“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16:13-14).Hay una determinada economía tanto en la creación como en la obra de redención; las Escrituras nos hablan del Padre y de nuestra creación, del Hijo y de nuestra redención, y del Espíritu Santo y de nuestra santificación. El Espíritu Santo tiene su propia personalidad, y un mérito distinto al del Padre y al del Hijo; y por lo tanto, deberíamos distinguir entre la obra redentora de Cristo para nuestra salvación, y su aplicación. Cristo cumplió con todas las demandas de la justicia divina pero su obra no ha sido terminada todavía. Jesús continúa intercediendo por nosotros con el propósito de hacernos poseedores de todas las bendiciones de la salvación. La tarea de aplicar los beneficios de la muerte y resurrección de Cristo es realizada por el Espíritu Santo. Pero aunque esta obra sobresale en la economía de la redención, no puede, ni por un momento, separarse de la obra de Cristo. Las Escrituras demuestran con claridad que no todas las operaciones del Espíritu Santo son parte esencial de la obra salvadora de Jesucristo. La penetración intelectual, y la capacidad para entender los problemas de la vida, son el resultado de la iluminación del Espíritu Santo. El Espíritu vino y descansó sobre los setenta ancianos que habían sido designados para ayudar a Moisés en el gobierno y en la administración de justicia. Hay también un reconocimiento claro de la operación del Espíritu Santo en la esfera intelectual. Eliú habla de esto cuando dice: “Ciertamente espíritu hay en el hombre, y el soplo del Omnipotente le hace que entienda” (Job 32: 8). Josué fue elegido como el sucesor de Moisés, porque tenía el Espíritu del Señor (Números 27: 18). Cuando Saúl y David fueron ungidos como reyes, el Espíritu del Señor vino sobre ellos. El Espíritu de Dios también obró con claridad en los profetas como el Espíritu de revelación. David dice: “El Espíritu de Jehová ha hablado por mí, y su palabra ha estado en mi lengua’’ (II Samuel 23: 2). Nehemías testifica: Les soportaste por muchos años y les testificaste con tu Espíritu por medio de tus profetas pero no escucharon (Nehemías 9: 30). Ezequiel habla de una visión por el Espíritu: “Luego me levantó el Espíritu y me volvió a llevar en visión del Espíritu de Dios a la tierra de los caldeos, a los cautivos. Y se fue de mí la visión que había visto” (Ezequiel 11: 24). Zacarías dice: “Y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas” (Zacarías 7:12). El Espíritu, es el que le da origen a la nueva vida, la hace fructificar, la guía en el proceso de desarrollo, y la conduce a su destino final. El Espíritu Santo es el que da origen, sustenta, desarrolla y guía la vida, y controla los devastadores resultados e influencias del pecado con el único propósito de preservar la vida. Nuestra nueva vida nace, se nutre y es perfeccionada por el Espíritu. Por medio de esta operación especial el Espíritu Santo destruye el poder del pecado, transforma al hombre a la imagen de Dios y lo capacita para obedecer, para ser sal de la tierra, y luz del mundo. El pacto por medio del cual Dios hizo provisión para la salvación de los pecadores, es el pacto de gracia, y así como el Mediador del pacto apareció “lleno de gracia” de tal manera que podemos recibir de su plenitud “gracia sobre gracia”, Juan 1: 16, 17, de la misma manera también el Espíritu Santo se llama “el Espíritu de gracia”; puesto que toma de “la gracia de Cristo” y nos la confiere. La gracia es un atributo de Dios, y una de sus perfecciones divinas. La gracia es el favor inmerecido o amor de Dios para el hombre en su estado de pecado y culpa, que se manifiesta en el perdón del pecado y en la liberación de la pena merecida. La gracia está relacionada con la misericordia de Dios y se distingue de su justicia. Es una designación de la provisión que Dios hizo en Cristo para la salvación del hombre. Cristo como el Mediador es el receptáculo viviente de la gracia de Dios. Pablo habla repetidas veces, en las salutaciones finales de sus Epístolas, de “la gracia de nuestro Señor Jesucristo”, y nos recuerda la gracia de la que Cristo es la causa. Juan dice: “La ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo”, (Juan 1: 17). La palabra “gracia” se usa para designar el favor de Dios tal como se manifiesta en la aplicación de la redención por medio del Espíritu Santo. Es comprensivo que se use este nombre para los dones, las bendiciones y las gracias espirituales que son producidas en los corazones y en las vidas de los creyentes por medio de la operación del Espíritu Santo. ¡Amén!
