agosto 20, 2014

Percepción espiritual

(Salmos 25:4-5)

“Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el día”.  La percepción natural obedece a los estímulos cerebrales recibidos a través de los 5 sentidos, los cuales nos dan un conocimiento de la realidad física del entorno. La percepción es la capacidad que tenemos de recibir por medio de los sentidos las imágenes, impresiones y sensaciones. También es un proceso mediante el cual seleccionamos, organizamos e interpretamos los estímulos, y les damos significados. Sin embargo la percepción espiritual es la capacidad que tenemos de recibir por medio del espíritu las impresiones del Espíritu de Dios.
Es por medio del espíritu humano que percibimos o discernimos las Escrituras y todos los que ocurre en el mundo espiritual. Buscar la verdad es aspirar a la plenitud de la vida. Conocer la verdad significa experimentar la vida. Poseer la verdad nos compromete a servir en amor y por amor. Para ser dirigido por Dios hace falta una mente espiritual, humilde y abierta a las impresiones del Espíritu Santo. Si deseamos sinceramente conocer nuestro deber, con la resolución de hacerlo, podemos estar seguros que Dios nos dirigirá por medio del Espíritu Santo y de las Escrituras. El cristiano que busca instrucción; desea conocer los caminos de Jehová, quiere caminar en Sus sendas, y crecer en Su verdad. Su motivación [lo que le motiva] es el amor a Dios. Es en el Señor en quien están puestas todas nuestras esperanzas.
Cuando nos falta percepción espiritual, necesitamos que la luz de Dios se proyecte sobre nuestro camino. Tenemos que orar para poder comprender los caminos de Dios, y pedir  la comprensión de sus propósitos para poder gobernar con sabiduría nuestra conducta. La verdad de Dios es diferente de lo que los seres humanos, equivocadamente, consideran como verdad. La verdad de Dios es una y sólo se puede conocer en Cristo. “Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo e ignorar a Cristo es ignorar a Dios.” La verdad de Dios es una verdad personal, Dios se da a conocer  de manera personal a través de su revelación. David oró para que la verdad de Dios lo preservara. Para mantener una conducta recta se requiere conocer la verdad divina.
“Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad, para los que guardan su pacto y sus testimonios.” (Salmos 25:10). Debemos ser lo suficientemente mansos y humildes como para admitir nuestra ignorancia y necesidad de más instrucción espiritual. Si somos receptivos a la enseñanza, aprenderemos lo que es correcto, esto es, cuál es la voluntad de Dios. Lejos de tener que soportar una vida desagradable, los que obedecen la Palabra de Dios encuentran que la vida está llena del amor constante de Dios y de Su fidelidad. Como cristianos debemos alimentarnos de la verdad, de las promesas de Dios, debemos confiar en el Señor, entregándonos a Él. Dios ordena y afirma los pasos del que le busca. Si quiere que Dios dirija su camino, busque el consejo de Dios antes de dar el primer paso.
“Envía tu luz y tu verdad; éstas me guiarán; me conducirán a tu santo monte, y a tus moradas.” (Salmos 43:3). Como cristianos debemos anhelar ser acompañado por la luz de la presencia de Dios y de la verdad de Sus promesas. Los que realmente nos satisfaces es llegar a la misma presencia de Dios. Cuando nos sentimos rodeados de oscuridad e inseguridad, debemos seguir la luz y la verdad de Dios. Si por alguna razón usted se encuentra lejos de la casa de Dios, deje que él le guíe de regreso a su presencia. La realidad es que vivir en la luz de Dios y atesorar su verdad es el camino correcto para superar las dificultades de la vida y  ser bendecido. “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría” (Salmos 51:6). Calvino tenía razón en decir que para ser aprobado por Dios lo último del corazón tiene que ser purificado. Los pecados que se mantienen en secreto también desagradan a Dios.
David reconoció la verdad de las palabras del profeta Natán y públicamente reconoció su pecado. “Enséñame, oh Jehová, tu camino; caminaré yo en tu verdad; afirma mi corazón para que tema tu nombre” (Salmos 86:11). “Caminar en la verdad” es un hábito y también un estilo de vida. Nuestros corazones deben estar concentrados en Dios; depender de Dios debe ser un estilo de vida. El corazón incluye las emociones, los pensamientos y las actitudes. En el acto de percepción el sujeto presta atención a determinadas características y circunstancias por eso debe estar concentrado.
Los que dice David: no significa “enséñame cómo salir de esta dificultad” sino “enséñame, mientras me enfrento a lo peor, enséñame a vivir en tu camino, -a no salirme de tu camino”. Concentra mi corazón, “une, o unifica mi corazón”, líbrame de ser de doble ánimo; dame “una meta firme, que no cambie ante las amenazas o las recompensas”. Esto es, no permitas que mi corazón flaquee o se distraiga. ¡Amén!

