octubre 23, 2014

La fe de un niño

(Mateo 11:25-28)

“En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.”.
Jesús eleva una oración de alabanza y adoración al Padre y luego declara Su relación única entre los dos. El motivo de la alabanza es el criterio justo y sabio de Dios el Padre al esconder la verdad y el reino de los cielos de los orgullosos y revelárselos a los humildes. Jesús tiene en mente especialmente a los escribas y fariseos quienes estaban tan seguros de su justicia delante de Dios y de su superioridad espiritual. Los escribas y fariseos eran sabios y entendidos en su propia opinión, pero tenían sus corazones cerrados a Jesús y sus enseñanzas. En cambio, los humildes, los que eran sensibles y eran conscientes de su necesidad espiritual, estaban dispuestos a escuchar y obedecer a Jesús.
El término “niños” en griego significa literalmente “uno que no habla”, uno que es inmaduro, pero que está dispuesto a aprender. El contraste se establece entre los orgullosos, para los cuales la revelación de Dios está cerrada, y los humildes, quienes están abiertos a ella. Para recibir la revelación de Dios en Cristo se requiere humildad y sencillez de corazón. La causa por la cual algunos hombres no perciben la revelación divina no se encuentra en una actitud arbitraria de parte de Dios, sino en una actitud cerrada y autosuficiente de parte del hombre. El hombre no llega al conocimiento de Dios por su inteligencia o astucia. Es un regalo de Dios para los que reconocen su propia indignidad y confían en la misericordia de Dios.
Hay una profundidad en Jesús —en su naturaleza y propósito— que ninguno ser humano o angélico puede comprender. Hay también una profundidad en el Padre —en su naturaleza y propósito— que nadie puede conocer excepto el Hijo. Nuestra versión ha captado el significado del término griego epiginósko. El verbo ginósko —”conocer”— está reforzado con el prefijo epi y significa “conocer bien”, o “conocer profundamente”. “Conocer bien” no se refiere al conocimiento intelectual, sino a una relación personal de confianza.
Este pasaje afirma la soberanía del Hijo de Dios. “Nadie conoce al Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar”. Es interesante que este énfasis en la soberanía de Dios se encuentre entre dos pasajes que enfatizan la responsabilidad humana. El verbo “quiera” habla de intención, disposición y voluntad. Su voluntad es bondadosa, generosa, compasiva y salvadora. Nunca es arbitraria ni caprichosa. No debemos olvidarnos que durante su vida terrenal demostró siempre una buena disposición hacia todos los que venían a él con sus necesidades y problemas. Los únicos excluidos fueron los sabios y entendidos. Los autosuficientes y orgullosos.
Dios se revela a través de la naturaleza, por medio de las Escrituras y supremamente por medio del Hijo. Nadie puede llegar a Dios si no es “por medio de su Hijo”. Los católicos quieren llegar a Dios por medio de Maria, de los santos y de los papas pero se equivocan y lo más penosos es que hacen errar a millones de personas en el mundo.
Esta magnífica expresión de la buena disposición de Dios hacia los que reconocen su necesidad pone de relieve la responsabilidad del hombre de responder a la iniciativa de Dios. Más que una invitación, es un mandato triple con promesas y una explicación del porqué le conviene al creyente obedecer. Los verbos en griego son del tiempo aoristo, indicando una demanda de una decisión definitiva, sin demora. Morgan sugiere que en estos tres mandatos tenemos también las tres condiciones para conocer a Dios. Jesús le abre la puerta a todos los que están fatigados y cargados. Lo único que le pide es reconocer su necesidad y que confíen en él. Si te siente atrapado y está lleno de temor, ansiedad, e incertidumbre, escucha Su llamada. Jesús te dará paz y tranquilidad interior y fortaleza espiritual por el Espíritu Santo para que pueda obedecer y cumplir con sus demandas. ¡Amén!

octubre 20, 2014

Un pensamiento profundo

(Efesios 3:14-19)

“Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios”
La costumbre de los judíos era orar puestos en pie. La expresión doblo mis rodillas enfatiza más la actitud solemne y urgente con que Pablo ora que la posición física en que se halla. Con actitud humilde y voz urgente se dirige hacia el Padre e intercede por la iglesia. Toda oración debe ser dirigida al Padre celestial. Así nos enseñó a orar Jesús y así lo hizo Pablo. No hay necesidad de intermediarios y el que ora va directamente a Dios, a quien describe como de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra. El Padre da su nombre a los que le pertenecen, tanto aquellos en el cielo como en la tierra. Estos son identificados como familia, que en este texto significa de la misma paternidad. El Apóstol emplea un juego de palabras para enfatizar la íntima relación que existe entre Dios y los que son sus hijos por adopción en Cristo y el absoluto derecho que tienen estos de acercarse a él. Esta es la tercera vez que Pablo menciona las riquezas de Dios. En Efesios 1:7 habla de las riquezas de su gracia; en Efesios 1:18 menciona las riquezas de la gloria de su herencia. En esta ocasión menciona las riquezas de su gloria. Bratcher y Nida indican que la frase significa “recursos espirituales o bendiciones del cielo”. Estos recursos son inagotables, lo que nos da confianza al dirigirnos a Dios. En la oración Pablo hace tres peticiones en forma progresiva, cada una dependiendo de la que le antecede.
Los comentarios difieren en cuanto a si hay tres o cuatro peticiones.
La primera petición (v. 16) es poder espiritual. El poder de la iglesia es el Espíritu de Dios quien está presente en cada creyente y actúa y opera por medio de ellos que son la iglesia. La presencia del Espíritu Santo en la iglesia la vigoriza, activa su poder y renueva continuamente sus fuerzas. Dios fortalece a la iglesia con su poder; un de caudal de poder inagotable por medio de su Espíritu en el hombre interior. No es una presencia ni potencia superficial. Es el vivo Espíritu de Cristo “interiorizado” dentro del creyente y por ende, de la iglesia.
La segunda petición de Pablo por la iglesia tiene que ver con la presencia amorosa de Cristo en el creyente y las múltiples dimensiones de este amor. Tiene dos aspectos: Que Cristo habite en sus corazones por la fe y que los creyentes firmemente establecidos en amor puedan ser capaces de comprender todas las dimensiones de este amor de Cristo y puedan conocer el amor de Cristo. La cláusula para que Cristo habite en vuestros corazones por medio de la fe (v. 17) quiere decir que Cristo haga su morada permanente en los corazones de los creyentes, que él tome posesión de los corazones de los que tienen fe en él. Si el corazón del hombre es el asiento de sus sentimientos y pasiones, el corazón del creyente debe de ser el asiento o trono permanente de Cristo. El poder del Espíritu y la presencia de Cristo en el creyente lo habilitan para amar; lo capacitan para profundizar en todas las implicaciones de este amor y para tener un conocimiento íntimo del amor de Cristo. El amor de Cristo está más allá de las capacidades humanas para ser medido. Es tan inmenso que la capacidad mental del hombre no puede comprenderlo en su totalidad. No hay facultad humana, ni mental ni intuitiva, que pueda comprenderlo. Pablo desea que nosotros experimentemos la presencia de Cristo, aprendamos a amar y dejemos que Cristo ame a través y por medio de nosotros. La vida del creyente no se vive sin el contacto con otros creyentes que mutuamente se abastecen en el mismo caudal de bendiciones espirituales. La experiencia cristiana se comparte con los demás que se benefician mutuamente. Como es imposible ser cristiano sin pertenecer al cuerpo de Cristo, es imposible vivir una vida cristiana sin tener contacto íntimo con y ser parte integral de una iglesia local formada de creyentes obedientes a Cristo.
La tercera parte de la intercesión de Pablo para la iglesia es para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios (v. 19b). Con el poder espiritual que proviene de la presencia del Espíritu en el hombre interior y el amor que resulta de la habitación de Cristo en el corazón del creyente, la llenura de la plenitud de Dios es el resultado que tiene que seguir. No podrá ser de otro modo, porque tener a Cristo es tener al Espíritu Santo, y tener a éstos es tener a Dios. ¡Amén!

octubre 18, 2014

Bajo el régimen del nuevo pacto

(Romanos 7:5)

“Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte”. En el estado anterior a nuestra conversión las pasiones pecaminosas, que tenían su origen en la carne, nos conducían a la muerte. Como cristianos experimentamos conflictos similares con los pecados de la carne, pero estos no deben prevalecer. La diferencia proviene de la presencia del Espíritu, que somete las pasiones al dominio del reino de Cristo que mora en nosotros. La mentalidad del incrédulo se centra en la autocomplacencia. Su fuente de poder es su autodeterminación. Para el cristiano Dios es el centro de la vida. El suple el poder que necesita el cristiano para el diario vivir. La autodeterminación (luchar con nuestras fuerzas) no nos dará resultado. Nunca debemos subestimar el poder del pecado. Nunca debemos intentar luchar con nuestras fuerzas. En lugar de enfrentar el pecado con el poder humano, debemos apropiarnos del poder enorme de Cristo que está a nuestra disposición. Esta es la provisión de Dios para que podamos vencer el pecado. El  ha enviado al Espíritu Santo para que viva en nosotros y para que nos de poder.
En nosotros hay una especie de fuerza oscura, dormida, pero siempre dispuesta a salir, es una fuerza que nunca ha sido completamente domada. Como siervos de Cristo vamos por el mundo, predicándoles a los hombres una libertad y una esperanza que su necedad les impide comprender, una libertad que les da miedo recibir. El hombre quiere el silencio para no oír hablar a Dios ni oír hablar de él, para que no se le moleste con el mensaje del Evangelio. Al rebelarse contra Dios, los hombres son capaces de caer en los vicios más terribles, y son capaces de cometer las peores atrocidades. Para Dios liberar al hombre de sus locuras le ofrece la cruz de Cristo. Dios quiere desarmarnos, literalmente, quitarnos las armas carnales. No utilicemos la rebeldía para defendernos ante Dios, dejemos este tipo de cosas,  dejemos de defendernos y comencemos a rendirnos ante Dios; entreguémonos a él por completo por medio de la fe. Esta aparente derrota es el único acto de sabiduría que hemos realizados. El hombre rebelde destruye y se destruye así mismo con su violencia. Todos los que han vencido la rebeldía, es porque se han negado a defenderse y se han entregado a Dios.
