noviembre 06, 2011

La Iglesia y su gloria

En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. (Efesios 1:11-12). La esperanza de la Iglesia no es sólo la de ser salva, la de escapar de la ira de Dios, sino la de tener la gloria de Cristo. Lo que constituye la consumación de su gozo es ser amada por el Padre y por Jesús; y, después, como consecuencia de este amor, ser glorificada. Los fieles debemos comprender nuestra esperanza, y el poder de la resurrección y de la exaltación de Cristo, con quien está unida la Iglesia, y que este poder de Él actúa en nosotros. Recordemos, pues, estos dos principios: 1. Cristo, en los consejos de Dios, posee todas las cosas. 2. La Iglesia, en su calidad de Esposa de Cristo, participa en todo lo que Él tiene, en todo lo que Él es, excepto de Su eterna divinidad, aunque, en cierto sentido, somos hechos partícipes de la naturaleza divina. “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia” (2 Pedro 1:3-4). Se nos dice que todas las cosas son para Cristo. Él ha sido constituido “heredero de todo”. “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo” (Hebreos 1:1-2). Todas las cosas son de derecho suyas, por cuanto Él es el Creador de todo. “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud” (Colosenses 1:15-19). Observemos dos primacías de Cristo: Él, desde el principio, es llamado “primogénito [esto es, cabeza] de toda la creación”, luego, “primogénito de entre los muertos”, cabeza de la Iglesia que es Su cuerpo. Ésta es una distinción que arroja mucha luz sobre nuestro tema. Todas las cosas han sido creadas por Él y también para Él. Y les poseerá como hombre, el segundo Adán, a quien Dios ha querido, en Sus consejos, sujetar todas las cosas. Esto es lo que leemos en el Salmo 8, y que es aplicado a Cristo por Pablo (Hebreos 2:6), y que es de hecho la piedra angular de la doctrina del apóstol acerca de esta cuestión. En Efesios 1:20-23 vemos igualmente a Jesús exaltado, elevado soberanamente a la diestra de la Majestad en las alturas, y también se pone ante nosotros la sujeción de todas las cosas a Sus pies, pero como teniendo por efecto la introducción de la Iglesia dentro de esta misma gloria. Jesús nos es presentado dentro de esta gloria como cabeza de la Iglesia, que es Su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo; ésta es otra verdad en la que hemos insistido. Luego se nos muestra, en Corintios 15, la glorificación de Jesús y la sujeción de todas las cosa a Él. Los poderes espirituales de maldad situado en lugares celestiales serán reemplazados por Cristo y Su Iglesia, dejando de ser las causas continuas y permanentes de las desdichas de un mundo sujeto a su poder, a causa del pecado. ¡Amén!
.

