septiembre 02, 2014

Relaciones Peligrosas

(2 Corintios 6:14)

“No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?” Pablo amonesta a los creyentes a no establecer vínculos con los incrédulos, porque podrían debilitar su entrega a Cristo, así como su integridad o sus normas de conducta. Pero antes el mismo apóstol había explicado que esto no significa aislarse de los incrédulos [no creyentes]. “Os he escrito por carta, que no os juntéis con los fornicarios;  no absolutamente con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería necesario salir del mundo” (1 Corintios 5:9-10).  No debemos apartarnos de los no creyentes [incrédulos], de otra manera no podríamos cumplir con la misión que Cristo nos encomendó relacionada con la predicación del Evangelio y la salvación. Pero eso sí, debemos mantener la distancia y apartarnos de las personas que dicen ser cristianas, pero son indulgentes con pecados explícitamente prohibidos en las Escrituras. Personas que racionalizan sus acciones tratando de justificarlas. Al pecar, la persona hiere a otras personas por los cuales Cristo murió, y opaca la imagen de Dios en la persona misma.
Una iglesia que incluye [acepta como miembros activos] a esta clase de individuos difícilmente podrá ser luz del mundo. Una Iglesia así está distorsionando la imagen de Cristo que debe reflejar al mundo. Los líderes de la congregación deben estar prestos a corregir con amor este tipo de conducta con el fin de mantener la unidad espiritual.
No mezclarse con los pecadores hubiese significado un retiro completo, como cuando alguien entra en un monasterio para salir del mundo. Pablo da a entender que esa no es la voluntad de Dios para nosotros, y las huellas de la filosofía monástica en la historia de la iglesia lo confirma, su relativa esterilidad a la hora de hacer crecer a las personas en santidad como en madurez.
Inclusive Pablo dijo que los hermanos/nas casados debía seguir unidos a sus cónyuges no creyentes: “Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone. Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos” (1 Corintios 7:12-14). Sin embargo, si somos cristianos no debemos unirnos íntimamente (en cualquier clase de relaciones) con los incrédulos de tal forma que comprometamos nuestra fe. Pero si hemos venido a Cristo comprometidos con una relación así debemos mantenerla hasta tanto el incrédulo consienta en seguir con dicha la relación.
La importancia de esperar para tener relaciones sexuales es vital si queremos mantener nuestros valores. Mucha gente hoy en día insiste que las relaciones fuera del matrimonio son aceptables, pero la opinión de la gente no permanece siempre igual. Cambia de generación en generación, de una cultura a la otra y de una persona a otra.
Alrededor del mundo y a través de los siglos la Biblia ha sido la base invariable para regir la conducta del hombre e incluso de la mayoría de los sistemas legales. Todos los principios y mandamientos de la Biblia están basados en el amor de Dios para con nosotros. Cuando Dios prohíbe la fornicación lo hace para nuestro beneficio. Es necesario preservar nuestros valores durante una relación y no caer en la trampa de la fornicación. Para tener una relación exitosa es necesaria la obediencia a la palabra de Dios. Entrar en una relación con un inconverso, como lo dice claramente el apóstol Pablo, es un pecado de desobediencia que te separa de Dios. Esto te impedirá alcanzar las cosas que Dios tiene para ti. Nada puede justificar la desobediencia a la Palabra de Dios.
Sansón buscó una mujer entre los filisteos, en lugar de buscarla dentro de las israelitas. Esto trajo sus consecuencias. La mujer de Sansón lloró los siete días del banquete de su boda o sea durante toda la luna de miel. Si ella lloró la semana entera, obviamente Sansón no disfrutó de una gran luna de miel. Poco después de haberse casado con él, la mujer de Sansón, le fue dada en matrimonio a un amigo de Sansón. El se enojó tanto que quemó toda la cosecha de los filisteos. “Y dijeron los filisteos: ¿Quién hizo esto? Y les contestaron: Sansón, el yerno del Timnateo, porque le quitó su mujer y la dio a su compañero. Y vinieron los filisteos y la quemaron a ella y a su padre” (Jueces 15:6). ¡Cuánto dolor ha de haber sufrido Sansón por su desobediencia! Las consecuencias más graves en la vida de Sansón fueron provocadas por su relación desigual con Dalila. "Más los filisteos le echaron mano y le sacaron los ojos y le llevaron a Gaza y le ataron con cadenas para que moliese en la cárcel" (Jueces 16:21).  Sansón fue traicionado y entregado a sus enemigos por su misma mujer. Perdió su libertad teniendo que trabajar como un animal en la cárcel. Entrar en una relación desigual en clara desobediencia a la palabra de Dios, puede abrir la puerta a una serie de ataduras espirituales, ataduras que nos robarán el gozo, la paz y la libertad. Sansón perdió su visión, tanto natural como espiritual. No pudo lograr el destino ni el propósito que Dios tenía para él. Una relación desigual puede robarnos la visión y nuestro destino en la vida. Hay mucha gente frustrada en la actualidad porque se casaron fuera de la voluntad de Dios. Puedes intentar servir a Dios sin amarle, pero no puedes amar a Dios sin servirle. El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz.
Sansón desobedeció a sus padres y sufrió las consecuencias. Jueces 14:3 muestra que los padres de Sansón no querían que él se uniera con la mujer filistea pero él les desobedeció. Efesios 6:1-3 nos exhorta a obedecer y a honrar a nuestros padres, con la promesa de que tendremos una larga y exitosa vida. Muchas veces no nos va bien en la vida por no obedecer y honrar a nuestros padres. La obediencia nos habla de una acción mientras que la honra nos habla de una actitud. No es suficiente hacer lo que nuestros padres dicen si lo hacemos con una actitud negativa. El obedecer a nuestros padres y de esa manera obedecer a Dios nos traerá bendición aun cuando nuestros padres estén equivocados.
La obediencia a la Palabra de Dios puede ser difícil. El deseo de andar con un inconverso puede ser muy grande o de desobedecer a nuestros padres imperfectos. Sin embargo la Biblia sigue siendo la única autoridad para definir el bien y el mal y aquello que mejor se ajusta a la voluntad de Dios. La decisión es clara y es nuestra. ¡Amén!



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