noviembre 21, 2014

El espíritu de celos

(Números 5:14-15)

“si viniere sobre él espíritu de celos, y tuviere celos de su mujer, habiéndose ella amancillado; o viniere sobre él espíritu de celos, y tuviere celos de su mujer, no habiéndose ella amancillado; entonces el marido traerá su mujer al sacerdote, y con ella traerá su ofrenda, la décima parte de un efa de harina de cebada; no echará sobre ella aceite, ni pondrá sobre ella incienso, porque es ofrenda de celos, ofrenda recordativa, que trae a la memoria el pecado”. Los celos hebreo [קִנְאָה] provienen de un espíritu de rivalidad que no puede tolerarse dentro de una relación conyugal. Los celos griego [ζλος] son una respuesta emocional que surge cuando una persona percibe una amenaza hacia algo que considera propio. Comúnmente se denomina así a la sospecha o inquietud que una persona tiene. Una característica que se destaca en las personas celosas es el egoísmo. Los celos también se relacionan con la vergüenza. Los celos carnales se expresan cuando se hacen demandas inapropiadas y cuando se ejercen sentimientos enfermizos cuando esas demandas no son satisfechas. Este tipo de conducta refleja carencias personales muy profundas en aquel que la padece.
Los celos se manifiestan ante la aparición de una situación o persona que el yo-interno clasifica como mucho más dominante y competitiva. Los celos provocan que el sujeto que los padece, se sienta vulnerado y ejerza presión sobre la persona que es objeto sus celos, atrapándola en una red de circunstancias opresivas tales como privarla de la libertad, aislarla, seguirla al trabajo, revisar sus relaciones externas, o buscar evidencias de traición etc. Los celos llevados al extremo constituyen una patología autodestructiva; el sujeto que los padece vive en un estado de infelicidad, es prisionero de sus miedos y sospechas de engaño, muchas veces completamente infundados y prácticamente esta persona no acepta como verdad las evidencias si no son evidencias que confirman sus celos e inseguridad.
El espíritu de celo provoca envidia: “Viendo Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana, y decía a Jacob: Dame hijos, o si no, me muero” (Génesis 30:1). La envidia es un sentimiento o estado mental en el cual existe dolor y desdicha por no poseer lo que tiene el otro, ya sean bienes, cualidades u otra clase de cosas. Jacob amaba a Raquel y, por tanto, la reprendió por hablar así. Es pecado y necedad poner a una criatura en el lugar de Dios y depositar en ella la fe y la confianza que sólo en Dios debemos tener. La connotación negativa de los celos no contamina a Dios. Es cierto que la santidad de Dios, no admite competencia pero en ningún pasaje del AT se dice que Dios sienta envidia. “Cruel es la ira, e impetuoso el furor; mas ¿quién podrá sostenerse delante de la envidia?” (Proverbios 27:4). A los rabinos se les hacía difícil hablar del celo de Dios por temor al antropomorfismo. Dios es un Dios celoso, no porque envidie a los ídolos como rivales, sino porque no puede permitir que su santidad y honor sean mancillados por la idolatría.
“Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo;  porque fuerte es como la muerte el amor; duros como el Seol los celos; sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama” (Cantares 8:6). La muerte es algo que ningún poder en la tierra jamás ha podido vencer. La muerte tiene una fuerza irresistible. Nadie ha podido contra ella, salvo Jesucristo. Así es el amor para la amada: inquebrantable e irresistible como la muerte. La segunda imagen es la de la tumba, simboliza la pasión. Según la amada, la pasión (el deseo de poseer a la persona amada) es inflexible como la tumba. La pasión cautiva a los que se aman. La palabra inconmovible traduce un término hebreo que significa “duro”, “firme”, “obstinado”; así es la tumba. No hay lágrimas ni gemidos que la conmuevan, ni ruegos o súplicas que hagan que devuelva a nuestros seres queridos que yacen en ella. La tercera imagen es la del fuego. Tan profundo y fuerte es el amor verdadero, que no hay adjetivos humanos que puedan describirlo. Sin embargo cuando hay un espíritu de celos poseyendo a la persona, la relación se vuelve sumamente peligrosa.
A los creyentes se les amonesta para que no se dejen dominar por estos deseos negativos. “Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne” (Romano 13:13-14). El versículo 13 describe lo que significa despojarse de “las obras de las tinieblas” y el versículo 14 describe lo que significa vestirse de “las armas de luz”. Vestirse de “las armas de la luz” es vestirse del Señor Jesucristo. Vestirse de Cristo en este sentido significa abrazar una y otra vez, en fe y confianza, en lealtad y obediencia a aquel a quien pertenecemos. ¡Amén!