noviembre 04, 2011

Las asechanzas del diablo

El entrenamiento básico de un soldado es inútil, si lo aprendido no es puesto en acción. Satanás ha organizado métodos o estrategias para destruir al creyente. Esto es a lo que Pablo se refiere cuando habla de las “asechanzas” del diablo (Efesios 6:11). La palabra “asechanzas” significa engaños. Las “asechanzas” de Satanás son sus estrategias engañosas pero el creyente no ha sido dejado indefenso ante los  ataques del enemigo. En Su Palabra escrita Dios ha provisto un manual de estrategias para la guerra espiritual “Para que no ignoremos sus maquinaciones” (2 Corintios 2:11). La palabra “maquinaciones” significa pensamientos o propósitos. La Biblia nos da las estrategias para que nosotros enfrentemos y derrotemos al enemigo. La palabra “enfrentar” significa “actuar en oposición a, impedir, y frustrar”. En el mundo espiritual una contra-estrategia es un plan organizado y un método de oposición a Satanás. Estas contra-estrategia están diseñadas para derrotar y frustrar sus “maquinaciones”.  “Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan 5:19). Satanás ha sido descrito como el “engañador de las naciones” en Apocalipsis 20:3, 7. Satanás es como un león rugiente en el mundo (1 Pedro 5:8). El cuadro de un león rugiente ilustra las tácticas abiertas de terror que Satanás utiliza. Pero Satanás también es descrito como un “ángel de luz” (2 Corintios 11:14-15). Esto describe a Satanás como a un personaje seductor; la seducción es un tipo más sutil y secreto de ataque. Esto significa que Satanás opera tanto abiertamente como en secreto en el mundo. Las actividades de Satanás son variadas, pero siempre son contrarias a los propósitos de Dios. Satanás se opone a la obra de Dios y a la obra de Jesús en el mundo. Él está detrás del espíritu del “anticristo que ya opera en el mundo” (2 Juan 7). Satanás también se opone a la obra del Espíritu Santo en el mundo. Uno de los propósitos del Espíritu Santo es guiar a los hombres a la verdad de la Palabra de Dios. Satanás trata de evitar que la Palabra de Dios llegue a los corazones y vidas de las personas. “Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4:4). Satanás aflige y tienta a los creyentes en el mundo. “Por lo cual también yo, no pudiendo soportar más, envié para informarme de vuestra fe, no sea que os hubiese tentado el tentador, y que nuestro trabajo resultase en vano” (1 Tesalonicenses 3:5). Satanás opera mediante el engaño en las estructuras religiosas. Engaña mediante doctrinas falsas, él tiene ministros falsos, maestros falsos, apóstoles falsos, y religiones falsas. Satanás acusa y calumnia a los creyentes. (Apocalipsis 12:9-10). Él siembra dudas en los corazones de los creyentes y está detrás de las persecuciones de los creyentes en el mundo. “No temas lo que has de padecer. El diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel para que seáis probados...” (Apocalipsis 2:10). Satanás trata de evitar que el creyente sea efectivo en el servicio cristiano “Por eso quisimos ir a vosotros, yo, Pablo, ciertamente una y otra vez, pero Satanás nos estorbó” (1 Tesalonicenses 2:18). Satanás usa al mundo para seducir a los creyentes a pecar. Tienta mediante la atmósfera del mundo, el ambiente, y el sistema alrededor de ti.  (1 Juan 2:15-16). Satanás accede al alma y al espíritu del hombre a través de la carne. Esta estrategia es evidente en la primera tentación del hombre. Satanás usó los sentidos y deseos de Eva para tener acceso a su alma y espíritu. Si Satanás no puede “cegar tu mente” y apartarte de la verdad del evangelio, entonces trata de mantenerte atado a la carne, porque los deseos carnales combaten contra el alma (1 Pedro 2:11). Satanás usa la carne para afectar tu mente “Pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros” (Romanos 7:23). Satanás usa la carne para afectar tu espíritu  “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Corintios 7:1). Satanás usa la carne para cosechar corrupción (podredumbre, perversión) en tu vida: “Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción” (Gálatas 6:8). El mundo, la carne y el diablo combinan sus fuerzas con los demonios para combatir en contra de los creyentes. Cada fuerza puede operar independientemente en contra de los creyentes, pero estas fuerzas están frecuentemente combinadas para atacar a los creyentes. Satanás usa al mundo, con sus ilusiones, encantos, filosofías, y sistemas mundanos, para ganar acceso a la carne. Usa la carne para ganar acceso al alma, la mente y el espíritu. El mundo, la carne y el diablo, ciertamente crean una zona de combate amenazadora! Pero aquí están algunas poderosas contra-estrategias espirituales para vencer a estas fuerzas. En la guerra espiritual tú tiene que estar bajo el control del Espíritu Santo y recibir las instrucciones de tus pastores y líderes espirituales sobre cómo conducirte, cómo vestirte, y cómo combatir al enemigo, (Romanos 12:1-2). Ofrece tu cuerpo en sacrificio vivo a Dios y renueva tu mente. Comprende que no debemos tener confianza en la carne (Filipenses 3:3). La vida en la carne, solo trae corrupción y muerte. En la medida que Dios te revela las áreas que están bajo el control de los deseos carnales, debes pasar a la acción, y “...abstenerte de los deseos carnales que batallan contra el alma” (1 Pedro 2:11). Pablo escribe “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está corrompido por los deseos engañosos, renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:22-24). La carne debe ser crucificada. “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado, porque, el que ha muerto ha sido justificado del pecado” (Romanos 6:6-7). Tu caminar diario (cómo tú vives) puede ser controlado por Satanás a través de la carne, el mundo, o los poderes demoníacos si tú se lo permites. “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gálatas 5:16). Caminar en el Espíritu significa permitirle al Espíritu Santo de Dios controlar tu conducta y tu vida. La carne no es más poderosa que el Espíritu. Si permites que el Espíritu Santo manifieste Su poder en ti, él vivificará tu cuerpo. “Vivificar” significa llenar de vida. No tenemos que vivir en un estado de muerte espiritual ni tenemos que vivir en pecado. Dios puede vivificar tu espíritu y llenarte de la nueva vida en Cristo. “Lo que nace de la carne, carne es; y lo que nace del Espíritu, espíritu es... (Juan 3:6-7). ¡Amén!
.

