agosto 07, 2011

Retornemos al primer amor

“Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido” (Apocalipsis 2:5). La vida y conducta de la iglesia son conocidas totalmente por Jesucristo. Él tiene conocimiento de las obras realizadas por la iglesia. También reconoce la fatiga que han causado y la paciencia que fue necesario tener durante su realización. Esta iglesia se había negado a tolerar el pecado entre sus miembros. Nosotros vivimos en una etapa en que se halla muy difundido el pecado y la inmoralidad sexual. Es popular el ser tolerante con diversos pecados, llamándolos “decisiones personales” o “estilos alternos de vida”. Pero cuando el cuerpo de creyentes empieza a tolerar el pecado en la iglesia, las normas se reducen y se pone en peligro el testimonio de los creyentes. Recuerde que la aprobación de Dios es infinitamente más importante que la del mundo. En el esfuerzo por mantener puras la enseñanza, la moral y la doctrina, es posible perder el amor. “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad”. (1 Juan 3:18). Un conflicto que no se resuelve puede debilitar o acabar nuestra paciencia y nuestro afecto. Al defender la fe, cuídese de no levantar una estructura de rigidez que debilite el amor. La vida cristiana es una guerra contra el pecado, contra Satanás, el mundo y la carne. Nunca debemos ceder ante nuestros enemigos espirituales pero esto no significa que debemos dejar de amar a Dios y a nuestros hermanos. En su celo por la obra de Dios esta iglesia perdió de vista el amor al prójimo. Pablo había elogiado a la iglesia de Éfeso por su amor a Dios y a los demás, pero muchos de los fundadores de la iglesia habían muerto, y la segunda generación de creyentes había perdido su fervor espiritual. Era una iglesia muy activa y sus miembros hacían mucho en beneficio propio y de la comunidad, pero muchas de las cosas que hacían eran hechas por motivos equivocados. El hacer algo para Dios debe estar motivado por el amor a Dios, o no perdurará. Pablo nos amonesta en contra del lenguaje vulgar, y sin sentido. En contra del uso inapropiado del lenguaje, la amargura, las palabras torpes y las actitudes impropias contra otros. “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:29-32). El Espíritu de Dios en nosotros es el sello de nuestra redención y la garantía de que le pertenecemos a Dios. No provoquemos al Espíritu de Dios. No le obliguemos a retirar su presencia y su gracia. “Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos” (Efesios 1:15). La fe que tenemos en el Señor Jesús es lo que nos une como familia y esta fe se expresa por medio de una fidelidad absoluta al Señor. El amor para con todos los santos es el resultado de esa fe. Los santos son los fieles creyentes en el Señor. Estas cualidades son evidencias de nuestro crecimiento espiritual. La fe y el amor son dos características complementarias y esenciales de la vida cristiana. Como pastor, Pablo se regocijaba por el crecimiento de los hermanos. El mundo necesita cristianos que defiendan la verdad de Dios y que conduzcan a la gente hacia la vida recta. Algo se había echado a perder en Éfeso. Mantenían una ortodoxia impecable; pero el amor había desaparecido (había muerto). Cuando participamos en algo que sabemos que es malo, a menudo usamos excusas para justificar nuestra conducta. Cristo emplea palabras muy duras para los que buscan excusas para pecar. “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios”. ¡Amén!