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Estamos dedicado al estudio de las Escrituras. Analiza conmigo tema de erudición, teología sistematica y dogmática; teología fundamental, moral y crítica; hermenéutica, homilética, exégesis, lingüística, sociología, psicología pastoral, historia, guerra espiritual, liderazgo y mucho más.¡Únete!
marzo 27, 2012
febrero 16, 2012
Las riquezas de la gracia
Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad…” (2 Corintios 8:1–6). El sacrificio de Cristo no empezó en la cruz. Ni siquiera con su nacimiento. Empezó en el Cielo, cuando se despojó de su gloria para venir a la tierra. El verdadero creyente es aquel que pone en acción sus mejores sentimientos. Es una verdadera tragedia cuando nuestros impulsos no pasan a la acción y cuando nuestros deseos no pasan de ser eso “buenos deseos”. Aunque ofrendar es algo loable, no todos están listos para hacerlo. “No todos los hombres consideran que es una bendición dar, ni lo relacionan con la gracia de Dios”. Las tres iglesias que Pablo fundó en Macedonia eran las que estaban en Filipos, Tesalónica y Berea. De estas congregaciones, la de Filipos repetidamente envió ayuda financiera a Pablo mientras él estaba en Tesalónica y más tarde cuando estaba bajo arresto en Roma, solo ellos fueron generosos con el apóstol Pablo. (Filipenses 4:16–18). Las iglesias y los creyentes simplemente deben limitarse a hacer el trabajo que Dios requiere. Pablo dice que Dios es el agente por medio del cual se concede la gracia, así evita provocar una competencia innecesaria entre las iglesias. Los macedonios sabían que durante sus sufrimientos el Señor nunca les falló; esto hizo posible que su gozo fuera ilimitado, a pesar de su pobreza, eran personas generosas. Cuando Pablo habla de “la riqueza de su generosidad”, es como cuando habla de “las riquezas de la gracia de Dios” (Efesios 1:7) “las riquezas de su benignidad” (Romanos 2:4) “las riquezas de su gloria” (Romanos 9:23) o “la riqueza de un entendimiento pleno” (Colosenses 2:2). Pablo ve las riquezas en relación con Jesucristo y la obra de redención y esto fue lo que observó en las iglesias de Macedonia. Por lo que testifico que dieron según sus posibilidades y más allá de sus posibilidades. Sin ningún tipo de presión por parte de Pablo o sus colaboradores, los macedonios estuvieron listos para dar. En forma espontánea expresaron su deseo de dar. Por su Palabra y su Espíritu, Dios abrió sus corazones para que reaccionaran de forma generosa. Si los macedonios hubiesen donado una determinada suma, Pablo habría estado agradecido. Pero fueron más allá de todas las expectativas. El entusiasmo que desplegaron al dar estuvo dirigido al Señor. Jesús fue el receptor de su gratitud por los dones espirituales que habían recibido de él. Sabemos que Dios nos revela su voluntad a través de las Escrituras y la predicación del evangelio. Él está en control mientras dirige y guía a su pueblo para que viva una vida llena de gratitud. Debemos hacer de Jesucristo el centro de nuestras vidas de tal manera que sea él quién reciba el honor, la alabanza y la gloria por las obras que realizamos. Pablo dice, “vosotros conocéis”, lo que significa que ellos habían experimentado personalmente y habían llegado a conocer la gracia de Cristo. Ellos estaban en condiciones de hablar y de testificar de sus experiencias. Pertenecían a Cristo Jesús y habían recibido de él incontables bendiciones. El Señor Jesucristo nos concede libremente su gracia, y él espera que nosotros reflejemos su gracia. Pablo da una explicación de la gracia que el Señor Jesucristo nos concede. Pablo enseña junto a otros escritores del Nuevo Testamento de la preexistencia de Jesús. Las riquezas de Jesús no tienen que ver con su existencia terrenal sino con su estado preexistente. Pablo escribe a los corintios y le dice: Por ustedes Jesucristo se hizo pobre. Pero ¿cuál es el sentido de la expresión se hizo pobre? ¿Se identificó con aquellos que son económicamente débiles? Jesús se identificó con los débiles cuando dijo: “Los zorros tienen sus cuevas y los pájaros de los aires sus nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene un lugar donde recostar su cabeza” (Mateo. 