junio 25, 2014

Aἰώνιος


(Juan 3:36)

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”.  Muchas personas rechazan la idea de vivir para siempre porque viven vidas tristes. Cuando no conocemos a Cristo, tomamos decisiones pensando en que esta vida es todo lo que tenemos. Pero lo que en realidad deberíamos hacer es evaluar todo lo que nos sucede desde una perspectiva eterna. Creer, es más que realizar una reflexión intelectual, no es solo pensar que Jesús es Dios. Creer, significa depositar nuestra confianza en Él, que es el único que nos puede salvar. Es poner a Cristo al frente de nuestros planes presentes y de nuestro destino eterno. Creer es confiar en su palabra y depender de Él para cambiar. Muchas veces la gente trata de salvarse de lo que teme poniendo su fe en cosas que tienen o hacen: buenas obras, capacidad o inteligencia, dinero o posesiones. Pero solo Dios puede salvarnos. Los que aman a Dios confían en él y encuentran en él vida, salvación y seguridad.
El vocablo griego αώνιος, describe el orden eterno en contraste con el orden temporal y natural. Con este vocablo se describe las  moradas eternas, en la que la Iglesia habitará. Nuestro destino, es un destino eterno en la presencia de Dios. Las Escrituras describen con esta palabra nuestra redención y nuestra herencia eterna, bendiciones que recibimos gracias a Jesucristo. La seguridad, la libertad y la paz que Cristo forjó para nosotros son tan eternas como el propio Dios. La gloria en la que entraremos si somos fieles; es en la misma gloria en la que Dios mora.
Aώνιος, se usa en conexión con las palabras esperanza y salvación. No hay nada efímero, pasajero o destructible en la esperanza y salvación del cristiano. Ni siquiera la muerte puede cambiar o alterar estas bendiciones porque son inmutables, así como Dios es inmutable. Esta es una palabra que se usa para referirse al reino de Jesucristo. Jesucristo no es superable; no es una etapa en el camino de la revelación. Su revelación y su valor son de Dios. Se usa respecto del  evangelio. El evangelio no es una mera revelación más, sino la eternidad entrando en el tiempo.  Se usa para describir el  fuego del castigo, el  castigo en sí, el  juicio, la  destrucción y el pecado que separará finalmente al hombre de Dios.
Aώνιος es la palabra que se aplica a la eternidad como opuesta a, y contrastada con, el tiempo; que se aplica a la divinidad como opuesta a, y contrastada con, la humanidad, y que, por consiguiente, solamente puede aplicarse propiamente a Dios.  La promesa de vida eterna es lo que le permitirá a los cristianos participar del poder y de la paz de Dios. La vida eterna es la promesa de Dios. Dios ha prometido que seremos partícipes de su bienaventuranza, y esa promesa es inquebrantable. La vida eterna es el don de Dios. Como veremos, este don tiene sus condiciones; pero el hecho permanece, la vida eterna es algo que Dios, por su sola bondad y gracia, da a todo aquel que cree en el Hijo. Nosotros no la podemos adquirir[la vida eterna] ni ganárnosla por medio de las obras ni merecerla. Es un regalo.
La vida eterna está  íntimamente ligada a Jesucristo. Cristo es el agua viva, el elixir de la vida eterna. Es el alimento que trae a los hombres vida eterna. Sus palabras son de vida eterna. El mismo no sólo trae,  es vida eterna. Únicamente a través de Jesucristo es posible una relación, una intimidad, y unidad con Dios. A través de lo que él es, y de lo que hace, podemos participar de la vida de Dios. La vida eterna viene por medio de creer en Jesucristo. Creer en Jesucristo significa aceptar como cierto (absoluta e implícitamente) todo lo que Jesús dijo acerca de Dios.  La vida eterna no es otra cosa que la misma vida de Dios. Entramos en la vida eterna a través de creer en Cristo, y esta creencia tiene una triple implicación: Implica creer que Dios es la clase de Dios que Jesús dijo a los hombres. Implica la certeza de que Jesús es el Hijo de Dios, y, por tanto, que tiene derecho a hablar de Dios en una forma que nadie pudo ni jamás podrá hablar. Implica vivir toda la vida asintiendo a estas cosas.
Vida eterna significa "conocer al único Dios verdadero". Ahora bien, el hombre sólo puede conocer a Dios por medio de tres vías: (a) la mente, (b) los ojos y el corazón y (c) los oídos para escuchar lo que Dios tiene que decirle. La vida eterna demanda  obediencia a Dios. El mandamiento de Dios es vida eterna. Jesús es autor de eterna salvación para todos los que le obedecen. Nuestra paz depende sólo de hacer su voluntad.  La vida eterna es la recompensa a tu lealtad a Dios. Viene al hombre que ha peleado la buena batalla de la fe y que se ha unido a Jesucristo en cuerpo y alma. La recibe el hombre que  oye y sigue el camino de Jesús en completa lealtad a Dios.
La vida eterna es la meta de vivir en  santidad. La vida eterna no es para el hombre que actúa como le viene en gana; si no para el que actúa como enseña Jesucristo. La vida eterna es la recompensa para  el obrero cristiano.  La vida eterna es la recompensa para  el cristiano audaz. Es para el hombre que amando su vida está decidido a darla, si fuera preciso, por amor a Jesucristo. Es para el que está siempre dispuesto a "aventurarse por el nombre de Jesús", para el que acepta los riesgos de la vida cristiana. La vida eterna es el resultado de la justicia que viene a través de Jesucristo. El significado esencial de justicia es una nueva relación con Dios a través de lo que Jesucristo ha hecho por nosotros. ¡Amén!

No hay comentarios:

Publicar un comentario