agosto 06, 2011

La actividad del Espíritu Santo

“Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo” (Hechos 6:3). Los líderes debían ser personas honradas y eficientes, aceptables ante sus hermanos. Era importantísimo que en esta primera expansión de la organización eclesiástica, además de los apóstoles, se escogiera a personas aptas. Además de tener buena reputación se esperaba que cada uno estuviera lleno del Espíritu Santo. No sólo debían atender las necesidades de los pobres, sino manifestar prudencia, discreción, capacidad administrativa y sabiduría en su obra. Detrás de la obra apostólica, estaba la actividad ejecutiva del Espíritu. El Espíritu Santo como Administrador de la iglesia y Estratega de la obra misionera, se destaca en todas partes. Está escrito de forma muy evidente; el Espíritu Santo es celoso con Sus prerrogativas y no dejará Su posición y autoridad en la Iglesia en manos humanas. Incluso los hombres cuyos deberes son importantes en los quehaceres de la iglesia, deben ser hombres llenos y controlados por el Espíritu Santo. Cuando un líder o una iglesia cristiana se apartan de ese modelo, se arriesga a ser expulsado de su posición y de su lugar de liderazgo. Si los líderes no están viviendo y caminando por el Espíritu, el Espíritu Santo no puede guiar al cuerpo de Cristo, porque las tareas en la Iglesia no serán controladas por el Espíritu. Cuando el Espíritu Santo ve que han sido seleccionadas personas que nos son espiritualmente idóneas para ocupar puestos de liderazgo, se retira y les permite implementar sus propias políticas de acuerdo a sus propios estándares, pero sin Su ayuda. La iglesia en Jerusalén era sensible a la predicación de los apóstoles y de los siete diáconos seleccionados con los requisitos necesarios para ser líderes en la Iglesia. Como resultado de la actividad del Espíritu, la iglesia fue bendecida. Esteban llegó a ser el primer mártir y su muerte jugó un rol importante en la conversión de Saulo. Felipe llegó a ser el primer evangelista laico y fue usado por el Espíritu para guiar a Samaria a un gran reavivamiento. Cuándo las Iglesias tienen líderes carnales el resultado es el fracaso ¿Por qué no somos más efectivos en el día de hoy? ¿Por qué no seguimos los principios y mandatos del Nuevo Testamento? Adoramos a Dios sólo por lo que podemos obtener de ello. Estamos tratando de usar a Dios en lugar de ser usados por Dios. La ironía de esto, es que esto no es adorar a Dios, ni nos conduce a un amor genuino por Él. Este tipo de adoración, es adoración y amor por sí mismo. Cuando la gente ama y adora a Dios verdaderamente, se origina amor por el prójimo; amor por alcanzar el mundo que nos rodea. ¿Por qué todavía existe esta situación? Con todo lo que la Biblia dice sobre el ministerio del Espíritu en la capacitación del creyente, sobre Su poder y sobre la necesidad de conocer Su Palabra. La esencia del evangelio es un énfasis y un compromiso renovados por el estudio de la Palabra y en forma particular, por las enseñanzas doctrinales. Por lo tanto, si las iglesias desean producir líderes maduros que tengan las marcas de la madurez, deben volver a enseñar. Los cristianos comprenden y viven de acuerdo a las verdades básicas de una vida controlada por el Espíritu. Lamentablemente, en el día de hoy muchos están siendo estimulados y manipulados para hacer buenas obras y cambiar sus vidas, sin la presencia del Espíritu. Lamentablemente muchos no comprenden cómo vivir la vida cristiana en el poder del Espíritu, y bajo la luz de la Palabra. Timoteo era un hombre de buen testimonio. “Después llegó a Derbe y a Listra; y he aquí, había allí cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego; y daban buen testimonio de él los hermanos que estaban en Listra y en Iconio” (Hechos 16:1-2). Ananías el discípulos que oro por Pablo para que recibiera la vista era también un hombre de buen testimonio. “Entonces uno llamado Ananías, varón piadoso según la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí moraban, vino a mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista. Y yo en aquella misma hora recobré la vista y lo miré” (Hechos 22:12-13). ¡Amén!