8:20). Pero durante su ministerio terrenal Jesús no despreció a los ricos. Comió en sus casas, le dio consejo al joven rico, y estuvo “con los ricos en su muerte” (Isaías 53:9). ¿Se relacionó únicamente con los pobres en espíritu, los mansos que son llamados bienaventurados? No, porque sus discípulos Juan y Santiago, a quienes él llamó “hijos del trueno”, estaban lejos de ser mansos y humildes (Lucas 9:54; Mateo 20:21). Enviar a su Hijo para que naciera, sufriera y muriera por los pecadores es el regalo indescriptible de Dios. Abandonando su gloria, Nace para que el hombre no muera más, Nace para levantar a los hijos de la tierra, Nace para darles un segundo nacimiento. ¡Amén!febrero 09, 2012
No limite tu fe
“Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo” (1 Pedro 3:14-16). En Jesús se personifica el eterno propósito de Dios. Los escritores del NT rara vez separan la cruz [los sufrimientos del Mesías] de la resurrección [la victoria del Mesías]; rara vez piensan en el sacrificio del Mesías sin pensar en su triunfo. Los cristianos somos personas que pertenecemos a Dios, porque Dios nos ha elegido para una labor en el mundo, esto es, para proclamar el Evangelio y defender el propósito de Dios; es preciso decir que Dios nos ha elegido y marcado con un propósito. Hemos sido elegidos y destinados a vivir con él en el tiempo y en la eternidad. En el mundo tenemos que obedecer Sus leyes y reproducir la vida de Dios. Se nos ha encomendado la tarea de ser diferente y de reflejar la luz de Dios. Cuando hacemos la voluntad de Dios; existe la posibilidad de enfrentar numerosas persecuciones y adversidades, sin embargo, aunque la persecución sea sangrienta y agresiva, nuestra defensa de la fe debe ser hecha con humildad y sencillez de corazón. Nuestra defensa de la fe debe ser lo suficientemente inteligente y clara. “Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 1:3). No limitemos nuestra fe a nuestras capacidades y fragilidad humana. La muerte del Mesías en la cruz y su resurrección como quiera que la expliquemos representan el triunfo definitivo del creyente y su completa restauración. Al ser restaurada nuestra relación con Dios, su poder está a nuestra disposición. A Pablo le fue dicho: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. La debilidad del creyente es un cauce por medio del cual fluye el poder de Dios. Pablo se refiere a la muerte del Señor y dice: “Porque aunque fue crucificado en debilidad, vive por el poder de Dios. Pues también nosotros somos débiles en él, pero viviremos con él por el poder de Dios para con vosotros” (2 Corintios 13:4). Jesús se sacrificó a sí mismo para restablecer nuestra relación con Dios. La obra del Mesías es infinita en su aplicación; nosotros, por mucho que suframos, no podremos redimir a nadie, ni siquiera a nosotros mismos pero Jesús puede redimir a todos los que se acercan a él por medio de la fe. “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad” (Colosenses 2:9-10). Como he dicho más arriba nuestra victoria no depende en absoluto de nuestras habilidades ni de nuestros recursos, sino del poder de Jesús. “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados,…”. ¡Amén!
