familia, que en este texto significa de la misma paternidad. El Apóstol emplea un juego de palabras para enfatizar la íntima relación que existe entre Dios y los que son sus hijos por adopción en Cristo y el absoluto derecho que tienen estos de acercarse a él. Esta es la tercera vez que Pablo menciona las riquezas de Dios. En Efesios 1:7 habla de las riquezas de su gracia; en Efesios 1:18 menciona las riquezas de la gloria de su herencia. En esta ocasión menciona las riquezas de su gloria. Bratcher y Nida indican que la frase significa “recursos espirituales o bendiciones del cielo”. Estos recursos son inagotables, lo que nos da confianza al dirigirnos a Dios. En la oración Pablo hace tres peticiones en forma progresiva, cada una dependiendo de la que le antecede.
Los comentarios difieren en cuanto a si hay tres o cuatro peticiones.
La primera petición (v. 16) es poder espiritual. El poder de la iglesia es el Espíritu de Dios quien está presente en cada creyente y actúa y opera por medio de ellos que son la iglesia. La presencia del Espíritu Santo en la iglesia la vigoriza, activa su poder y renueva continuamente sus fuerzas. Dios fortalece a la iglesia con su poder; un de caudal de poder inagotable por medio de su Espíritu en el hombre interior. No es una presencia ni potencia superficial. Es el vivo Espíritu de Cristo “interiorizado” dentro del creyente y por ende, de la iglesia.
La segunda petición de Pablo por la iglesia tiene que ver con la presencia amorosa de Cristo en el creyente y las múltiples dimensiones de este amor. Tiene dos aspectos: Que Cristo habite en sus corazones por la fe y que los creyentes firmemente establecidos en amor puedan ser capaces de comprender todas las dimensiones de este amor de Cristo y puedan conocer el amor de Cristo. La cláusula para que Cristo habite en vuestros corazones por medio de la fe (v. 17) quiere decir que Cristo haga su morada permanente en los corazones de los creyentes, que él tome posesión de los corazones de los que tienen fe en él. Si el corazón del hombre es el asiento de sus sentimientos y pasiones, el corazón del creyente debe de ser el asiento o trono permanente de Cristo. El poder del Espíritu y la presencia de Cristo en el creyente lo habilitan para amar; lo capacitan para profundizar en todas las implicaciones de este amor y para tener un conocimiento íntimo del amor de Cristo. El amor de Cristo está más allá de las capacidades humanas para ser medido. Es tan inmenso que la capacidad mental del hombre no puede comprenderlo en su totalidad. No hay facultad humana, ni mental ni intuitiva, que pueda comprenderlo. Pablo desea que nosotros experimentemos la presencia de Cristo, aprendamos a amar y dejemos que Cristo ame a través y por medio de nosotros. La vida del creyente no se vive sin el contacto con otros creyentes que mutuamente se abastecen en el mismo caudal de bendiciones espirituales. La experiencia cristiana se comparte con los demás que se benefician mutuamente. Como es imposible ser cristiano sin pertenecer al cuerpo de Cristo, es imposible vivir una vida cristiana sin tener contacto íntimo con y ser parte integral de una iglesia local formada de creyentes obedientes a Cristo.
La tercera parte de la intercesión de Pablo para la iglesia es para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios (v. 19b). Con el poder espiritual que proviene de la presencia del Espíritu en el hombre interior y el amor que resulta de la habitación de Cristo en el corazón del creyente, la llenura de la plenitud de Dios es el resultado que tiene que seguir. No podrá ser de otro modo, porque tener a Cristo es tener al Espíritu Santo, y tener a éstos es tener a Dios. ¡Amén!

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