noviembre 20, 2014

El espíritu de vértigo

(Isaías 19:14)

“Jehová mezcló espíritu de vértigo en medio de él; e hicieron errar a Egipto en toda su obra, como tambalea el ebrio en su vómito”. Egipto era un país muy religioso; el politeísmo era su principal característica. Cada población y ciudad tenía su propia deidad local, que ostentaba el título de “señor de la ciudad”. El espíritu de vértigo causa enfermedades como la neuronitis vestibular, este es un cuadro agudo e intenso acompañado con náuseas, vómitos e inestabilidad, que empeora con los movimientos de la cabeza o cambio de posición. Otra de las enfermedades causada por este demonio, es la laberintitis que se produce al inflamarse el laberinto por un virus o bacterias, lo que genera vértigo, y se asocia al dolor de cabeza, fiebre u otros signos de infección. Cuando Dios alce Su puño, el pueblo de Egipto se estremecerá por el temor. Los corazones de los enemigos del pueblo de Dios se espantaran con la mera mención del nombre del Señor.
Isaías fue puesto por Dios como centinela para advertirles a estos pueblos cuales serían las consecuencias de sus actos. El centinela es uno que permanece en los consejos de Dios, sabe lo que se aproxima y advierte al pueblo para que no sea sorprendido por el enemigo. Aquel que descubre en las Escrituras lo que Dios ha predicho, y discierne Sus propósitos se apercibe. No por medio de una interpretación especulativa de la Biblia, sino comparando la Escritura con la Escritura. Quienes aceptan el contenido claro de la misma, son capacitados para advertir y exhortar a otros. Los atalayas son aquellos que viven en comunión con Dios.
La religión del antiguo Egipto se basaba principalmente en ceremonias y sortilegios destinados a conseguir ciertos resultados por medio del concurso de uno o más de sus numerosos dioses. Después de un período de silencio, en el que Egipto no aparece en las páginas de las Escrituras, Salomón se casa con una princesa egipcia. “Salomón hizo parentesco con Faraón rey de Egipto, pues tomó la hija de Faraón, y la trajo a la ciudad de David, entre tanto que acababa de edificar su casa, y la casa de Jehová, y los muros de Jerusalén alrededor” (1 Reyes 3:1). Salomón se apresuró a pactar con el faraón egipcio, obteniendo de él el privilegio de llegar a ser su yerno, a pesar de que este tipo de parentesco estaba prohibido. Este hecho, es particularmente lamentable.