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febrero 06, 2012
Pirañas en el río
«Me condujo nuevamente a la entrada de la Casa, y he aquí aguas que salían de debajo del umbral de la Casa hacia el oriente, porque la fachada de la Casa miraba al oriente, y las aguas venían desde abajo, del lado derecho de la Casa, al sur del altar. Luego me sacó afuera, por el camino de la puerta del norte, y me hizo dar una vuelta por el camino de afuera, hacia el exterior, por el camino que daba al oriente, y he aquí las aguas salían por el lado sur. Cuando el varón salió hacia el oriente con el cordel en su mano, midió mil codos, y me hizo pasar por las aguas, hasta los tobillos. Otra vez midió mil codos, y me hizo pasar por las aguas, hasta las rodillas. Midió luego otros mil, y me hizo pasar por las aguas, hasta los lomos. Midió otros mil, y ya era un río por el que no podía pasar, porque las aguas habían crecido de manera que el río no se podía pasar sino a nado» (Ezequiel 47:1-5). Este río simboliza la gracia, la vida y las bendiciones que provienen de Dios y que fluyen de su trono. Ezequiel dice que la muerte le sedería su lugar a la vida [simbolizado esto por la sanidad], si esto es correcto, no entiendo por qué hay tantas pirañas y depredadores en las iglesias. No podemos negar que del costado herido del Mesías aún está fluyendo el río de Dios, Jesús es tanto el templo como el altar de donde brota este río de sanidad. «Respondió Jesús, y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le pedirías, y Él te daría agua viva» (Juan 4:10). El Mesías es el agente divino de la redención y lo que vemos en este pasaje es una ilustración de lo que ocurre con la redención espiritual. «Porque dos males ha hecho mi pueblo: Me abandonaron a mí, fuente de agua viva, Y cavaron para sí cisternas, Cisternas rotas que no retienen el agua» (Jeremías 2:13). Israel abandonó al único Dios verdadero por un objeto indigno de adoración, construyó su propio sistemas religiosos para determinar la verdad, pero estos sistemas no tenían ningún valor. Si entiendo bien estas pirañas no están en el río de Dios sino en estos estanques construidos y defendido por el hombre pero aborrecido por Dios. Las pirañas son extremadamente voraces y cuando se excitan, pueden convertir a un mamífero en un montón de hueso. A muchos le cuesta mantener su adhesión a Dios [tienen dificultades]; estas personas son como el mar muerto, en sus aguas bituminosas, no hay vida animal ni vegetal. Es notable la visión del río que fertiliza las tierras. La presencia de Dios nos hace fértil y productivos. El Dios invisible se manifiesta por medio de la vida que nos comunica, sin Dios somos completamente estéril. «El que cree en mí, como dijo la Escritura, de su vientre fluirán ríos de agua viva. Esto dijo acerca del Espíritu que iban a recibir los que creyeran en Él, porque todavía no había Espíritu, pues Jesús no había sido aún glorificado» (Juan 7:38-39). Los que creen en Jesús, se convierten en canales para la revitalización espiritual de La Iglesia. La figura de ríos contrasta con la de «una fuente», e ilustra la diferencia entre el nuevo nacimiento y la experiencia de la plenitud de una vida llena del Espíritu. Juan interpreta las palabras de Jesús como una referencia al derramamiento del Espíritu Santo que todavía estaba por ocurrir. La plenitud del Espíritu sería una bendición que todo el pueblo de Dios podría experimentar. El Espíritu Santo le dio poder a la Iglesia el día de Pentecostés y desde entonces ha estado al alcance de todos los que aceptan a Jesús como su Salvador. «Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y cuyos cabellos eran como lana purísima. Su trono era de llamas de fuego, y éste tenía ruedas de fuego abrasador. Un río de fuego corría y salía de delante de Él. Millares de millares lo servían, y millones de millones estaban de pie ante su presencia. Entonces el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos» (Daniel 7:9-10). Si no dejamos que el río de Dios corra por nuestro interior, lo harán los ríos llenos de pirañas y depredadores. ¡Amén!febrero 03, 2012