agosto 05, 2011

Iguales para Dios

La igualdad con la que los hombres y las mujeres fueron creados la vemos enfatizada de una forma nueva en la iglesia. “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días” (Joel 2:28-29). El Espíritu Santo se derramó en la iglesia con poder, y tanto los hombres como las mujeres recibieron dones especiales para ministrar de formas extraordinarias. Los dones espirituales les fueron dados tanto a los hombres como a las mujeres, desde el día de Pentecostés y a través de la historia de la iglesia. Pablo considera a cada cristiano un miembro valioso del cuerpo de Cristo, “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho” (1 Corintios 12:7). Cada don es una manifestación del Espíritu, esto es, una evidencia visible de su actividad. El Espíritu Santo derrama sus dones según su voluntad de acuerdo con la ocasión, desde el punto de vista divino. Después de mencionar varios dones, dice: “Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere” (1 Corintios 12:11). La distribución de los dones a cada persona es una decisión soberana del Espíritu. Pedro también, al escribir a las iglesias esparcidas por toda Asia dice: Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. (1 Pedro 4:10). La iglesia necesita todos los dones que pueda tener una persona. No hay dones que no se puedan poner al servicio de Cristo. Estos textos dicen que tanto los hombres como las mujeres tienen dones valiosos para el ministerio de la iglesia. ¿Quiénes oran con más eficacia, los hombres o las mujeres? ¿Quién puede cantar, alabar y adorar a Dios, los hombres o las mujeres? ¿Quién tiene una mayor sensibilidad espiritual y una relación más profunda con Dios? No debemos responder a esta clase de pregunta. Tenemos la misma capacidad para recibir el poder del Espíritu Santo y para ser usados por Dios en su Iglesia. A lo largo de la historia de la iglesia han habidos grandes hombres, así como mujeres. Ambos han sido grandes guerreros de oración, y han prevalecido sobre los reinos terrenales, y sobre los poderes y fortalezas espirituales mediante la autoridad que han recibido del Señor Jesucristo. En Pentecostés, los hombres y las mujeres que creyeron fueron bautizados: “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” (Hechos 2:41). Esto es significativo porque en el antiguo pacto, la señal del pacto (la circuncisión), la recibían solamente los hombres. Sin embargo en el nuevo pacto la señal del bautismo, es tanto para los hombres como para las mujeres, es una evidencia adicional de que ambos deberían ser vistos como miembros plenos e iguales del pueblo de Dios. Pablo también hace hincapié en la igualdad entre los hijos de Dios en Gálatas: “Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3:27-28). Pablo está aquí subrayando el hecho de que ninguna clase de personas, debería reclamar una posición especial o privilegio en la iglesia. Los esclavos no deberían pensar que son inferiores a los hombres y mujeres libres, ni los hombres libres deberían pensar que son superiores a los esclavos. Los judíos no deberían pensar que son superiores a los griegos, ni los griegos deberían pensar que son inferiores a los judíos. Del mismo modo, Pablo quería asegurarse de que los hombres cristianos no adoptaran las actitudes de las culturas que les rodeaban, o incluso de algunas de las actitudes del judaísmo del primer siglo, o pensar que ellos tenían mayor importancia que las mujeres o que eran de un valor superior para Dios. Tampoco deberían las mujeres pensar que eran inferiores o menos importantes en la iglesia. Los hombres y las mujeres, los judíos y los griegos, los esclavos y los libres son iguales en importancia y valor para Dios e iguales como miembros del cuerpo de Cristo, la iglesia, por toda la eternidad. En términos prácticos, nunca pensemos que hay ciudadanos de segunda clase en la iglesia. Lo mismo si es hombre o mujer, empresario o empleado, judío o gentil, negro o blanco, rico o pobre, sano o enfermo, débil o fuerte, atractivo o no, extremadamente inteligente o lento para aprender, todos son igualmente valiosos para Dios. Esta igualdad es un elemento asombroso y maravilloso de la fe cristiana y pone al cristianismo en un nivel diferente al de todas las otras religiones, sociedades y culturas. La verdadera dignidad de la condición del hombre y la mujer puede alcanzar su plena realización solamente en la obediencia a la Palabra y a la sabiduría redentora de Dios. Somos hijos e hijas de Dios, herederos y herederas con Cristo, de modo que no hay diferencia en este sentido. ¡Amén!