agosto 19, 2014

La Abnegación Espiritual

(Mateo 10:37-38)


“El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí”. La abnegación o altruismo es una exigencia indispensable para ser discípulo de Jesús. El llamado de Cristo, es un llamado a renunciar a sí mismo y a los bienes de este mundo. La abnegación implica enfrentarse al egoísmo. Se centra en dar, en lugar de tener. La persona que renuncia a algo para asistir al prójimo lo hace con libertad y sin ninguna obligación; por lo tanto, en ese acto existe una elección personal que genera gozo y satisfacción.
Los discípulos de Cristo deben renunciar voluntariamente a sus deseos y pasiones, tomar su cruz cada día y seguir a Jesús. Un padre convertido se encontrará con la oposición de su hijo incrédulo; una madre cristiana, con la de su hija inconversa. Una suegra nacida de nuevo será aborrecida por su nuera no regenerada. De modo que a menudo al que hacer una elección entre Cristo y la familia. No podemos permitir que los vínculos familiares nos aparten de una absoluta adhesión al Señor. El Salvador ha de tener una absoluta precedencia sobre el padre o la madre, el hijo o la hija. Uno de los costos del discipulado es experimentar tensión, luchas y alienación con su propia familia. Esta hostilidad es a menudo más acerba que la que se encuentra en otras áreas y dimensiones de la vida.
“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mateo 16:24). La negación del yo, con el fin de llevar la cruz de Cristo y de seguirle, es lo que el Señor dice aquí. Esto significa entregarse de tal manera a Su control que el yo no tenga ningún derecho. Tomar la cruz significa estar dispuesto a sufrir oprobio, padecimientos y quizá el martirio por causa de Él; morir al pecado, al yo y al mundo. Seguirle significa vivir como Él vivió, con todo lo que ello implica: humildad, pobreza, compasión, amor, gracia y toda otra virtud piadosa. El llamamiento del Señor implica el sacrificio de sí mismo. A muchos de nosotros se nos hace difícil renunciar a nuestra comodidad para seguir a Cristo.
Todos los que quieren entrar en la vida deben guardar los mandamientos del Señor, sin importar lo difícil que resulte. Cada uno debe sacrificar su propia carne como está escrito.  “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Gálatas 5:24).  Los que son de Cristo son aquellos que llevan las marcas de las espinas sobre sus cabezas, del látigo sobre sus espaldas, de la lanza en sus costados y de los clavos en sus manos y pies. Preferir los intereses de Cristo, a nuestros propios intereses no es nada sencillo.  “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:26). Todas estas y muchas más, son expresiones de abnegación. –La abnegación es la renuncia voluntaria a un deseo o interés. Los vocablos: generosidad, desinterés, desprendimiento, y altruismo expresan la idea de abnegación. Sin embargo, la abnegación es una forma mucho más elevada e incluye a todas las demás; se emplea sobre todo tratándose del sacrificio de la voluntad, de los afectos o de la conveniencia propia. “Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna. Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo” (Romanos 6:12-13). El llamado de Dios al discipulado; es un llamamiento al sacrificio espontáneo de la voluntad, al sacrificio de nuestros intereses, y deseos y aun de nuestra propia vida.
Tenemos un compromiso con Cristo de guardarnos puro y sin mancha delante de él.  “Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen; y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa” (1 Corintios 7:29-31). Es importante permanecer fiel a Dios, a pesar de las circunstancias que nos rodean, de la vanidad, el libertinaje, y la inmoralidad.  “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tito 2:11-14). Un buen cristiano no puede hacer siempre lo que quiere, sino que tiene que obedecer la palabra de Dios y vivir según sus mandatos. La abnegación implica disciplina y supone el control de los deseos, sentimientos, pasiones y pensamientos. También se opone a la hiperactividad y al frenesí, ya que la persona que hace demasiadas cosas no piensa; por lo tanto, esas cosas suele hacerlas mal. Jesús decidió renunciar a su condición divina y se hizo hombre para salvar a la humanidad; y le pide a sus discípulos que lo sigan, que renuncien a su propia voluntad y que hagan la voluntad de Dios en la Tierra. Amén

agosto 16, 2014

Nuestras posibilidades espirituales

(2ª Pedro 1:5-9)

“Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados”. Una persona que no crece en estas virtudes puede recaer en sus antiguos pecados. Pero si compartimos la vida de Dios, seremos más productivos y buscaremos siempre desarrollar un carácter cada vez más delicado y semejante al carácter de Cristo. La conexión entre la vida cristiana práctica y el desarrollo del conocimiento es vital para nuestra perseverancia en la fe. La perseverancia es la capacidad de aferrarse a la meta que tenemos a pesar de la oposición, persecución y circunstancias adversas. No debemos ser ciegos a las gloriosas posibilidades de desarrollo espiritual que existen en Cristo y que tenemos a nuestra disposición. Demostremos la realidad de nuestra propia posición delante de Dios. De este modo seremos guardados del fracaso en esta vida y recibidos con entusiasmo en el reino de Dios.
El creyente da evidencias de su salvación creciendo en las virtudes morales identificadas por Pedro en estos versículos. Una persona que no crece en estas virtudes puede recaer en sus antiguos pecados. Pedro no nos sugiere que la salvación es por las obras, pero nos exhorta a vivir de tal manera que nuestra elección se revele como algo absolutamente seguro. Pedro nos dice que podemos participar de la naturaleza divina, la cual se eleva por encima del espíritu corrupto y divisivo del mundo. La fe tiene que ser algo más que creer en hechos ciertos; debe traducirse en acción, en el desarrollo de un carácter cristiano y en la práctica de una disciplina moral, o simplemente desaparecerá. Pedro hace una lista de varios actos de fe: aprender a conocer mejor a Dios, cultivar la paciencia, hacer la voluntad de Dios, amar a los demás. Esos actos no se producen automáticamente; requieren de un arduo trabajo. No son opcionales; deben de ser parte constante de la vida cristiana. No terminamos con uno para luego empezar con el otro sino que debemos ocupamos de todos juntos, al mismo tiempo. Dios nos capacita y autoriza, pero también nos da la responsabilidad de aprender y crecer. No debemos sorprendernos ni resentirnos por este proceso.
La Biblia está escrita para los pecadores, para aquellos que debido a su estado de muerte espiritual tienen su mente y comprensión oscurecida, están alienados [enajenados] de la vida de Dios, condición que conduce naturalmente a la práctica de toda clase de comportamiento malvado.  Los primeros cristianos habían sido idólatras y adoradores de demonios, adúlteros, mentirosos y ladrones.
Tenemos la necesidad de vivir una vida caracterizada por la excelencia moral: Debido a que la humanidad es nacida en pecado y su tendencia natural está dirigida hacia la degeneración moral y a toda obra maligna y no hacia la excelencia moral o la virtud.  En términos simples, la ausencia de virtud conduce a la decadencia y a la destrucción de la sociedad.  Desde el asesinato de Abel, la historia está cargada de ilustraciones no sólo de tiranos asesinos como Hitler, sino de personas con una conducta traicionera, adúltera y mentirosa en nuestras propias naciones. La verdad plena, es que cuando las naciones se alejan de la verdad moral y de los absolutos de la Biblia, adoptan el tipo de conductas de las que habla Isaías (Isaías 5:3-23). Dios esperaba que Israel y Judá fuesen un pueblo obediente, santo y dispuesto a dar testimonio de su fe. En vez de eso, la gente produjo frutos de engaño, injusticia e idolatría, en lugar de dar testimonio a las naciones vecinas; y ello a pesar del amor y las bendiciones recibidas de parte de Dios.