Cuando Dios desciende
.“Mas vuestros ojos han visto todas las grandes obras que Jehová ha hecho” (Deuteronomio 11:7). Cuando existe un letargo en el pueblo de Dios el cumplimiento de las promesas de Dios se detiene y el trabajo de los siervos de Dios se hace penoso e insoportable. Es difícil trabajar donde no hay nada de la presencia de Dios cuando existen condiciones así, es necesario que se rompan los cielos. “¡Oh, si rompieses los cielos, y descendieras, y a tu presencia se escurriesen los montes, como fuego abrasador de fundiciones, fuego que hace hervir las aguas, para que hicieras notorio tu nombre a tus enemigos, y las naciones temblasen a tu presencia!” (Isaías 64:1-2). Necesitamos que Dios haga a favor nuestro las mismas cosas que hizo a favor de la iglesia primitiva. No podemos oír con el oído físico, sólo con el auxilio del Espíritu Santo podemos “percibir” con el “corazón” el sentido espiritual de los actos de Dios. Cuando hay presencia de Dios, el Espíritu Santo nos revela no solo los poderosos hechos del pasado realizados por Dios sino también las maravillas del presente; cosas que ningún ojo vio ni oído oyó jamás. Estas cosas estaban totalmente ocultas de la sagacidad humana cuando los profetas las predijeron y no fueron comprendidas por ellos ni creídas por la nación de Israel. Es después de la venida del Mesías que podemos entenderla por la enseñanza interior del Espíritu. “Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual (1 Corintios 2:12-13). En las múltiples crisis de la vida, a veces alzamos nuestros ojos a Dios y anhelamos su presencia. Buscamos así una respuesta o una solución. La presencia de Dios en nuestras vidas nos garantiza que él responderá a nuestras necesidades. Su presencia es de gran bendición para cada uno de nosotros. Dios no se esconde de nosotros, él siempre está disponible para escuchar nuestras plegarias. Los que creemos en el Mesías y en las Escrituras podemos creer en Dios. El está al lado de los que lo buscan y promete darle grandes bendiciones a cada uno de sus hijos. Podemos regocijarnos al saber que Dios nos ama, nos escucha y nos socorre. Dios no permanecerá airado para siempre los cielos se romperán y su Espíritu descenderá con poder y gran gloria sobre el verdadero pueblo de Dios. “Nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para apoyarse en ti; por lo cual escondiste de nosotros tu rostro, y nos dejaste marchitar en poder de nuestras maldades” (Isaías 64:7). Si entendiéramos la intervención de Dios como una expresión de su misericordia, de su bondad, de su compasión y de su gran amor; comprenderíamos la necesidad que tenemos de buscar a Dios. Apelemos con fe y confianza al carácter paternal de Dios. Podemos captar el mensaje espiritual, reconociendo la venida del Mesías a nuestros corazones tanto en el momento de nuestra conversión como en muchas de nuestras experiencias espirituales. Jesús vino y cumplió su misión en la tierra y nos dejó con la responsabilidad de llevar su mensaje a todos los que no han tenido la oportunidad de escuchar y aceptarlo. Esto es un desafío que nos mantendrá ocupados hasta que él venga por segunda vez. Ningún poder del infierno ni terrenal puede impedir el mover del Espíritu Santo. Satanás ha descendido en estos últimos días con gran ira pero ni Satanás ni los demonios ni ningún poder terrenal pueden asaltar a la iglesia si el Espíritu Santo está en ella. ¡Que se habrán los cielos! ¡Amén