No tenemos que comprendedlo todos, pero si hay algo que necesitamos comprender, los comprenderemos mirando a Cristo. Si nos sentimos tentados a rebelarnos, necesitamos contemplar la ley de Dios desde una perspectiva amplia, a la luz de Su gracia y de Su misericordia. Si nos concentramos en Su gran amor por cada uno de nosotros, entonces comprenderemos Sus propósitos. Sin la ayuda de Cristo, el pecado es más fuerte que nosotros y algunas veces somos incapaces de defendernos de sus ataques. Por eso nunca deberíamos enfrentarnos al pecado solo. Jesucristo, quien venció el pecado de una vez y para siempre, ha prometido pelear a nuestro lado. Si buscamos su ayuda, no caeremos. “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” (1 Juan 3:8). Todos tenemos aspectos en que la tentación es fuerte y tenemos hábitos difíciles de vencer. Esas debilidades dan a Satanás una base; por lo tanto, debemos contender con nuestros aspectos vulnerables. La capacidad de Cristo para vencer la tentación y permanecer puro le ha hecho nuestro modelo a seguir.
La seguridad de nuestra posición ante Dios le da poder a la oración. Nuestras oraciones no reciben respuesta como una recompensa por la obediencia, sino que cuando guardamos sus mandamientos damos evidencia de que estamos en armonía con la voluntad de Dios. La presencia interna del Espíritu Santo se manifiesta externamente en nuestra vida y nuestra conducta, poniendo en evidencia nuestra relación con Dios. El Espíritu Santo nos da una mente nueva y un corazón nuevo, vive en nosotros y nos ayuda a ser semejante a Cristo. Todas nuestras perspectivas cambian porque tenemos la mente de Cristo. Si vivimos para Dios, el mundo nos aborrecerá porque con nuestro testimonio ponemos en evidencia su estilo de vida inmoral.
El cristianismo es una religión del corazón; no basta la obediencia exterior. ¿Cómo escapamos de la constante acusación de nuestra conciencia? No será al pasar por alto ni al justificar nuestra conducta, sino al poner nuestro corazón en el amor de Dios. Cuando nos sintamos culpables, debemos acordarnos de que Dios conoce nuestro corazón tan bien como nuestra conducta. Su voz de aprobación es más fuerte que la voz que acusa nuestra conciencia. Si estamos en Cristo, El no nos condenará. Entramos en una vida de dependencia de Él y de deber para con Él. Sin Cristo no es posible vencer el poder de la carne ni de los principios corruptos. No pueden enderezar el nuestro, ni derrotar las lujurias. Sin Cristo no podremos alimentar con la verdad nuestro ser interior ni habrá sinceridad en nuestros corazones, ni nada de todo los que recibimos por el poder santificador del Espíritu Santo. No vivimos para servir como antes, obedeciendo a la ley divina de una manera literal, como si fuese un sistema de reglas externas de conducta, y sin ninguna referencia a nuestra condición del corazón; sino que ahora servimos de una manera nueva, en obediencia espiritual, mediante la unión que tenemos con el Salvador resucitado. ¡Amén!