En estos versículos, el profeta declara una serie de maldiciones (versículos 8-23) sobre la casa degenerada de Judá.  Cada maldición describe la naturaleza del pecado de Judá como la base del juicio divino.  La lista se parece a los titulares de los periódicos de hoy y nos enseña que la falta de virtud moral en la vida privada de una persona, siempre conlleva consecuencias públicas. Isaías describe la forma patética cómo Judá alteró los preceptos morales de lo que era bueno y lo que era malo en su búsqueda de un modo de vida centrado en sí misma, a expensas de otros. Por supuesto, que el efecto fue una ruptura moral que llevó a la injusticia, a condiciones extremas y crímenes espantosos. Esta condición se veía desde los líderes hasta el hombre común.  Tocó a toda la sociedad de Judá como en nuestros días.
Somos llamados a hacer una distinción de la voluntad moral de Dios, que por supuesto, debe tocar cada una de las áreas de la vida cristiana.  Pero es importante reconocer que por excelencia moral, no estamos simplemente hablando acerca de una lista de tabúes o sobre pecados tales como el adulterio, fornicación, ebriedad, mentira, murmuración, robo y engaño.  La excelencia moral significa la búsqueda  de la voluntad moral de Dios en cada una de las áreas de la vida.  Esto incluye valores, actitudes, prioridades, metas o propósitos, devoción y un carácter a la semejanza de Cristo en el hogar, en la oficina, en la iglesia y también en los lugares de esparcimiento.  La virtud moral es algo que debe caracterizar al cristiano en cualquier parte y en todo lo que hace.
Pedro dice: Primero, con el énfasis que pone en “el conocimiento de Dios” y en “Sus preciosas promesas”, la Palabra claramente llega a ser la fundación y el instrumento para la protección de las cualidades de un carácter semejante al de Cristo. Segundo, Pedro nos llama a hacer todo el esfuerzo posible para el desarrollo de estas cualidades. Tercero, esto va seguido por una sección que podríamos definir como motivación y como realización fructífera o productiva, la realización de nuestra salvación en una vida con frutos y recompensas eternas. Esto es muy importante porque, como el resto del libro lo deja muy claro, estamos viviendo días de intensa apostasía, lo que significa apatía, centrarse en sí mismo, enseñanzas falsas y errores doctrinales y morales.  La falsa doctrina y las opiniones humanas, conducen siempre a la corrupción moral y no a la excelencia moral.  Esto versículos conforman dos secciones: (a) recordar —necesidad de recordar lo que se les ha enseñado como protección en contra del olvido y (b) justificación —la defensa de este énfasis a través del hecho y de la naturaleza de la inspiración. ¡Amén!