noviembre 02, 2011

El Rapto de la Iglesia

“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1 Tesalonicenses 4:16-18). Desde su inicio la iglesia ha estado "esperando la venida de nuestro Salvador Jesucristo". Puede haber discrepancias sobre los acontecimientos señalado en el calendario escatológico. Sobre si el arrebatamiento es antes, a la mitad o después de la gran tribulación, antes o después del milenio. Sin embargo, todos estamos de acuerdos en que la solución a los problemas de este mundo está en las manos del Rey de reyes y Señor de señores. En el Nuevo Testamento, un versículo de cada veinticinco versículos hace referencia a la venida del Señor. Se menciona 318 veces en los 260 capítulos que lo conforman. Ocupa también un lugar prominente en el Antiguo Testamento, ya que la mayoría de las profecías relativas a Cristo no se refieren a Su venida como cordero, sino a Su venida como rey. La venida de Cristo es una doctrina práctica y no simplemente una válvula de escape. El regreso de Jesús es una doctrina que sirve de consuelo para los que sufren. Podemos imaginarnos a los mártires de Cristo en prisión, siendo castigados y atormentados, hasta la muerte, pero ellos en medio del sufrimiento esperaban la venida de Cristo.  Cuando entraban en la arena a punto de enfrentarse a los leones o cuando les miraban la cara al que lo iba ejecutar, muchos posiblemente pensaron: “Quizás este es el momento del regreso de Jesús; antes de que las bestias se lancen sobre mí o caiga el hacha sobre mi cuello”. La creencia en el regreso de Jesús es un consuelo. Muchas personas en los días de Pablo habían perdido a sus padres, esposos, hijos, hermanos, amigos etc. por causa del evangelio, y él les escribió para recordarles sobre esta esperanza y les dijo: “Alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1 Tesalonicenses 4:18). Los cristianos reconocemos que la muerte es un enemigo, no es algo natural, no era parte del propósito original de Dios. Pablo habló sobre la victoria final del cristiano sobre la muerte. “Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria” (1 Corintios 15:54). Y luego concluyó: “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (vs. 57). Cuando Dios le dijo a Adán: “Del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres ciertamente morirás” (Génesis 2:17), ellos comieron y murieron. Cada parte de su ser murió, o comenzó a morir. Murieron espiritualmente y se tuvieron que esconder de la presencia de Dios. Su alma murió y entraron en ella los deseos carnales: enojo, lascivia, odio, envidia, orgullo, fornicación, adulterio etc. Cuando Dios nos salva renueva nuestro espíritu; transforma nuestra alma mediante un proceso de santificación y en la resurrección nos dará un nuevo cuerpo.  Sin la resurrección de Cristo, nuestra esperanza de una resurrección sólo sería un pensamiento agradable. Podría ser cierta, pero no tendría la certeza que tiene ahora para el pueblo cristiano. La resurrección de Cristo es la que provee la seguridad de la resurrección del cristiano. La venida de Cristo es de gran gozo para los cristianos, pero es el comienzo de los juicios de Cristo. Pablo le dijo a los atenienses que Dios “ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17:31). Pablo nos dice que la historia tendrá un final, y que su final implicará una rendición de cuentas. Tendremos que responder por lo que hayamos hecho, y seremos juzgados sobre la base de nuestra propia justicia o sobre la base de la perfecta justicia de nuestro Salvador.  Algunas personas no desean enfrentarse a esta realidad y por eso viven ignorando ese día. En el monte de los Olivos, Jesús narró tres parábolas para enseñarnos cómo será el juicio final. La parábola sobre diez vírgenes. Cinco sabias y prudentes, y cinco insensatas. La segunda parábola sobre tres siervos. Su señor tenía que ausentarse y llamó a sus siervos y les entregó dinero: al primero, le dio cinco talentos; al segundo, le dio dos; y al tercero, le dio uno—a cada uno según su capacidad—. Por último, el Señor habló de las ovejas y los cabritos. Los cabritos dijeron: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?”. Él les contestó: “De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis” (Mateo 25:44-45). Cada una de estas parábolas, aunque difieren entre sí en los detalles, contienen los mismos rasgos esenciales. Lamentablemente muchos continúan su propio camino y serán sorprendidos en aquel día. Hoy es el día de gracia; la sabiduría consiste en conocer a “Jesucristo, y a este crucificado” (1 Corintios 2:2). Amén!
.