Egipto era una nación que se había destacado tradicionalmente por su sabiduría y ciencia, pero sus dirigentes se habían vuelto necios y se encontraban en un estado de gran confusión. Su confusión no procedía de Dios, sino de su resistencia y dureza de corazón. En su inseguridad y vacilación se transformaron en ebrios repulsivos y dignos de lástima. Toda la nación sufría de un estado de alucinación mental producida por este espíritu de las tinieblas. “Y dijo Jehová: De la manera que anduvo mi siervo Isaías desnudo y descalzo tres años, por señal y pronóstico sobre Egipto y sobre Etiopía, así llevará el rey de Asiria a los cautivos de Egipto y los deportados de Etiopía, a jóvenes y a ancianos, desnudos y descalzos, y descubiertas las nalgas para vergüenza de Egipto” (Isaías 20:3-4).
Dios le pidió a Isaías que anduviera desnudo; andar desnudo era un símbolo de humillación, privación y vergüenza. El cumplimiento de la orden divina era humillante pero algo muy serio. Dios puede pedirnos que hagamos cosas que no comprendemos, sin embargo, debemos obedecerlo con una fe firme e incuestionable. El pueblo de Dios había hecho un pacto con Egipto de protección, en lugar de volverse a Dios y buscar en él su protección. No ponga tu confianza en el mundo o experimentarás esta misma clase de vergüenza y humillación. Todos los que presenciaban esa escena estaban siendo confrontados. Dios está confrontando a su pueblo, a través de sus siervos y del mensaje de la Palabra para que no perezca.
Tu destino no tiene que ser el destino del mundo pero si persiste en poner tu confianza en las cosas del mundo, te aseguro que perecerá como también el mundo perecerá. Este mundo está reservado para la destrucción y todo aquel que se hace amigo del mundo es un enemigo de Dios. “No haréis como hacen en la tierra de Egipto, en la cual morasteis; ni haréis como hacen en la tierra de Canaán, a la cual yo os conduzco, ni andaréis en sus estatutos” (Levítico 18:3). Todo aquel que se ha vuelto al mundo será destruido, sino regresa a tiempo como lo hizo el hijo pródigo. “Y tomaré el resto de Judá que volvieron sus rostros para ir a tierra de Egipto para morar allí, y en tierra de Egipto serán todos consumidos; caerán a espada, y serán consumidos de hambre; a espada y de hambre morirán desde el menor hasta el mayor, y serán objeto de execración, de espanto, de maldición y de oprobio”  (Jeremías 44:12).
Cuando olvidamos las lecciones del pasado o nos negamos a aprender, corremos el riesgo de repetir las mismas experiencias. Muchos están luchando con este problema. Eran personas fracasadas pero Dios tubo misericordia y los liberó de sus pesadas cadenas (sexo, drogas, alcohol etc.), transformó sus vidas e hizo de ellos una nueva criatura. “Pues castigaré a los que moran en tierra de Egipto como castigué a Jerusalén, con espada, con hambre y con pestilencia”. En Egipto lo que encontrará es la muerte. “Y esto tendréis por señal, dice Jehová, de que en este lugar os castigo, para que sepáis que de cierto permanecerán mis palabras para mal sobre vosotros”. Si esto es lo que usted desea, entonces no tengo más nada que decir. ¡Amén!