octubre 16, 2014

Momentos difíciles y peligrosos

(Esdras 8:22)

 “Porque tuve vergüenza de pedir al rey tropa y gente de a caballo que nos defendiesen del enemigo en el camino; porque habíamos hablado al rey, diciendo: La mano de nuestro Dios es para bien sobre todos los que le buscan; mas su poder y su furor contra todos los que le abandonan”. Los peligros que enfrentaba una caravana de parte de los árabes beduinos que infestaban el desierto, eran tan grandes como lo son ahora; y los viajeros generalmente buscaban la protección de una escolta militar. Pero Esdras había hablado tanto al rey de la autosuficiencia de Dios y de Su extraordinario poder, que se habría sentido avergonzado al solicitar una escolta militar; en un acto solemne de ayuno y oración, se encomendaron al que guarda y protege a Su pueblo. Su fe era grande, si se considera los muchos y constantes peligros de un viaje a través de las regiones o tierra de los beduinos, y  su fe fue premiada con una completa protección y perfecta seguridad durante todo el camino.
Cada uno de nosotros tiene la necesidad de prepararse espiritualmente para el camino. Las oraciones y el ayuno de Esdras los prepararon, con esto demostró que dependía de totalmente de Dios para su protección, Esdras sabía que era el Señor quien tenía el control, y afirmó que ellos no eran lo suficientemente fuertes como para realizar el viaje sin Él. Cuando nos tomamos el tiempo para poner a Dios en primer lugar en cualquiera empresa, nos estamos preparando correctamente para las contingencias que surjan más adelante. Quienes buscan a Dios estarán a salvo bajo la sombra de sus alas, aun en medios de los mayores peligros; pero quienes los abandonan, estarán siempre expuestos. Cuando estamos en peligro, si hemos estados en comunión y paz con Dios, entonces nada podrá dañarnos. Todas nuestras preocupaciones por nuestra seguridad, por nuestra familia, y por nuestras pertenencias, tenemos que ponerlas en las manos del Señor y encomendarlas a Dios en oración y dejar que Él las cuide. Los que han buscado fervientemente a Dios, descubrieron que nunca lo buscaron en vano. Apartar un tiempo para orar en secreto o públicamente, en momentos difíciles y peligrosos, es el mejor método que podemos adoptar.
Esdras y el pueblo se humillaron en ayuno y oración. Y sus oraciones fueron contestadas. El ayuno los humilló porque, pasar tiempo sin comer, les recordó su completa dependencia de Dios. El ayuno también les dio tiempo extra para orar y meditar en Dios. La actitud de Nehemías fue diferente y estos nos recuerdas que Dios es capaz de obrar para el bien de su pueblo, tanto por los medios “normales y naturales” como por medios extraordinarios y sobrenaturales. “Vine luego a los gobernadores del otro lado del río, y les di las cartas del rey. Y el rey envió conmigo capitanes del ejército y gente de a caballo” (Nehemías 2:9). Para lograr nuestra salvación Dios se hizo humano en la persona de Jesucristo, es correcto esperar poder reconocer sus obras tanto en el uso consagrado de medios humanos como al pasarlos por alto. Jehovah es el Dios de la vida y debemos tener cuidado de no dividir sus acciones. Porque eso le excluiría de la mayor parte de nuestras vidas. A menudo oramos sin reflexionar y de manera superficial. La oración requiere concentración, esta es la clase de oración que nos pone en contacto con la voluntad de Dios y además nos ayuda a cambiar. El ayuno envuelve la renuncia al sustento necesario por un período de tiempo, mientras nuestra atención se centra, durante ese período, en la búsqueda de Dios.
Esdras proclamó ayuno, porque sabía que sólo Dios podía prosperar su viaje. El mismo testimonio de la nación estaba en juego; porque Esdras le dijo al rey que no necesitaría escolta militar, por cuanto el Señor los cuidaría. Su ayuno y oración, así como la respuesta de Dios, debe motivarnos a una conducta similar en los momentos de preocupación. David describe uno de esos momentos cuando dice: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tú vara y tu cayado me infundirán aliento” (Salmos 23:4). La clave para hallar provisión en los momentos difíciles y peligrosos es la presencia de Dios, “porque tú estarás conmigo”. El vocablo hebreo de donde proviene la palabra “aliento”, es נָחַם “nakjám” que significa propiamente suspirar, pero además confortar, consolar, extender compasión, lamentarse con alguien que sufre. Nacham no describe una simpatía casual, sino más bien una empatía profunda. Dios siente esa profunda empatía por nosotros cuando atravesamos por momentos difíciles y peligrosos.
La muerte proyecta una sombra aterradora porque estamos completamente indefensos ante ella. Podemos luchar con muchos otros enemigos – el dolor, el sufrimiento, la enfermedad, los daños, etc- pero no podemos vencer a la muerte. Esta tiene siempre la palabra final. Solo una persona puede caminar con nosotros a lo largo del valle de sombra de muerte y hacernos pasar al otro lado completamente seguro y a salvo: el Dios de la vida. La vida es incierta, y por eso debemos seguir al Señor porque él nos ofrece una eterna seguridad en los momentos más terroríficos de nuestras vidas. ¡Amén!