octubre 29, 2011

El juicio de nuestras obras

“Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Eclesiastés 12:14). Quienes carezcan de propósito y dirección en la vida deben respetar a Dios y seguir sus principios para la vida. Los que piensan que la vida es injusta deben recordar que Dios analizará la vida de cada persona para determinar su destino final. Sin importar los misterios y las aparentes contradicciones de la vida, debemos trabajar con el fin de cumplir nuestro único propósito; “conocer a Dios”. Podemos disfrutar de la vida pero esto no nos exime de la responsabilidad de obedecer a Dios. El significado y propósito de la vida no se encuentra en los logros humanos. Reconocer la maldad, necedad e injusticia de la vida, lejos de llevarnos a ser personas pesimistas; debe llevarnos a mantener una actitud positiva y una fe sólida en Dios porque nuestro futuro y destino está seguro en Dios. El juicio de Dios es inevitable, es un juicio que incluirá a cada persona, cada acción, pública o privada, buena o mala. El sentido de la vida debemos encontrarlo en Dios, es él quien finalmente ha de juzgar nuestra vida. No hay nada que escape al escrutinio de Dios, ni siquiera los secretos ocultos de nuestro corazón. “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará” (1 Corintios 3:11-13). El fundamento de nuestras vidas es Jesucristo,  Él es nuestra razón de ser. ¿Está usted edificando su vida en el único fundamento real y duradero o está edificando en un fundamento falso como la riqueza o el éxito mediático? Construir sobre nuestro fundamento con materiales resistentes equivale a enseñar una sana doctrina, vivir siendo fieles a la verdad y conducir a los conversos a la madurez espiritual. Construir con materiales perecederos equivale a impartir enseñanzas inadecuadas y superficiales, o comprometer la verdad con un estilo de vida que la contradice, o que falla a la hora de ponerla en práctica. “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16). Las Bienaventuranzas describen el carácter esencial de los ciudadanos del reino, y esta metáfora indica la influencia ejercida por el creyente sobre la sociedad a medida en que  entra en contacto con ella. “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Corintios 5:10). La vida eterna es un don gratuito, somos salvos por gracia por medio de la fe en Dios y en Jesucristo nuestro Señor. Sin embargo cada uno de nosotros será juzgado por Cristo. “Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras” (Mateo 16:27). Su destino eterno está seguro por la fe en Cristo, pero Jesús analizará la forma como usted empleó sus dones, y oportunidades y como asumió sus responsabilidades, a fin de determinar las recompensas celestiales que recibirá. En el juicio, Dios salvará a los rectos y condenará a los que no lo son. “De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Romanos 14:12). Muchas veces basamos nuestros juicios morales en opiniones, aversiones personales y prejuicios antes que en la Palabra de Dios. Cuando hacemos esto, simplemente estamos mostrando la debilidad de nuestra fe. ¡Amén!
.

