septiembre 10, 2014

El carácter único de Jesucristo

(Hebreos 7:22-25).

La misión del Sumo Sacerdote y de toda religión es la de abrir un camino de acceso a la presencia de Dios pero Jesús no es un camino, “él es el camino”. El carácter único y eterno del sacerdocio de Cristo es el corazón del axioma, el silogismo o el argumento empleado por el escritor. Hubo muchos sacerdotes bajo el antiguo pacto, porque debido a la muerte no podían permanecer.  El antiguo sacerdocio no tenía estabilidad. Los sacerdotes morían, y otros tenían que ocupar su puesto; pero el sacerdocio de Jesús es para siempre. Lo que importa en este pasaje son los matices y las implicaciones de las palabras del autor. Su función y obra sacerdotal son absolutas e inmutables. Después de explicar la cita del Salmo 110:4, el escritor de la carta a los hebreos presenta un resumen totalizador. Da una descripción completa de nuestro único sumos sacerdote Jesucristo, y compara su perfecto sacrificio con los sacrificios diarios ofrecidos por los sacerdotes levitas. La muerte de Jesús en la cruz fue un evento único e irrepetible.
Las palabras “por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos;” introducen la consecuencia lógica de su argumento. Esta es la aplicación práctica de la enseñanza del autor; Jesús puede salvar por completo a los que por medio de él se acercan a Dios.  La idea de “acercarse” o “venir” a Dios es algo destacado en la carta a los Hebreos. Expresa la idea de una relación con Dios. El sacerdocio del Antiguo Testamento y su sistema de sacrificios sólo les permitía a los israelitas tener una relación imperfecta con Dios, pero Jesús nos permite tener una relación permanente con Dios y es a través de esta relación que se hace efectiva y concreta nuestra salvación. Jesús es y seguirá siendo siempre el único camino hacia Dios.
El autor de Hebreos usa otra palabra maravillosa acerca de Jesús, y dice que él permanece para siempre [παραμένειν]. Cuando el autor de la carta a los Hebreos dice que Jesús permanece para siempre, en esa frase está envuelta la idea maravillosa de que Jesús estará siempre al servicio de la humanidad. Los demás sumo sacerdote estaban sujetos a la muerte, de ahí que emergiera una interminable sucesión de sumo sacerdotes. La muerte determinaba la extensión de su servicio, ya que la muerte no hace acepción de personas. Los sacerdotes fueron muchos; Jesús es único. El tiempo de servicio de ellos estaba limitado por la muerte; “Jesús vive para siempre”, El sumo sacerdote según el orden de Aarón era conquistado por la muerte; Jesús, “destruyo por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” y ahora él tiene la llave de la Muerte y del Hades, cuando él cierra nadie abre y cuando él abre nadie sierra. Nadie puede condenar a los creyentes porque Cristo intercede por ellos y los salva completamente y para siempre. Cristo nos salva absolutamente. El sacerdocio de Cristo es inalterable.
El intercede por nosotros sin cesar; situado entre Dios y el hombre, él ruega continuamente a favor de aquellos que se acercan a Dios en oración. Las oraciones a Dios deben ser ofrecidas en el nombre de Jesús. Al saber que Jesús está siempre orando por nosotros en el cielo, nosotros deberíamos anhelar estar con él. Tenemos la certeza de que así como él vive eternamente ante Dios, así viviremos nosotros para siempre con él. Ahora vamos a Dios en oración porque no puede ser de otro modo, pero al final de nuestra vida terrenal él nos llevará a su morada para estar con él eternamente.
Jesús es santo [σιος]. Esto significa que él es como Dios [participa de la naturaleza santa de Dios] y en todo aspecto está libre de pecado. Es incomparablemente puro, y, por ser el sumo sacerdote de Dios, él cumple la voluntad de Dios sin tacha. Su principal deseo es glorificar el nombre de Dios y extender el reino de Dios. El adjetivo santo tiene que ver con la disposición interna de Jesús; la palabra inocente, sin culpa, tiene que ver con su vida externa. Aarón debía traer “una ofrenda por el pecado para hacer expiación por sí mismo y por su casa” (Levítico 16:11). Jesús, por el contrario, es completamente libre de pecado y por consiguiente él es libre de culpa. [En él hay pureza moral: μίαντος].
El medio ambiente del pecado tiene su modo de afectar a cualquiera que entre en dicho ambiente. El pecado contamina a la persona a quien toca. Aunque Jesús vivió en la tierra y sirvió a gente pecadora, El mismo permaneció incontaminado. Se lo puede comparar con un médico que trabaja entre los enfermos en medio de una epidemia, pero que es inmune a ella. Jesús no está manchado por el pecado.  La razón por la que Jesús permanece puro, libre de pecado, está en el hecho de su separación. Jesús fue apartado de los pecadores por Dios. Aunque asumió plenamente nuestra naturaleza humana, no participó de nuestro pecado. Por consiguiente, él es diferente. Aunque era llamado amigo de pecadores (Mateo 11:19), se mantuvo libre de pecado. Jesús ha ocupado un lugar que es más alto que los cielos. Antes de venir a la tierra, Cristo estaba en el cielo. Pero después de haber completado su obra expiatoria y haber ascendido al cielo, él fue exaltado “por encima de los cielos”.
Cuando Pablo nos pide ser transformado a la imagen y semejanza del Hijo de Dios, nos está indicando cuales el estándar para los hijos de Dios. Es lamentable que nosotros no estemos haciendo el esfuerzo que se requiere con el fin de llegar la meta de ser como Cristo. Pablo dice:hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13). ¿Está usted procurando llegar a esta meta? ¿Está usted siendo transformado como él dice? “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18). ¡Amén!

No hay comentarios:

Publicar un comentario