agosto 04, 2011

Una puerta de retorno a Dios

“Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:14-15). El Evangelio es un mensaje que rompe concepciones religiosas y desencadena un movimiento que rebasa los límites del tradicionalismo. No es un conjunto de doctrinas aunque Jesús mismo enseñó muchas cosas; ni es la exposición de un filósofo que se dirige a la razón e inteligencia de sus oyentes. El Evangelio es el mensaje que Dios transmite a través de sus portavoces en un determinado momento. Cada palabra tiene aquí su importancia. La expresión griega empleada aquí para designar “el tiempo”, significa el momento adecuado. Es el tiempo de salvación previsto por los profetas y decretado por Dios; ha comenzado el tiempo de la gracia y de la salvación del pecador. Dios reina de distintos modos: en la creación, en la historia, y principalmente en su pueblo. Cuando Jesús habla del reino de Dios sin explicaciones adicionales, está pensando en el reino divino que se realizará en toda su plenitud, tanto sobre Israel como sobre todos los pueblos y naciones de la tierra. En el hebreo como en el griego bíblico hay varias palabras para expresar la conversión del pecador a Dios. La necesidad del arrepentimiento para entrar en el reino de Dios es algo que el Nuevo Testamento afirma de forma tajante. “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Lucas 5:32). Los fariseos cubrían su pecado con la apariencia de ser personas respetables. Se presentaban en público como hombres buenos, que hacían buenas obras. Jesús decidió invertir su tiempo, no en estos líderes religiosos justos, según sus propios criterios, sino en gente consciente de su pecado. Para llegar a Dios, usted debe arrepentirse; y para hacerlo, debe reconocer su pecado. “El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero. A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados. Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen” (Hechos 5:30-32). El Sanedrín había prohibido a los discípulos que siguieran enseñando acerca de la persona de Jesús, pero ellos habían desobedecido abiertamente esa orden. Los apóstoles eran tenidos no sólo como herejes, sino también como alborotadores. En el relato se refleja claramente las cualidades de los discípulos. Eran hombres de valor; volver a predicar en el Templo hubiera sido inaceptable para cualquier persona sensata. Obedecer la orden de predicar el Evangelio era asumir un gran riesgo; pero ellos lo hicieron. Eran hombres de principios, y su prioridad era obedecer a Dios en todas las circunstancias, eso era lo más importante para ellos. Tenían una idea clara de su misión. Sabían que eran testigos de Cristo y que un testigo es esencialmente alguien que dice lo que sabe. Es alguien que sabe por experiencia que lo que dice es verdad. Y es imposible detener a un hombre así, porque es imposible detener la verdad. “Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!” (Hechos 11:18). Este era un punto decisivo para la iglesia primitiva. Tenían que aceptar a los que Dios eligió, aunque fueran gentiles. Pero la alegría por la conversión de los gentiles no era unánime. Esto continuó siendo un problema para algunos cristianos de origen judíos. Se necesitaría la intervención de Pedro, Santiago y Juan, así como de Pablo y Bernabé para obtener y asegurar la verdad y libertad del Evangelio. “Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial, sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento” (Hechos 26:19-20). El arrepentimiento es el precursor de la experiencia del hombre pecador con la gracia de Dios. “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?” (Romano 2:4). Dios manda a todos los hombres ahora que se arrepientan. “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17:30-31). Es por Su gracia y para Su gloria que se abre esta puerta de retorno a Dios. Su santidad y Su justicia han sido vindicadas por la muerte de Cristo. En la predicación apostólica el arrepentimiento es uno de los temas centrales; ya desde la predicación de Jesús lo encontramos como una de las exigencias del reino, y el día de Pentecostés, en su sermón, Pedro termina invitando a los oyentes a arrepentirse de sus pecados y convertirse a Cristo. En el Nuevo Testamento la palabra “arrepentimiento” es, por lo general, la traducción de la palabra griega “metanoia”, que significa un cambio de actitud, un cambio de mentalidad y de nuestros planes para la vida. La Biblia nos indica la centralidad de esta realidad y de esta doctrina en el mensaje de Cristo y de los apóstoles. La razón por la que Dios te llama al arrepentimiento es porque no quiere que tú te pierda y pase una eternidad en el infierno. Es hora de pensar y ver que a través de Cristo se abrió una puerta para la salvación por Su gracia; tú decide ¡Amén!