enero 27, 2012
Los secretos de Dios
“¿Descubrirás tú los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso?” (Job 11:7). Dios es incomprensible, pero puede ser conocido, conocerlo es un requisito indispensable para la salvación. “¿A qué, pues, haréis semejante a Dios, o qué imagen le compondréis?” (Isaías 40:18). Dios no precisa de nuestras pequeñas ideas ni de nuestros consejos para ser Dios, él es el Dios todopoderoso, el creador y sustentador de todas las cosas. Es un absurdo concebir a Dios, tal como es visto por nuestros toscos sentidos. Nosotros solo podemos conocer a Dios hasta donde él se ha dado a conocer y sin embargo, es preciso conocerle para ser salvo. “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3). En este versículo aparece un marcado contraste entre “el Dios verdadero” y los dioses falsos. Jesús nos ha dado ha conocer al Dios verdadero y tener este conocimiento implica tener la vida eterna. “Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna” (1 Juan 5:20). Juan utiliza un juego de palabras para darnos a entender lo que significa tener vida eterna. Es necesario conocer al Señor y permanecer en él. Pensemos en las fórmulas paulinas más importantes, “en él”, “en Cristo”, “en Cristo Jesús”, que ocurren 164 veces en sus escritos. Por medio de estas expresiones, Pablo nos enseña que hemos sido escogidos “en él antes de la fundación del mundo” (Ef. 1:4), llamados (1 Corintios 7:22), hechos vivos (Efesios 2:5), justificados (Gálatas 2:17), creados “para buenas obras” (Efesios 2:10), santificados (1 Corintios 1:2), enriquecidos “en él, en toda palabra y en toda ciencia” (1 Corintios 1:5). El apóstol nos dice que únicamente en el Mesías tenemos redención (Romanos 3:24), vida eterna (Romanos 6:23), justificación (1 Corintios 1:30), sabiduría (1 Corintios 4:10), libertad de la ley (Gálatas 2:4), y toda bendición espiritual (Efesios 1:3). Lutero habla repetidamente de Dios como del “Deus Absconditus (el Dios escondido) para distinguirlo del Deus Revelatus (el Dios revelado). En algunos pasajes hasta habla del Dios revelado, como que aún está escondido, en vista del hecho de que no podemos conocerlo plenamente ni siquiera por medio de su revelación especial. Calvino consideraba que para el hombre es imposible investigar las profundidades del Ser de Dios. “Su esencia”, dice, “es incomprensible de tal manera que su divinidad escapa completamente a los sentidos humanos”. Los reformadores no negaban que el hombre puede saber algo de la naturaleza de Dios por medio de la creación, pero afirmaban que el hombre puede adquirir el verdadero conocimiento de Dios únicamente por medio de la revelación especial, y bajo la iluminadora influencia del Espíritu Santo. Gracias a Dios que no nos hemos quedados en la oscuridad, sino que hemos sido alumbrados por la luz de Su divina Palabra como decía el salmista: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino”. El único medio objetivo que tenemos para conocer a Dios, es su Santa Palabra, los demás son medios sujetivos que pueden llevarnos a concebir a Dios de una forma equivocada. Lo lamentable es que muchos no estudian las Escrituras ni contribuyen con su enseñanza; muchos están fascinados con los artistas y los conciertos como si el arte fuera el medio para conocer al Dios verdadero. La adoración es lo que nosotros les damos a Dios, la Palabra es lo que Dios nos da a nosotros; la adoración es finita, la Palabra es infinita, etc. ¡Amén!