agosto 15, 2014

Un hecho y una intervención sobrenatural


(Juan 15:4-5)


“Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”. Para nosotros poder fructificar debemos permanecer en Cristo, debemos estar unidos a Él por la fe. El interés de todos los discípulos de Cristo es y debe ser el de mantenerse en una constante de dependencia de Cristo y en una profunda comunión con Él. Sabemos por experiencia, que cuando hay una interrupción en el ejercicio de la fe, esto hace que mengüe la santidad, y revivan nuestros impulsos carnales y la corrupción y que además languidezca nuestra vida espiritual. Los que no permanecen en Cristo, aunque florezcan por un tiempo en la profesión externa de su fe, no llegan a nada. Procuremos vivir en y ser lleno de la plenitud de Cristo, ser cada vez más fructífero para que tanto nuestro gozo, como nuestra salvación sean una realidad plena.
Esta unión es un tema marginal en la teología bíblica, pero es una doctrina clave en la enseñanza del Señor. La unión con Cristo es el corazón de la teología de Pablo y es la verdad central de la doctrina de la salvación. Es esta unión que nos asegura nuestra salvación. La unión espiritual con Cristo es el tema más importante, el más profundo, y además el más bendecido de todos los temas presentados en las Sagradas Escrituras. La expresión "unión espiritual" es desconocida para la mayoría de los cristianos, y donde es empleada se le otorga un significado tan rebuscado que sólo es un fragmento de la verdad que expresa. Este tema bíblico es indispensable para comprender la obra del Espíritu Santo cuando aplica los beneficios de la expiación. La simiente de esta doctrina la encontramos en las palabras de Jesús, transmitida bajo diversas metáforas e ilustraciones.  Una metáfora clave es la de la vid y los pámpanos. Otra metáfora la encontramos en aquellos pasajes que hablan de comer a Cristo como uno se come un pedazo de pan (Juan 6:35) y de beber Su sangre como uno se bebe un vaso de agua (Juan 4:10-14). La misma idea también aparece en la forma en que los seguidores de Cristo han de ser recibidos o rechazados por el mundo, ya que esto es equivalente a una recepción o rechazo de Cristo mismo: "El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió" (Lucas 10:16).
En la oración sacerdotal del Señor, registrada en el capítulo 17 de Juan, esta unión se analiza explícitamente: "Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste... (vs. 20-21) Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado", (vs. 23). Esta doctrina está luego enfatizada y desarrollada ampliamente en los escritos de Pablo.  Pensemos en las fórmulas paulinas más importantes, "en él", "en Cristo", "en Cristo Jesús", que ocurren 164 veces en sus escritos. Por medio de estas expresiones, Pablo nos enseña que hemos sido escogidos "en él antes de la fundación del mundo" (Efesios 1:4), llamados (1 Corintios 7:22), hechos vivos (Efesios 2:5), justificados (Gálatas 2:17), creados "para buenas obras" (Efesios 2:10), santificados (1 Corintios 1:2), enriquecidos "en él, en toda palabra y en toda ciencia" (1 Corintios 1:5).  El apóstol nos dice que únicamente en Cristo tenemos redención (Romanos 3:24), vida eterna (Romanos 6:23), justificación (1 Corintios 1:30), sabiduría (1 Corintios 4:10), libertad de la ley (Gálatas 2:4), y toda bendición espiritual en los lugares celestiales (Efesios 1:3).  Él da testimonio de su propia experiencia cuando dice: "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gálatas 2:20).
A partir de todas estas expresiones podemos decir que la unión del creyente con Cristo es un concepto extremadamente amplio, que tiene que ver no sólo con nuestra experiencia actual, sino que se remonta a la eternidad pasada y se extiende hacia adelante, al futuro. Si miramos hacia atrás, la fuente de nuestra salvación la encontramos en la elección eterna hecha por Dios el Padre en Cristo. Este es el significado de todo el capítulo 1 de Efesios; "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo" (Efesios 1:3-4). Es posible que no podamos comprender todo el significado de esta elección eterna en Cristo, pero al menos podemos entender que no importa cuánto nos remontemos atrás en el tiempo, encontraremos que los propósitos de Dios incluyen nuestra salvación.  La salvación no es un pensamiento a posteriori. Siempre estuvo allí desde el principio. "La primera tarea que el Espíritu Santo llevó a cabo en representación nuestra fue la de elegirnos como miembros del cuerpo de Cristo.  Dios determinó que de los  hijos de Adán, un gran número se convertirían en hijos de Dios. Se convertirían en hijos por el nuevo nacimiento, pero en miembros del cuerpo de Cristo por el bautismo del Espíritu Santo. Esta unión es ilustrada por la unión del hombre y la mujer;  la unión de la cabeza y el cuerpo; la unión de la vid y los pámpanos; y la unión de las piedras vivas con las cuales se levanta el templo espiritual. ¡Amén!

agosto 14, 2014

Un destello de Su gloria

(1 Juan 3:2)


“Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”. Poco conoce el mundo la dicha de los verdaderos seguidores de Cristo. Para el mundo, estos pobres, humildes y despreciados no son ni pueden ser los favoritos de Dios y menos aun ser los hombres y mujeres que habitarán en el cielo. Sin embargo como hijos de Dios somos un destello y un autentico reflejo de la gloria de Dios. Al ser seguidores de Cristo nos alegramos en las dificultades, puesto que en la tierra somos extranjeros, fue aquí en la tierra donde el Señor fue también vituperado, maltratado y crucificado y si a él le hicieron esto ¿qué no nos harán a nosotros?  
Juan dice que hemos experimentado la pureza y la justicia de Dios en nuestras vidas. Este cambio nos ha transformado y ahora tenemos todo lo que se requiere para presentarnos delante de Dios. Cuando Dios justifica a una persona, todas las acusaciones de Satanás pierden su validez. El problema que tenemos los cristianos es que no nos damos cuenta de lo que somos como hijos de Dios, no vemos los propósitos de Dios. Nuestra condición cristiana, está tanto ahora como en la eternidad, centrada en el hecho de que somos hijos de Dios. Es en este hecho que se basan o fundamentan todas nuestras posibilidades eternas. Los que somos hijos de Dios estamos destinados a la gloria. Como vivir una vida llena de fe, esperanza y ferviente deseo en el Señor Jesús. Los hijos de Dios son conocidos, por su semejanza a Cristo y por reflejar Su presencia. Al reflejar Su gloria somos transformados a Su imagen. “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18).
Todas sus promesas son para nosotros y lo único que tenemos que hacer, en un sentido, es creer y recordar lo que Dios ha dicho acerca de nosotros. Cuando comprendemos bien esto, no hay qué preocuparse. “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida” (Romanos 5:10). Si Dios justifica y reconcilia consigo mismo a sus enemigos, con mucho más razón salvará a sus amigos. “Él que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” “¿Quién acusará a los escogidos de Dios?...” (Romanos 8:32 vss.). A menudo experimentamos aflicción, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro y espada, es decir, sufrimientos y dificultades. No obstante, y a pesar de todas estas desagradables experiencias, somos más que vencedores. No es que al fin seremos vencedores; no, ya somos más que vencedores por medio de Jesucristo. Es necesario que comprendamos lo que significa ser hijos de Dios.
Por el mero hecho de ser hijos no estamos exento de ser santo ¿Qué nos hace falta para que podamos ver a Dios? La respuesta es santidad, y limpieza de corazón. Muchos quisieran reducir esto a una pequeña cuestión de decencia, de moralidad o de interés intelectual. Pero si queremos ver a Dios debemos santificarnos por completo, la totalidad de nuestra persona debe estar limpia. “Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.” En lo espiritual no se puede mezclar la luz con las tinieblas, lo blanco con lo negro, ni a Cristo con Belial. No hay conexión ninguna entre ellos. Sólo los que son como Cristo pueden ver a Dios y estar en su presencia. Por eso debemos ser de corazón limpio antes de poder ver a Dios. El cristiano ve a Dios en la naturaleza, en la providencia, en las Escrituras, en los milagros, en la encarnación de Cristo y en los sucesos de la historia. Otra forma de verlo es en nuestra propia experiencia, y en su trato benigno para con nosotros. El cristiano puede ver a Dios en un sentido único. Pero ¿cómo tener un corazón limpio para ver a Dios? De la única forma en que podemos tener el corazón limpio es si el Espíritu Santo entra en nosotros y nos purifica. Dios esta actuando en nosotros, estamos en sus manos. El proceso de nuestra purificación espiritual ya está en marcha porque el tiempo de la boda se aproxima y como una novia ataviada para su marido debemos presentarnos delante de Cristo sin manchas y sin arruga.
Ser hijos tampoco nos eximes de la renovación espiritual ¿Como valorar y proteger entonce nuestras mentes, emociones y voluntad? La renovación del corazón, representa un problema humano ineludible que no tiene, sin embargo, una solución humana. Para ser transformado debe iniciarse un proceso que nos lleve a alcanzar la meta de ser semejante a Cristo. Cumplir reglas, leyes y costumbres no nos salvará. Aun si pudiéramos mantener nuestras acciones puras, seguiríamos condenados porque nuestros corazones son rebeldes y perversos. No podremos hallar alivio mientras no vayamos a Jesucristo en busca de la salvación. Cuando nos entregamos a Cristo, nos sentimos aliviados, llenos de paz y gratitud. Luchar contra el pecado con nuestra propia fuerza es un desatino. Pablo trató de vencer el poder del pecado con su fuerza y terminó agotado; luego dijo: “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”  Nuestra lucha interna en contra del pecado es tan real para nosotros como lo fue para Pablo. Cuando te sienta perdido, remóntate al inicio de tu vida espiritual y recuerda que Jesucristo ya te ha liberado. Cuando estemos confundidos y abrumados por el pecado, demos gracias a Dios por habernos dado libertad a través de Jesucristo. Busquemos el poder que Cristo nos concede para lograr una victoria verdadera sobre el pecado. ¡Amén!

agosto 12, 2014

La gloria de Cristo

(2 Corintios 5:7)