agosto 03, 2011

El poder de una visión

“Sin profecía (sin visión) el pueblo se desenfrena; mas el que guarda la ley es bienaventurado” (Proverbios 29:18). La palabra jazon significa una visión profética, sueño, oráculo o revelación. Este sustantivo aparece 35 veces y proviene de la raíz Jazáh que quiere decir “ver, observar, contemplar y percibir”. La visión es en una persona la fuente y la esperanza de vida. Es el más grande de los dones de Dios al ser humano, no es el don de la vista, sino la visión. La vista es una función de los ojos; la visión es una función del corazón. Todo lo que es noble o digno en la tierra, ha sido hecho por un hombre o mujer con una visión. Ningún invento, estadio de desarrollo o logro ha sido realizado sin el poder inspirador de esta misteriosa fuente. Las iglesias nacen y se desarrollan a través de líderes visionarios; con la fuerza creadora de una visión. Los logros sociales, económicos, arquitectónicos, médicos, científicos y políticos, así como todos los avances, son hechos por el poder de una visión. Una iglesia atrapada, sofocada por las tradiciones de sus experiencias pasadas, y sepultada en la tumba de las glorias y triunfos del pasado, está condenada a morir. Se necesita retornar a la vida, a través de la visión de Dios. La visión es la clave para abrir las puertas de lo que fue, de lo que es, y de lo que llegará a ser, pero que todavía no existe. La visión te libera de tus limitaciones y te permite entrar a la libertad del deseo que el Espíritu pone en tu corazón. Es la visión la que hace que lo invisible se haga visible y que lo desconocido se convierta en una posibilidad. El poder de la visión que Dios te ha dado hace que el sufrimiento y desilusión se conviertan en algo que es posible soportar. La visión que Jesús tenía de la gloria le ayudó a soportar la cruz. La visión genera esperanza en medio del desaliento y provee fortaleza en medio de la tribulación. La visión inspira a los deprimidos y motiva a los desanimados. Sin visión, la vida sería solo un ciclo de frustraciones dentro de un remolino de desalientos. La visión es el fundamento del coraje y es el combustible de la persistencia. Así como la fe es el combustible de la esperanza. Las condiciones prevalecientes del mundo bastan para producirnos temor, falta total de esperanza, desconcierto, inseguridad, traumas emocionales y sociales, depresión, desilusión, desánimo y desaliento. La amenaza de un colapso económico, la desintegración social, la decadencia moral, la inestabilidad política, las epidemias, la destrucción étnica y el choque de las civilizaciones demanda un liderazgo que pueda ver más allá; hacia un futuro mejor y que tenga la habilidad de transformar esa visión en una realidad. Salomón, declaró “Donde no hay visión, el pueblo perece” (Proverbios 29:18). Estas palabras han sido referidas y repetidas por millones de personas a través de los años debido a que ellas capturan el significado y la función de la visión individual, corporativa y nacional. La esencia total de esta declaración implica que, donde no existe revelación, la gente se desenfrena, pierde la disciplina personal y todo tipo de control, la visión es la fuente de la disciplina personal y corporativa. Hay muchos que no tienen visión para su vida; otros que tienen una visión, pero se encuentran en medio del fango de la confusión, sin saber qué hacer y aquellos que tienen una visión, pero que la han abandonado debido al desaliento, al desánimo, o alguna forma de fracaso y frustración. Tú naciste para llevar a cabo algo importante, fuiste destinado para marcar la diferencia en tu generación. Tu vida no es un experimento, sino un proyecto de Dios para cumplir un propósito en tu generación. Este propósito es la fuente de tu visión y es lo que le da significado a tu vida. El Espíritu quiere animarte para que creas en tus sueños y para que te conectes con tu visión: Dios está esperando que reacciones. Tu futuro no está delante de ti-se encuentra dentro de ti. Debes ver más allá de tus ojos y debes vivir para realizar aquello que no se ve todavía, Tu visión determina tu destino. No siga viviendo como vasos de barro, porque aunque ere de barro por fuera, ere oro puro por dentro. El oro son tus sueños en Dios; sueños que todavía no se han hechos una realidad, pero que se harán una realidad, este es el propósito de Dios para tu vida, que por alguna razón no se ha realizado. No importa quién eres o en qué país vivas, Dios tienes un propósito contigo, porque cada ser humano nace para un propósito. Dios creó a cada persona con una visión única. Él tiene planes tremendos para ti que nadie más puede llevar a cabo. ¿Cómo puede remover ese barro y descubrir el oro que está dentro de ti; tus sueños, tus talentos? Tu puede ser refinados a través de un proceso que te lleve a descubrir y cumplir la visión de tu vida. Para que el oro puro de tus talentos, que son únicos, llegue a brillar. Cada persona es un líder dentro de su propia visión, ere tú la única persona y nadie más la que puede realizar, nutrir y llegar a cumplir tu visión. Levántate en Dios y deja fluir el poder de la visión que tiene. Hermano ¿Cuál es tu visión? ¿Qué es lo que siempre has deseado hacer? ¿Cuál es el deseo de tu corazón? ¿Cuál es tu sueño? Cuando tú seas capaz de comenzar a ver tu sueño claramente, tú vas a ser capaz de cumplir el propósito de Dios para tu vida. (Los que deseen profundizar sobre este tema, le invito a leer el libro: Los principios y el poder de la visión por Myles Munroe). ¡Amén!