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enero 25, 2012
La garantía de mi herencia
La tarea del Espíritu Santo es la de manifestar la presencia activa de Dios en el mundo, especialmente en la iglesia. En el Antiguo Testamento, la presencia de Dios se manifestó muchas veces en la nube de gloria, y en las apariciones o teofanías. En los evangelios Jesús mismo manifestó la presencia de Dios, él es Emmanuel [Dios con nosotros]. Pero después de la ascensión de Jesús a los cielos, y continuando a lo largo de toda la era de la iglesia, el Espíritu Santo es el que manifiesta la presencia de Dios y él mismo es la manifestación de la presencia de Dios entre nosotros. Él es el que está prominentemente presente entre nosotros. El Espíritu Santo completa y sostiene lo que el Padre ha planeado y lo que el Hijos de Dios ha empezado. El Espíritu Santo es el que viene a la iglesia con gran poder; debido a que el Espíritu Santo es la persona de la trinidad mediante la cual Dios manifiesta particularmente su presencia en esta era, es apropiado que Pablo llame al Espíritu Santo “las primicias” (Romanos 8:23) y la “garantía” o “anticipo de nuestra herencia” (2 Corintios 1:22; 5:5). Incluso en el Antiguo Testamento, se predijo que la presencia del Espíritu Santo traería bendiciones abundantes de parte de Dios. Isaías predijo un tiempo cuando el Espíritu traería un gran avivamiento o despertar espiritual (Isaías 32:14-18). “Regaré con agua la tierra sedienta, y con arroyos el suelo seco; derramaré mi Espíritu sobre tu descendencia, y mi bendición sobre tus vástagos” (Isaías 44:3). Por otro lado, la partida [salida] del Espíritu Santo significaba las perdidas de las bendiciones de Dios: “Pero ellos se rebelaron y afligieron a su santo Espíritu. Por eso se convirtió en su enemigo, y luchó él mismo contra ellos” (Isaías 63:10). Cuando el Espíritu Santo es rechazado por nosotros, Dios se vuelve nuestro enemigo y en lugar de estar a nuestro favor, lucha en contra de nosotros. No obstante, varias profecías del Antiguo Testamento predijeron un tiempo de plenitud espiritual, un tiempo cuando Dios haría un nuevo pacto con su pueblo y derramaría su Espíritu sobre toda carne: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Ezequiel 36:26-27). “Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová” (Ezequiel 37:14). “Ni esconderé más de ellos mi rostro; porque habré derramado de mi Espíritu sobre la casa de Israel, dice Jehová el Señor” (Ezequiel 39:29). “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días” (Joel 2:28-29). Podemos distinguir cuatro aspectos de la obra del Espíritu Santo (1) el Espíritu Santo habilita; (2) el Espíritu Santo purifica; (3) el Espíritu Santo revela; (4); el Espíritu Santo unifica. En la esfera de la naturaleza es la tarea del Espíritu Santo dar vida a todas las criaturas que se mueven, ya sea sobre la tierra o en el cielo o en el mar, porque “si envías tu Espíritu, son creados” (Salmos 104:30). A la inversa, “si pensara en retirarnos su espíritu, en quitarnos su hálito de vida, todo el género humano perecería, ¡la humanidad entera volvería a ser polvo!” (Job 34:14-15). Aquí vemos el papel del Espíritu Santo en dar y sostener la vida humana y animal. Paralelo a esto está el papel del Espíritu Santo de darnos nueva vida en la regeneración.' Jesús le dijo a Nicodemo: “Lo que nace del cuerpo es cuerpo; lo que nace del Espíritu es espíritu. No te sorprendas de que te haya dicho: “Tienen que nacer de nuevo”. También dijo: “El Espíritu da vida; la carne no vale para nada”. Consecuente con esta función del Espíritu Santo de dar vida está el hecho que fue el Espíritu Santo quien engendró a Jesús en el vientre de María su madre. Y en el día cuando Cristo regrese, el Espíritu completará su tarea de dar vida, resucitando o transformando nuestros cuerpos mortales: “y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes” (Romanos 8:11). ¡Amén!
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