"Andamos por fe, no por vista." La gracia y la consolación presentes del Espíritu es solo una primicia de la gracia y del consuelo eterno que recibiremos cuando hayamos concluidos nuestra estadía en la tierra. Dios está con nosotros, por su Espíritu, y nos ministras por medio de las Escrituras, pero aún no estamos con Él como esperamos estar. La presencia del Espíritu en nuestras vidas, es una razón más que suficiente para estar confiados respecto al futuro. El verbo griego θαρρεν (tharrein) o θαρσεν (tharsein) que significa estar confiado, con alegría, es una palabra que sólo Jesús pronuncia en los Evangelios y en los Hechos, y que Pablo emplea en sus cartas. Este verbo se refiere al temor que se disipa con la seguridad de que es Dios quien tiene el control de los acontecimientos futuros. Miremos la vida con los ojos de la fe, no con la lógica humana. La fe en Dios, no es una confianza en los que se ve, si no en los que nos se ve. Nuestra vida se gobierna y dirige por medio de la fe en Cristo y en nuestra esperanza eterna; no por las apariencias engañosas ni por las cosas de este mundo.
En el futuro, habrá un juicio escrutador que separará a los buenos de los malos, según sus hechos respectivos, en ese juicio se tomaran en cuenta los motivos de los hechos y no los meros actos externos; la fe y el amor a Dios son los únicos motivos reconocidos por Dios como sanos y buenos. Los cristianos falsos se glorían en sus apariencias externas, y en sus recomendaciones externas, su saber, elocuencia, sabiduría, riquezas, pero no en lo espiritual ni en el poder vital de Cristo dentro de su corazón. Su conciencia no atestigua de su sinceridad.
La visión que tenemos de la gloria de Cristo por la fe es oscura y borrosa. "Ahora vemos por espejo, oscuramente". En un espejo no vemos a la persona misma sino sólo una imagen imperfecta de ella. Nuestro conocimiento no es directo sino que es como un reflejo imperfecto de la realidad. El evangelio, sin el cual no podríamos descubrir nada acerca de Cristo, está todavía muy lejos de manifestar la grandeza de su gloria. El evangelio mismo no es obscuro, ni borroso, es claro y directo, y manifiesta abiertamente al Cristo crucificado, exaltado y glorificado. Pero es obscuro para nosotros porque no lo entendemos perfectamente. La fe es el instrumento por el cual entendemos el evangelio pero nuestra fe es débil e imperfecta. No hay ninguna parte de su gloria que podamos entender plenamente. Pero a veces le vemos a través de las "ventanas". Estas "ventanas" son las oportunidades que tenemos de escuchar y recibir las promesas del evangelio.
Cuando estemos en el cielo veremos la gloria de Cristo. El mismo, en toda su gloria estará continua y permanentemente con nosotros. Le veremos cara a cara, tal como El es. Le veremos con nuestros ojos físicos porque Job dice: "y después de desecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán y no otro...". Nuestros sentidos corporales serán restaurados y glorificados para que podamos contemplar a Cristo y su gloria. Esta gloria será mil veces mayor que cualquier cosa que podemos imaginar. Nadie en esta vida tiene la capacidad, ni espiritual ni corporal para ver la gloria de Cristo tal y como es. Cuando algunos reflejos de esta gloria divina fueron vistos en el monte de la transfiguración, los discípulos se confundieron y atemorizaron. El apóstol Juan, una persona muy amada por el Señor, cayó a sus pies como muerto, cuando Cristo se le apareció en su gloria en la isla de Patmos.
Pablo y todos aquellos que le acompañaban cayeron a tierra cuando vieron el resplandor de la gloria de Cristo sobre ellos. ¡Es un insulta y una necedad cuando la gente trata de hacer cuadros o imágenes del Señor! La única manera en que podemos conocerle ahora es por medio de la fe. Cuando Cristo estaba en la tierra, su verdadera gloria estaba oculta por su humanidad. Debido al pecado, la mente del hombre está llena de maldad y obscuridad y es incapaz de ver las cosas espirituales correctamente. Nuestras mentes todavía están limitadas por nuestros cuerpos por muchas debilidades e imperfecciones que permanecen en nosotros. Ahora como hombre tenemos un poder natural para entender y juzgar las cosas de esta vida terrenal. Pero esta capacidad natural no nos puede ayudar a ver y entender las cosas espirituales. Esto es lo que el apóstol Pablo nos enseña cuando dice: "... Porque el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente."
La gracia renueva nuestra naturaleza; la gloria  la perfecciona. La gracia nos da una visión parcial de las cosas espirituales, pero la luz de la gloria de Cristo nos dará una visión perfecta. Esta es la diferencia entre la visión que tenemos ahora y la visión que tendremos en la gloria. Cristo les dijo a sus discípulos: "Muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros  veis, y no lo vieron".  No podemos imaginarnos cómo será, pero sabemos que Cristo oraba al Padre para que estuviéramos con El y viéramos la grandeza y la belleza de su gloria.  Mientras estemos en este mundo "gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo". "¡Miserable de mi! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?" Nuestros pensamientos sobre Cristo son tan confusos e imperfectos que nos conducen a un anhelo profundo de conocerle mejor.  El creyente No puede estar en paz ni satisfecho lejos de Cristo. En el cielo podremos mirar sin cesar su gloria. Esta visión constante traerá un refrigerio eterno y un gozo permanente a nuestras almas. Aunque no podemos entender ahora como será esta visión final de Dios, sabemos que los puros de corazón verán a Dios. Aún en la eternidad, Cristo será el único medio de comunicación entre Dios y su Iglesia. ¡Amén!