agosto 02, 2011

Creyendo en el poder sanador de Dios

“Esta dijo a su señora: Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra” (2 Reyes 5:3). Esta joven hebrea, esclava de la esposa de Naamán, le hizo saber a éste que el profeta de Israel podía sanarle de la lepra. A pesar del hecho de que Naamán la había llevado cautiva en una de sus incursiones militares, la muchacha demostró un sincero interés en su bienestar. Con un corazón lleno de amor y compasión, se acercó a la esposa de Naamán y le habló de Eliseo. Dios la había colocado allí con un propósito, y ella fue fiel. El testimonio de fe de la joven no sólo creó confianza en el general sirio, sino que también el rey de Siria, creyó por el testimonio de Naamán. No importa si tenemos una posición humilde o pequeña, Dios puede usarnos para predicar su Palabra. Busquemos las oportunidades para decirles a los que nos rodean lo que Dios puede hacer por ellos. Hacemos bien cuando testificamos a otros tanto del poder salvador como del poder sanador de Jesús. Cuando Naamán se entera de que podía ser sanado de su lepra, realiza los trámites por vía diplomáticas, “de rey a rey”. El narrador resalta con agudeza la reacción y la respuesta del rey de Israel, quien sospecha que el rey sirio busca un pretexto para atacarlo. La fe de la joven y la petición de Naamán contrastan con la terquedad del rey de Israel. Se daba cuenta de que esa enfermedad sólo podía ser curada por Dios, pero su fe en Dios no le alcanzaba para creer que el Señor podía usar a un hombre para sanar a Naamán de su enfermedad. Mientras el rey estaba desesperado, el profeta de Dios estaba lleno de esperanza. En los momentos de dificultad y perplejidad vale la pena recordar que hay un Dios en el cielo que nos mira con amor y misericordia. Cuando el rey de Israel no encuentra una solución, es cuando entra en escena uno que no posee los títulos ni la importancia social ni política del resto de los actores, pero que posee el poder para curar al enfermo y el carácter de un hombre de Dios. El profeta estaba ansioso de que Naamán conociera el amor y el poder del Dios de Israel. La finalidad de la intervención de Eliseo en este asunto es la de probar la superioridad del Dios de Israel, cuya acción no está limitada a los estrechos límites de Palestina. Cuando llegó el general sirio con su imponente comitiva a la casa del profeta, Eliseo le envió un mensaje: “Ve, lávate siete veces en el Jordán”. Este recibimiento, aparentemente tan descortés para un extranjero de tan alta dignidad, exasperó de tal modo a Naamán, que decidió irse, jactándose desdeñosamente: “los ríos de Damasco son mejores, que todas las aguas de Israel”. A Naamán se le dijo que se lavara siete veces en el río Jordán y esto le molestó mucho. Su soberbia y orgullo oculto salieron a la luz, pero fueron la obediencia y la sumisión la que le abrieron el camino de la sanidad, las puertas de esa humilde vivienda eran las puertas a la vida y a la esperanza. Naamán tenía sus propias ideas, pero no coincidían con las de Dios. Muchas veces los siervos demuestran que son más sabios que sus amos, y los subordinados más inteligentes que los reyes. Al hacer caso a las palabras de sus criados, Naamán encontró el camino a la vida y la salud. La curación no se habría efectuado si no hubiese acatado las palabras del profeta. Pero cuando actuó según se lo había mandado el profeta, sanó de su lepra. Cuando Dios habla mediante un profeta, hay que dejar de lado la opinión personal y aceptar el mensaje del Señor. Sólo así podremos andar en sus caminos y participar de sus bendiciones. La obediencia constituye un requisito para recibir sanidad. A los leprosos Jesús les dijo: “Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados” (Lucas 17:14). Antes de sanarlos, Jesús prueba su fe y su obediencia enviándolos a los sacerdotes y mientras iban, el milagro de sanidad ocurrió. Fueron sanados luego de haber obedecido. La fe se pone en evidencia a través de la obediencia. Los leprosos clamaron a Jesús en una situación desesperada; Él los curó, y nueve de los diez no volvieron a darle las gracias. Los cristianos agradecidos crecerán en el conocimiento de la gracia de Dios. Dios no demanda que le demos gracias, pero se complace cuando lo hacemos. La conciencia de ser leprosos espirituales debería hacernos humildes cada vez que nos acercamos a Cristo. “Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio” (Lucas 4:27). ¡Amén!