noviembre 19, 2014

Fortaleza Espiritual

(Salmos 18:1-2)


“Te amo, oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador;  Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré;  mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio”. Cuando uno está angustiado, no hay nada mejor que clamar a Dios. Detrás de todas nuestras circunstancias está la obra sobrenatural de Dios. David se refugió en la cueva de Adulam para escapar de Saúl y en las rocas en las que solían refugiarse las cabras salvajes. Pero en una retrospección vio que había sido el Señor su fortaleza, su roca y su refugio; había sido Dios detrás del oscuro velo de las circunstancias quien había estado a su favor. Existía una conexión entre su necesidad desesperante y el poder libertador del Señor, quien convirtió su oscuridad en luz.
No debemos, dar por sentado que el Señor nos bendecirá, sino caminar activamente por la senda de justicia y procurar recibir el poder de Dios y Su bendición. El Dios cuyo camino es perfecto es el que hace perfecto nuestro camino. El Señor siempre nos dará poder en medio de las luchas. El poder ilimitado de Dios se manifiesta siempre a favor de sus hijos. Nuestra fortaleza natural y biológica, es la fuerza bruta, el vigor físico, y la salud corporal. Es la vitalidad y el ethos biofísico de nuestro ser. El vigor moral no es el vigor físico. A veces uno depende de su propia fuerza, del dinero, o de otras personas, pero no hay otro como Dios. Sólo él nos da destreza y todo lo que hace falta, sólo él hace posible que podamos mantenernos en las alturas, y sólo él nos enseña cómo actuar en medio de la batalla.
Aristóteles, en el libro primero de su Retórica, dice: que "los justos y los fuertes son los más queridos, porque resultan ser los más útiles en la guerra y en la paz". Por esa razón se entiende que hay una fortaleza mucho más profunda que la biológica, esta tiene que ver con lo anímico [fortaleza del alma]; de ahí que ánimo y fortaleza resulten ser sinónimos en la expresión coloquial que utilizamos cuando decimos: “fortaleza de ánimo”. La fortaleza es, entonces: magnanimidad, confianza, seguridad, magnificencia, constancia, tolerancia y firmeza. Tomás de Aquino, cita siete virtudes anexas a la fortaleza, a saber: eupsiquía (hábito que nos capacita para emprender lo que nos conviene y soportar lo que dicta la razón), magnanimidad, virilidad, perseverancia, magnificencia y androgacia (bondad viril, valentía).
La fortaleza nos da la capacidad para resistir en medio del peligro y soportar el duro trabajo, así como para soportar los sufrimientos, las congojas, y las penalidades. Vergonzoso es que tu alma desfallezca cuando tu cuerpo no lo hace. Moisés dice: “Jehová es mi fortaleza y mi cántico, y ha sido mi salvación. Este es mi Dios, y lo alabaré; Dios de mi padre, y lo enalteceré” (Éxodo 15:2). No se exaltaba Moisés ni el pueblo a sí mismo por la victoria, sino que alababan al Señor, a Jehová Dios. Los alababan con júbilo, y con las frases mi fortaleza, mi canción, y mi salvación. Lo hacían con reverencia y gratitud y para ello empleaban tres verbos distintos para expresar su gozo: cantaré, alabaré y ensalzaré. En la alabanza, Jehová  era el objeto de la adoración y del honor; Moisés y el pueblo querían honrarlo con su devoción. El cántico incluye los dos aspectos: la liberación física y la salvación espiritual.
“De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza, a causa de tus enemigos,  Para hacer callar al enemigo y al vengativo” (Salmos 8:2). Jesús tomó el primer verso de este salmo para justificar que los niños se acercaran a él como el Mesías (Mateo 21:16). La Septuaginta, o Biblia griega, de la cual se toman las palabras de Jesús, considera el término “alabanza” como la mejor traducción de la palabra hebrea vertida aquí como fortaleza. El Dios trascendente con el poder absoluto en su mano, escoge usar la boca de los pequeños y de los que todavía maman para derrotar por medio de la alabaza a sus enemigos. “Mas tú, Jehová, no te alejes; fortaleza mía, apresúrate a socorrerme” (Salmos 22:19). El valor emprendedor de la fortaleza sólo se demuestra en la perseverancia y en la cotidiana permanencia. Algunos se lanzan rápidamente a los peligros, pero cuando están en ellos se retiran. Hay quien lucha un día y es bueno, pero quienes luchan durante toda la vida son los insustituibles.
La fortaleza, como virtud, consiste en el sentido moral de la entereza o de la firmeza del ánimo, así como del autodominio del alma. Mantenerse firmemente en la verdad, y atreverse a manifestarla choca contra todo y contra todos en un mundo pervertido y corrompido por el pecado. Mantenerse erguido en ese contexto constituye una carga demasiado pesada, precisa de mucho valor, de mucho ánimo. Por ello, la fortaleza se acrecienta en la perseverancia. La magnanimidad cristiana se identifica con la humildad (consistente en estimar lo que es verdaderamente grande y en menospreciar lo que es vil). Esa dimensión de la virtud y de la fortaleza que resalta sobre todo cuando la comparamos con sus contrarios: el desánimo, el no tener gusto por nada, el cansancio, el abatimiento, la pusilanimidad, la debilidad, la timidez, la poquedad; quien se encuentra desanimado, ni emprende nada, ni afronta nada, ni resiste nada. “…Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (1 Corintios 12:9). ¡Amén!

noviembre 18, 2014

Posicionados por Dios

(Ester 2:5-7)