Poder a través de la oración

(Nehemías 1:1-4)

“Palabras de Nehemías hijo de Hacalías. Aconteció en el mes de Quisleu, en el año veinte, estando yo en Susa, capital del reino, que vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén. Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego. Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos”. Cuando Dios tiene una obra que realizar, nunca le faltarán instrumentos para hacerla. Nehemías vivía cómodamente y con honra, pero no se olvidó [como Mardoqueo y Esther], que era israelita y que sus hermanos estaban angustiados. Nehemías apeló a Dios primeramente y luego utilizó su influencia en la corte real para obtener del rey lo que necesitaba para la reconstrucción de Jerusalén.
Nuestra mejor argumentación cuando oramos proviene de la promesa de Dios, la palabra por la cual el Dios Altísimo nos ha dado esperanzas. Hay que usar otros medios, pero la oración eficaz del justo puede mucho. La comunión con Dios nos preparará mucho mejor a la hora de tratar con los hombres. Cuando hayamos encomendado nuestras preocupaciones a Dios; nuestra mente quedará libre; sentiremos la satisfacción y la paz interior y se desvanecerán nuestras dificultades. Si el asunto es lesivo, Dios tiene el poder para impedirlo fácilmente, y si es bueno para nosotros, Él lo hará progresar para Su gloria.
La oración asume un lugar muy importante en la experiencia del cristiano espiritual. Se convierte gradualmente en su recurso vital: 1) Por medio de la acción interior del Espíritu que mora en él, el creyente ofrece alabanzas y acciones de gracias, y es capacitado para orar de conformidad con la voluntad de Dios. 2) Además, es razonable creer que, puesto que el ministerio de Cristo en la tierra y en el cielo ha sido y es un ministerio de oración e intersección, la persona en la cual Cristo mora, es guiada a la oración de forma natural y normal.
Nehemías se dio cuenta de la necesidad que tenía de orar: 1) “Palabras de Nehemías hijo de Hacalías. Aconteció en el mes de Quisleu, en el año veinte, estando yo en Susa, capital del reino, que vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén. Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego” (Nehemías 1:1-3). 2) Tenías necesidad de orar debido a la tragedia por la que había estado pasando su nación. 3) Tenía necesidad de orar por la reconstrucción y la paz de Jerusalén, el centro de adoración de su nación. 4) A pesar de su comodidad en el palacio del imperio Persa, de sus circunstancias favorables e influencias sintió la necesidad orar.
Nehemías hizo la oración adecuada: “Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos. Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos; esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo. Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos; pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre. Ellos, pues, son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con tu gran poder, y con tu mano poderosa. Te ruego, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey” (Nehemías 1:4-11). 1) Oró con un espíritu quebrantado y anhelante. 2) Oró con un corazón contrito y humillado. 3) Oró con fe y confianzas en las promesas de Dios. 4) Nehemías sabía lo que quería, hizo peticiones específicas.
Nehemías obtuvo unos resultados gloriosos de su oración: (Nehemías 2:1-8). 1) Recibió repuestas directas a sus peticiones. 2) El favor y la gracia de Dios estaban sobre él. 3) Dios se glorificó a través de Nehemías, lo bendijo y libró de sus enemigos.
Dios es una persona con la cual se puede tener comunión y que además contesta la oración de sus hijos. 1) Por medio de la oración, los creyentes le expresan a Dios sus más íntimos pensamientos, los que sienten, les piden aquellas cosas a la que aspiran o desean, pero además le pueden decir cuales son sus temores, esperanzas y estados de ánimo. 2) Los cristianos son llamados a una vida de dependencia de Dios en oración. La oración es indispensable en la guerra espiritual. Para derrotar a nuestros enemigos es necesario orar. 3) La oración nos dará el poder para seguir adelante y derrotar a Satanás, a los demonios y al pecado. La oración es una de nuestra arma de ataque. ¡Amén!