octubre 15, 2014

Levántate por tus hijos

(Jueces 5:7).


“Las aldeas quedaron abandonadas en Israel, habían decaído, hasta que yo Débora me levanté, me levanté como madre en Israel”. Las aldeas quedaron abandonadas: Los habitantes de las villas buscaron refugio en las ciudades fortificadas. Estaban desoladas hasta que esta extraordinaria mujer se levantó. Débora se encuentra entre las mujeres más sobresalientes de la historia. Ella no tenía ambición de poder, solamente quería servir a Dios. Él puede realizar grandes cosas a través de las personas que están dispuestas a ser guiadas por Su Espíritu.
Débora nos recuerda la necesidad de estar siempre disponibles tanto para Dios como para los demás. Nos alienta a realizar el máximo esfuerzo en todo lo que podamos hacer en lugar de preocuparnos por lo que no podemos hacer. Débora nos reta a ser líderes sabios. Nos muestra lo que una persona puede lograr cuando Dios tiene el control. Débora fue una madre para Israel al fomentar diligentemente la salvación de la nación y de sus almas. Usted como una madre debe levantarse para que sus hijos sean restaurados y liberados de la esclavitud del pecado. No solo para que le sea restaurada su libertad, sino también, su dignidad. Muchos de nuestros hijos han sido completamente esclavizados por las pasiones, las adiciones y por personas malvadas y crueles.  Es tiempo de recurrir a las Escrituras, la fuente de nuestra salvación, de donde podemos extraer el agua de vida. Dios protege a quienes están más expuestos y ayuda al más débil.
Levántate como una guerrera intercesora y adoradora poderosa. Tus oraciones, adoración y alabanza serán un recordatorio para las generaciones posteriores de tu fidelidad y de la fidelidad de Dios a todas sus promesas. Debemos aprender que el Señor que nos ha hecho suyos por medio de Jesucristo, es el Señor de la creación así como de la historia, Él es el creador y el redentor de Su pueblo. Este es el elemento vital para nuestra fe. Si creemos, Dios nos dará una liberación que no merecemos pero que Él por Su gracia nos concederá.
Este cántico de victoria ocupa un lugar destacado entre los textos poéticos de la Biblia, y aun de la literatura universal, debido principalmente a la fuerza de su expresión y al brillo de sus imágenes. El cántico describe la triste condición del país, la opresión del pueblo, y el origen de toda la angustia y ansiedad que sufrían por la apostasía del pueblo de Dios. La idolatría era la causa de la invasión del extranjero, y de la incapacidad interna para resistirlo. Débora ahora se anima a describir, en términos propios para la ocasión, los preparativos y la contienda, y en un vuelo de entusiasmo poético, llama a Barac para que ponga en exhibición a los prisioneros en una procesión triunfal. Luego sigue la enumeración laudatoria de las tribus que reclutaron sus soldados y de los que ofrecieron voluntariamente sus servicios: soldados de Efraim, que moraban cerca de los amalecitas; la pequeña cuota de Benjamín; “príncipes”, valientes jefes, “de Maquir”, al oeste de Manasés. Los que formaban y guardaban las listas de conscriptos; y los príncipes que, con celo impetuoso, se lanzaban al ataque con Barac. Luego viene el reproche para las tribus que no respondieron a la llamada para luchar.
Muchos sintieron el impulso patriótico, al principio resolvieron unirse a las filas de sus hermanos, pero cambiaron de propósito, prefiriendo sus pacíficos cánticos pastoriles al sonido de las trompetas de guerra. Tenían intenciones nobles, pero no las convirtieron en acciones; en vez de ir a la batalla, se quedaron en su pacífica y cómoda vida pastoril. Para muchos sus resoluciones no pasan de ser mera deliberaciones.
La situación era difícil: Las aldeas habían quedado abandonadas por falta de líder; la idolatría le había cegado los ojos al peligro a causas de sus enemigos; el pueblo no estaba preparado para defenderse y es durante todas estas complicaciones que la juez inspiró al pueblo a ofrecerse voluntariamente para defender su territorio. Débora: 1.- Se ofreció a servir voluntariamente. 2.- Trabajó aun cuando estaba cansada. 3.- Venció la discriminación y la timidez. 4.- No buscó satisfacer sus propios deseos, y 5.- Sacrificó su dinero, comodidad y libertad por sus hijos y por la obra de Dios.
Los opresores de Israel son enemigos de Jehová porque maltratan a su pueblo. Todo los que maltratan al pueblo de Dios son sus enemigos. Pero perecerán, serán derrotados como los reyes de Canaán, morirán como Sísara, y sus esperanzas rapaces se convertirán en desilusión, tal como en el caso de la madre de Sísara. Sentimos tristeza al verle esperando ansiosamente a su hijo, quien nunca regresaría. La madre de este hombre ansiosamente espera oír los cascos de los caballos y las ruedas de los carros, señalando la llegada triunfal del ejército cananeo pero lo único que escucharía serían los gritos y lamentos, y a muchos huyendo de la batalla.
Los que son leales y fieles a Dios serán coronados de bendición y cada vez tendrán más éxito y bienestar, así como el sol aumenta su luz y calor en su marcha triunfante de un extremo del cielo al otro. Así aumentaran tus bendiciones. ¡Amén!