“Había en Susa residencia real un varón judío cuyo nombre era Mardoqueo hijo de Jair, hijo de Simei, hijo de Cis, del linaje de Benjamín; el cual había sido transportado de Jerusalén con los cautivos que fueron llevados con Jeconías rey de Judá, a quien hizo transportar Nabucodonosor rey de Babilonia. Y había criado a Hadasa, es decir, Ester, hija de su tío, porque era húerfana; y la joven era de hermosa figura y de buen parecer. Cuando su padre y su madre murieron, Mardoqueo la adoptó como hija suya”.
El verbo posicionar significa: colocar o situar a una persona o cosa en una posición determinada. Ester y Mardoqueo fueron elevados por Dios a posiciones de poder y privilegio como también otros judíos antes y después de ellos. Mardoqueo había criado como a una hija a su prima huérfana Hadasa, nombre hebreo, o Ester, nombre persa. Hadasa significa “mirto [arrayanes]”, el profeta Isaías predijo que el “mirto [arrayanes]” sería una de las plantas usada por Dios para transformar el desierto seco y árido en un oasis. “Daré en el desierto cedros, acacias, arrayanes y olivos; pondré en la soledad cipreses, pinos y bojes juntamente, para que vean y conozcan, y adviertan y entiendan todos, que la mano de Jehová hace esto, y que el Santo de Israel lo creó” (Isaías 41:19-20). Esta es una lección para todos nosotros, Dios realmente cuida de los Suyos. Puesto que Dios cuidó de su pueblo en estos años tan difíciles, nos da mucho consuelo saber que Dios está en control de nuestro destino; el Señor está posicionando personas en todos los estamentos sociales y de poder para él glorificarse. Podemos confiar en Dios, pedirle consejo y creer en él porque no nos dejará ni nos desamparará. Él nos conoce, nos defiende, nos guiará y nos redimirá.
Dios transformará tu desierto en un oasis. “En lugar de la zarza crecerá ciprés, y en lugar de la ortiga crecerá arrayán; y será a Jehová por nombre, por señal eterna que nunca será raída” (Isaías 55:13). En el contexto del libro de Ester, Dios salvaría al pueblo por medio de las acciones de una joven cuyo nombre significa mirto [arrayanes], el mirto es símbolo de paz y acción de gracias. Dios te está posicionando para traer paz a Su pueblo y para hacer que Su pueblo le adore. Cuando crean que todo está perdido verán los hechos poderosos de Dios y le glorificaran. El mensaje profético, la palabra que ha salido de la boca de Dios, tendrá resultados concretos. Los pensamientos de Dios están en un plano mucho más elevado que los nuestros. Él está buscando personas con un corazón dispuesto como lo tenía Daniel para él posicionarlo. Daniel era un hombre que amaba profundamente a Dios y en los momentos más difíciles su fe en el Señor le sostuvo. Dios traerá vida y sustento a su pueblo como lo hizo por medio de José, y traerá liberación y restauración a sus escogidos como lo hizo por medio de Esdras y Nehemías. Solo debemos dejar que Dios nos posiciones y dejarnos usar por Dios para realizar la tarea para la que Dios nos ha designados.
Hegai se fijó en Ester, de entre todas las vírgenes, y vio algo que le llamó la atención. Ella “le agradó a sus ojos y obtuvo gracia delante de él”. La palabra “gracia” es la traducción del término hebreo hesed que bíblicamente se refiere a la fidelidad,  amor y misericordia de Dios, pero aquí en este contexto se refiere a la gracia y hermosura que Dios le había dado a Ester. Mardoqueo aconsejó a Ester a no revelar su identidad, es importante notar el respeto y la obediencia de Ester a su primo y padre adoptivo, en contraste con la falta de respeto y desobediencia de Vasti al mandato del poderoso rey Asuero [es cierto, que Vasti tenía sus razones al no querer comparecer ante su marido y el grupo de borrachos los acompañaba].
Mardoqueo dio por sentado que una judía no sería bienvenida como lo sería una joven natural de Persia. Sólo más adelante se puede conocer por qué mantener el secreto de su identidad era tan importante.  No fue su belleza física la que la hizo pasar a la historia. Hay otros atributos que se destacan mucho más que su apariencia física, y que las jóvenes de todos los tiempos debieran ocuparse en cultivar: (1) Obediencia a sus padres; de la misma manera como Ester obedeció a Mardoqueo. (2) Responsabilidad social; valor para denunciar las injusticias aun a riesgo de consecuencias adversas. (3) Amabilidad de carácter; estar dispuesta a ser enseñada por otros.  “Así Ester obtenía gracia ante los ojos de todos los que la veían” (Ester 2:15). (4) Conocimiento de Dios y una dependencia total en él. Dios es grande y poderoso y está por encima de todas las circunstancias. ¡Amén!

noviembre 17, 2014

El éxito de los santos

(Hebreos 13:7).

“Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe” El cristiano, tiene una gran deuda con quienes le han enseñado y han sido ejemplos para ellos. Siga los buenos ejemplos de quienes han invertido parte de sus vidas, fuerzas, y recursos en usted, para servirle y educarlo en el Señor. Para ser una persona de éxito, es necesario ser una persona activa. El éxito está íntimamente relacionado con nuestras acciones. Si ere fiel a Dios y permanece en el lugar que Dios te ha colocado será una persona exitosa. “Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor” (1Corintios 3:8). El que planta y el que riega tienen ambos un mismo propósito, no están compitiendo entre ellos; sino sirviendo al Señor, según la misión que Dios mismo, el dueño del campo, les ha asignado. Lo importante no es nuestra posición eclesiástica sino la labor que realizamos para Dios. Nuestro trabajo sería algo totalmente estéril, sino fuera acompañado de la acción invisible de Dios.
“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). Para ser productivo debemos permanecer en Cristo, y estar unidos a Él por la fe. El resultado del poder y de la presencia de Cristo, es nuestra productividad espiritual. Sin él, no permanece en nosotros nada (absolutamente nada) de valor espiritual. A través del éxito Dios prueba tu carácter y tu fidelidad. “Cuídate de no olvidarte de Jehová, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre” (Deuteronomio 6:12).
La prosperidad puede nublar nuestra visión espiritual, y  hacernos autosuficientes, deseosos de adquirir más y más de todo, menos de Dios. Esto nos lleva a concentrarnos en la autopreservación, en lugar de concentrarnos en la gratitud y el servicio a Dios. Cuando tenemos ánimo para trabajar para Dios, el Señor nos da la victoria, el éxito es seguro. “Edificamos, pues, el muro, y toda la muralla fue terminada hasta la mitad de su altura, porque el pueblo tuvo ánimo para trabajar” (Nehemías 4:6). El pueblo progresó en la obra porque no perdieron la esperanza ni se rindieron, sino que perseveraron en el trabajo.Para tener éxito debemos combinar una buena disposición con un buen trabajo para Dios.
Los que fracasan son los que no comprenden cual es el precio del éxito y los que lo saben pero no están dispuestos a pagar el precio. El éxito surge de la ceniza de nuestros fracasos. “¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac,  de Sansón, de Jefté,  de David, así como de Samuel y de los profetas; que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos,  evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros” (Hebreos 11:32-34).
Nuestras limitaciones personales las superamos con éxito cuando desviamos la vista de nosotros mismos y miramos a Dios con los ojos de la fe. “¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis” (1 Corintios 9:24). Sin Dios es imposible triunfar.  “Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre” (1 Samuel 13:13). Obedecer la Palabra, es sin duda, los que nos dará el éxito y traerá la bendición de Dios a nuestras vidas. ¡Amén!

noviembre 15, 2014

Designados por Dios

(Jeremías 1:5)

“Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones”. La elección de Jeremías fue anterior a su nacimiento. Dios le informa a Jeremías que él le ha dado la vida con la expresa finalidad de hacer de él un profeta. Dios pensó en nosotros e hizo planes para nosotros ante que fuéramos concebidos en el vientre de nuestras madres. Cuando nos sintamos deprimidos o que somos indignos, recordemos que Dios siempre nos ha considerados valiosos y ha diseñado un propósito especial para cada uno de nosotros. La convicción íntima que tenía de su llamamiento divino, las revelaciones de Dios y el poder del Espíritu fueron las fuerzas que impulsaron el ministerio de Jeremías. Dios había apartado (santificado) a Jeremías para una obra especial. Lo había consagrado para que realizara una tarea, y un trabajo profético en su nación.
Las lenguas semíticas tienen dos formas originales de la raíz que son distintas. Una significa “puro” y “consagrado” y la otra quiere decir “santidad.”En hebreo el verbo קָדַשׁ (qadash) y la palabra קָדֵשׁ (qadesh) combinan ambos elementos. Los sacerdotes fueron escogidos para servir en el tabernáculo o templo. Por su función de mediadores entre Dios e Israel y por su cercanía al templo, Dios los dedicó (los santificó) para el oficio sacerdotal. Dios eligió a Jeremías, lo santificó y lo dio por profeta a las naciones.  El verbo הנביא (nathan), “dar,” también puede traducirse como “designar. Dios designó a este hombre para hacer regresar a Su pueblo a los principios morales porque el pueblo había invalidado el pacto que Dios había hecho con ellos en el monte Sinaí. La intención de Dios era despertar y obrar en la conciencia del judío, y para lograrlo vemos el uso que el Espíritu de Dios hace de la experiencia de Jeremías. De entre todos los profetas, no hay otro que analizase sus propios sentimientos, sus propios pensamientos, sus propios caminos, y su propio espíritu como lo hace Jeremías.
Dios nos recuerda el fervor, la ternura y la pureza de nuestro primer amor. Estábamos desesperadamente enamorados de Dios, y el amor tierno que teníamos por el Señor hacía que nuestras vidas rebosaran de gozo, y esperanza. Éramos puro, limpio y santo. Ninguna deslealtad o pensamiento sucio manchaba nuestra belleza y devoción. Pero ahora el cuadro es distinto, es algo que desgarra el corazón. El corazón de Dios está destrozado por la tristeza y la decepción que nosotros le causamos. Muchos de nosotros estamos viviendo en pecado abiertamente. Somos infieles a los votos que hemos hecho. Hemos dejados de amar a Dios y nuestra conducta es realmente vergonzosa. Por eso es que se necesitan hombres como Jeremías.
Si Dios le da una tarea específica, acéptela con gozo y hágala con excelencia. A menudo luchamos con Dios debido a la desconfianza. Sentimos que no tenemos la habilidad ni la capacidad ni las experiencias adecuadas. Jeremías pensó que era solo “un niño,” demasiado joven e inexperto para ser el vocero de Dios. Sin embargo, Dios le prometió estar con él. Nunca debemos permitir que nuestros sentimientos de insuficiencia nos impidan obedecer a Dios. Él siempre estará con nosotros. No tratemos de evadir el llamamiento de Dios, asegurémonos de no utilizar la falta de autoestima como una excusa. Si Dios nos da un trabajo para realizarlo, Él va a suplir todas nuestras necesidades.“Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar.” Dios designó a Jeremías para que llevara su Palabra a naciones y reinos. El trabajo era advertirle no solo a los judíos, sino a todas las naciones del mundo acerca del juicio de Dios sobre el pecado.
Al leer el Antiguo Testamento, no olvide que si bien Dios trabajaba constantemente a través del pueblo de Judá e Israel, su plan era comunicarse con cada nación y persona. Estamos incluidos en el mensaje de juicio y esperanza de Jeremías y, como creyentes, debemos tener el mismo deseo de Dios de alcanzar al mundo entero para El. La visión de la vara de almendro revela el comienzo del juicio de Dios, ya que el almendro es de los primeros en florecer en la primavera. Dios vio el pecado de Judá y de las naciones, y llevaría a cabo un juicio rápido y certero. ¡Amen!

noviembre 14, 2014

No mate a mis cerdos

(Lucas 8:32-37)