agosto 01, 2011

Dios nunca nos fallará

“Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia; porque mi ira se apartó de ellos” (Oseas 14:4). Cuando nuestra voluntad es débil, cuando nuestra razón está confundida, cuando nuestra conciencia está cargada de culpabilidad, debemos recordar que Dios nunca nos fallará. Cuando la familia o los amigos nos abandonen, cuando nuestros colaboradores no nos comprendan, cuando nos cansemos de ser buenos, Dios estará con nosotros para consolarnos. Cuando no podamos ver la salida o no podamos escuchar la voz de Dios, cuando nos falte valor para continuar, Dios guiará nuestros pasos y nos sostendrá con su poder. Cuando nuestros defectos nos persigan y la conciencia de nuestros pecados nos abrume, Dios nos mostrará su gracia y su misericordia. Dios responde a una oración de arrepentimiento sincero. Cuando nuestros pecados han sido perdonados y la justicia de Cristo nos cubre, entonces, aunque hayamos sido pecadores, Dios nos recibe y nos acepta como hijo. Como el rocío desciende cada noche, así Dios nos proporciona su gracia y su misericordia cada día. “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado” (Efesio 1:3-6). Este pasaje expresa la generosidad de esta obra y señala el medio divino a través del cual fue manifestada, “en el Amado” o sea en Cristo. Es en la persona de nuestro Señor Jesucristo que Dios “nos hizo objeto de su gracia”. “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:14). Dios promete perdonar a su pueblo y sanar su tierra si se arrepiente de sus malos caminos. Dios establece cuales son las condiciones, si queremos experimentar y recibir sus bendiciones. Para formar parte del pueblo de Dios, debemos abandonar el pecado, dejar a un lado el egoísmo, orar a Dios y someter nuestros deseos a la autoridad de la Palabra y a su voluntad. Solamente así contestará Dios desde los cielos. Hemos sido llamados a formar parte del pueblo del pacto; y este pacto está basado en la confianza y la obediencia. El deseo de Dios es que los pecadores se humillen, abandonen sus pecados, se vuelvan a él y vivan. Dios no se deleita en el sufrimiento y en la muerte del impío, y con afán insta a los pecadores a que se arrepientan y se aparten de sus transgresiones para que la iniquidad no les acarree la ruina. “He visto sus caminos; pero le sanaré, y le pastorearé, y le daré consuelo a él y a sus enlutados” (Isaías 57:18). “He visto sus caminos; sin embargo, yo lo sanaré”; Dios restaurará a su pueblo en un sentido espiritual y temporal. El Espíritu de Dios producirá una nueva actitud en nuestros corazones y nuestros “caminos” serán caminos de fe y arrepentimiento. “Más yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Jehová; porque desechada te llamaron, diciendo: Esta es Sion, de la que nadie se acuerda” (Jeremías 30:17). Dios no olvidará a sus escogidos. Con amor sanará sus heridas. Nuestra situación lejos de constituir un obstáculo para la gracia de Dios, es más bien una oportunidad para recibirla. Siempre y cuando estemos dispuestos a humillarnos y convertirnos de todo corazón. “Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne” (Ezequiel 11:19). Dios promete renovarnos por el poder de su Espíritu y transformar nuestro ser interior para que la gloria de Dios se manifieste en nosotros de una forma continua. Dios quiere glorificarse pero hay obstáculos que están impidiendo esto. Sin embargo, Dios promete quitar esos obstáculos y bendecirnos. Algo poderoso está por suceder que marcará nuestra vida y cambiará nuestra tristeza en gozo. Dios hará temblar al reino de las tinieblas y sobre nosotros resplandecerá la luz. Estos cambios serán profundos y traerán bienestar, prosperidad y crecimiento. Es Dios quién nos hará fructificar para que seamos de bendición para nuestras familias, iglesias, amigos, compañeros, vecinos etc. ¡Amén!