octubre 12, 2014

La provisión de Dios

Las promesas divinas nos dan a conocer lo que constituye la buena voluntad de Dios, por medio de ellas Dios te concede las riquezas de Su gracia. Las promesas son el testimonio externo de su corazón. En la persona y obra de su Hijo, Dios ha hecho una provisión completa para tu salvación, tanto en el presente como para la eternidad. Por medio de ellas Dios te da un conocimiento espiritual, claro y verdadero de Su Palabra. El Señor pone delante de ti las maravillosas promesas esparcidas en todas las Escrituras como las estrellas en el cielo. Las promesas de Dios están esparcidas en el firmamento de Su gracia; Para que tu reciba la seguridad de Dios y tenga una comunión real con Él. Las promesas divinas son declaraciones de Dios. "¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos!" (Salmo 139:17) Las promesas divinas son "preciosas y grandísimas". Dios abre Su boca para revelarte Su corazón, y lo hace de una manera digna. Sólo los que tienen un corazón renovado pueden saborear Su inefable belleza, y decir con David: "Cuán dulces son a mi paladar tus palabras, más que la miel a mi boca" (Salmo 119:103).
Las Promesas están disponibles sólo para aquellos que son de Cristo. "Porque todas las promesas del Señor Jesús son en él..." (2ª Corintios 1:20). Las promesas de Dios son entregadas al Señor Jesús y transmitidas a los santos a través de Él. "Y ésta es la promesa que Él nos hizo, la vida eterna." (1ª Juan 2:25), "Y esta vida está en su Hijo" (5:11). Una persona que no está en contacto con Jesús no recibe el favor de Dios, "sin Cristo", " tu está excluidos de la ciudadanía de Israel, y ...de los pactos de la promesa, está sin esperanza y sin Dios en el mundo" (Efesios 2:12). Sólo los hijos de Dios son "los hijos de la promesa" (Romanos 9:8). Nos beneficiamos de la Palabra, cuando trabajamos para hacer nuestras las promesas de Dios. Es sorprendente la cantidad de promesas que hay en las Escrituras, de las que usted no tiene la menor idea. Si quiere recibir consuelo y fuerza debe penetrar el corazón de las promesas de Dios por medio de la fe en Jesús. "El alma de lo diligentes será prosperada" (Proverbios 13:4). Tu debe atesorar en tu mente las promesas de Dios, para esos momentos de aflicción. Nos beneficiamos cuando reconocemos el alcance de las promesas de Dios. "La piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente y de la venidera" (1ª Timoteo 4:8). Si tú andas «en integridad» estás autorizado para apropiarte de la promesa y el Señor te dará "gracia y gloria y  todo el bien" que requieras de Él. "Dios suplirá todas tus necesidades" (Filipenses 4:19). ¡Amén!

octubre 11, 2014

La prudencia aparece, como faro y luz de la conducta del ser humano, como el ojo del alma, según la bella expresión aristotélica; pero su fuerza visual no le viene meramente de ser una virtud intelectual, sino de la salud de todo el hombre. El mero saber moral no convierte a la persona en prudente; los buenos no son los que saben, por el mero hecho de saber, pues muchas veces sabemos lo que es mejor y lo aprobamos, pero seguimos decididamente lo peor. “El mérito de un ser humano no debe juzgarse por sus buenas cualidades, sino por el uso que hace de ellas”. Claro está que la prudencia por su condición de habilidad práctica no ha de ser ciega intelectualmente; la prudencia es la razón práctica, pero al fin y al cabo también es el ejercicio de la razón, pues sin ella no habría virtud. “Y David se conducía prudentemente en todos sus asuntos, y Jehová estaba con él” (I Samuel 18:14). Las preferencias del pueblo por el joven David eran manifiestas, lo que despertó en el corazón de Saúl la enfermedad de los celos, de la que no se pudo curar durante toda su vida.
David tuvo mucho éxito en casi todo lo que emprendió y se hizo famoso en toda la tierra, pero no quiso valerse de su popularidad para sacar ventaja contra Saúl. No permita que la popularidad distorsione la percepción que debe tener de tu propia importancia. Resulta comparativamente fácil ser humilde cuando uno no está en el centro del escenario pero, ¿cómo actuaría usted ante la alabanza y la honra que recibe? La razón práctica perfeccionada por la virtud de la prudencia, es el principio genérico, en donde se habrán de insertar luego, los actos concretos de la conciencia. “Y Dios dio a Salomón sabiduría y prudencia muy grandes, y anchura de corazón como la arena que está a la orilla del mar (1 Reyes 4:29). Dios le dio a Salomón, altas facultades mentales, y una gran capacidad para recibir e impartir conocimiento.
El hombre virtuoso es, el hombre prudente que al obrar piensa en las consecuencias posibles de su acción, el que previene las dificultades que podrían salirle al paso. ¡Amén!