“Había allí un hato de muchos cerdos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y les dio permiso. Y los demonios, salidos del hombre, entraron en los cerdos; y el hato se precipitó por un despeñadero al lago, y se ahogó. Y los que apacentaban los cerdos, cuando vieron lo que había acontecido, huyeron, y yendo dieron aviso en la ciudad y por los campos. Y salieron a ver lo que había sucedido; y vinieron a Jesús, y hallaron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado a los pies de Jesús, vestido, y en su cabal juicio; y tuvieron miedo. Y los que lo habían visto, les contaron cómo había sido salvado el endemoniado. Entonces toda la multitud de la región alrededor de los gadarenos le rogó que se marchase de ellos, pues tenían gran temor. Y Jesús, entrando en la barca, se volvió”.
En el Mar de Galilea se desatan tempestades violentas repentinamente, lo que hace muy peligrosa la navegación. Esto fue precisamente lo que ocurrió mientras iban cruzando el lago. Los discípulos despertaron al Señor, expresando sus temores y angustiados debido a la inseguridad. Pero en la presencia de Jesús terminan nuestros peligros y cuando terminan nuestros peligros, nos corresponde reconocer nuestras incredulidad y temores, y dar a Cristo la gloria por nuestra liberación. Estar con Cristo en cualquier circunstancias, es estar totalmente seguro y a salvo. En las tempestades de la vida, frecuentemente nos sobrecoge el temor. Entonces, cuando el Señor viene en nuestra ayuda, nos sentimos atónitos ante Su poder. Y nos preguntamos ¿por qué no confiamos plenamente en Él?
Los espíritus malignos son personalidades espirituales que quieren vivir en un cuerpo. Pueden sentir, expresar emociones, pensar, creer, saber, hablar, querer y resistir dentro del cuerpo de las personas. Los espíritus malignos se manifiestan a través de las personas usando sus mismos cuerpos y sus voces. Algunos de estos espíritus pueden ser violentos. Algunas enfermedades físicas, pueden ser causadas por estos espíritus malignos. Fomentan sentimientos depresivos, como la amargura de corazón, el rencor y el resentimiento. Traen a la mente pensamientos impuros y blasfemos, y son capaces de inducirnos a fomentar falsas doctrinas.
Estos demonios no eran meras influencias. Eran seres sobrenaturales que moraban en aquel hombre, controlando sus pensamientos, sus sentidos, sus facultades y su conducta. Producían una violencia extrema en aquel hombre. Estos demonios reconocían a Jesús como “el Hijo del Dios Altísimo”. Sabían también que su condenación era ineludible, y que Jesús haría que se cumpliese. Sabían que el reino de Satanás sería destruido. Pidieron permiso, para entrar en una piara de cerdos que pastaban en un monte cercano. La majestad de Jesucristo era tan grande que los demonios se asustaban y le rogaban que no los atormentase. Los demonios siempre obedecían la voz del Señor Jesucristo cuando él les manda que salieran de las personas. Los demonios hicieron que los cerdos se lanzaran por un precipicio al lago, y se ahogaran.
Había una gran conmoción entre todos los que habían presenciado estos hechos y en los que recibieron la noticia. Las personas que no tenían ninguna relación con Dios experimentaron un gran temor.
Si los dueños de los cerdos eran judíos, estaban dedicados a un negocio inmundo e ilegal. Se atemorizaron tanto que pidieron a Jesús que se marchara. Valoraban más a los cerdos que al Salvador; querían más a sus animales que la liberación y salvación de sus almas. El piso de su economía se derrumbaba, sus tradiciones, creencias, de su mala vida, a la cual estaban acostumbrados y que no querían cambiar. Preferían seguir como estaban atados y oprimidos por los demonios y no ver a su mundo y a su economía derrumbarse. La gente, que pertenece al reino de las tinieblas, parece disfrutar de su esclavitud, no quieren pensar, no quieren cambiar, desean por comodidad que todo siga como siempre. Para estas personas el evangelio es algo que los trastorna, que les cambia el mundo, un mundo desgraciado pero es su mundo, en el que viven.
Cuando supieron que el endemoniado había sido sanado tuvieron miedo. Miedo a la libertad, miedo al cambio, miedo a la luz. Los verdaderos hijos de Dios, experimentamos cotidianamente la sensación del miedo en muchos que no quieren cambiar, que les gusta vivir esclavizados, que no sienten la necesidad de una transformación de sí mismos, ni de su familia, ni de la sociedad, ni de las naciones.
El contraste entre el antes y después en este hombre era tan notorio, que fue y proclamó a todo el pueblo la liberación que había recibido del Señor Jesucristo y sin embargo el pueblo donde tuvo lugar esta liberación tan visible le pidió a Jesús que se fuera de su territorio porque habían perdido a sus cerdos. No pensaron ni por un momento en lo valiosa que era la vida de este hombre, no lo que estaba en sus mentes era la pérdida de sus cerdos. Muchas personas quieren ser sanados, liberados y prosperados pero no quieren que Jesús mates a sus cerdos. Si los cerdos no mueren no veremos la gloria de Dios. Para que la gloria de Dios descienda los cerdos del ocultismo, adulterio, fornicación, lascivia, prostitución, avaricia, usura, rencor, odio, envidia, pleitos, blasfemias, glotonería, idolatría, hurtos, etc. tienen que morir y Jesucristo debe quedarse a morar en el territorio de nuestros corazones. ¡Amén!