octubre 27, 2011

Los tres oficios de Cristo

Había tres oficios principales en el pueblo de Israel en el Antiguo Testamento: El de profeta; el de sacerdote, y el de rey. Estos tres oficios eran distintos, sin embargo, cada uno de ellos era necesario. El profeta era el mensajero de Dios; el sacerdote ofrecía los sacrificios, ofrendas, oraciones y alabanzas a Dios en nombre del pueblo, el sacerdote era un mediador, representaba al pueblo delante de Dios y a Dios delante del pueblo; el rey gobernaba al pueblo como representante de Dios. Estos tres oficios anticipaban la obra de Cristo. El Señor cumplió estos tres oficios de las siguientes formas: Como profeta nos revela a Dios y nos da a conocer las palabras de Dios; como sacerdote ofrece a Dios, un sacrificio expiatorio por nuestro pecado. La diferencia consiste en que él mismo es el cordero inmolado; y como rey él gobierna sobre la iglesia y sobre todo el universo. Los profetas del Antiguo Testamento le daban a conocer (le comunicaban) al pueblo las palabras de Dios. Moisés fue el primero en ejercer el oficio de profeta (aunque Abraham lo hizo ante que él), y escribió los primeros cinco libros de la Biblia, el Pentateuco. “Ahora, pues, devuelve la mujer a su marido; porque es profeta, y orará por ti, y vivirás. Y si no la devolvieres, sabe que de cierto morirás tú, y todos los tuyos” (Génesis 20:7). Después de Moisés hubo una sucesión de profetas que hablaron y escribieron las palabras de Dios. Pero Moisés predijo que en el futuro vendría un profeta como él. “Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis” (Deuteronomio 18:15). Jesús es el profeta que Moisés predijo. “Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo” (Juan 6:14). Pedro también identificó a Cristo como el profeta que Moisés predijo. “Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable; y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo. Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días” (Hechos 3:22-24). En el Antiguo Testamento, los sacerdotes eran nombrados por Dios para ofrecer sacrificios. “Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (Hebreos 9:22). Jesús se ofreció a sí mismo a Dios en sacrificio por el pecado.  “Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios;  y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado” (Hebreos 9:24-26). Jesús cumplió todas las expectativas, trapazó los cielos y se sentó a la diestra de la majestad de Dios. El es sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec y no solo esos, sino que él ahora vive para interceder a nuestro favor. Podemos acercarnos a Dios cada día por medio de Cristo. Es un pensamiento consolador saber que Cristo está orando por nosotros, incluso cuando nosotros mismo seamos negligentes en nuestra vida de oración. En el Antiguo Testamento el rey tenía la autoridad de gobernar sobre la nación de Israel. Jesús nació para ser el rey de los judíos y no solo de los judíos, sino de todo el universo. Su dominio se extiende: “sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero”. La autoridad de Jesús será reconocida por todos en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra. “Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” (Apocalipsis 19:16). En su venida toda rodilla se doblará: “…Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:9-11). Reconozcamos a Jesús como se le reconoce en el cielo y démosle la gloria debida a su nombre; si no nos rendimos ante él voluntariamente, un día lo tendremos que hacer involuntariamente. “Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?” Como creyente y como Iglesia, honremos a nuestro Señor y Salvador Jesucristo. ¡Amén!
.

octubre 24, 2011

Cruzando los desfiladeros para ir a otro nivel

“Y entre los desfiladeros por donde Jonatán procuraba pasar a la guarnición de los filisteos, había un peñasco agudo de un lado, y otro del otro lado; el uno se llamaba Boses, y el otro Sene. Uno de los peñascos estaba situado al norte, hacia Micmas, y el otro al sur, hacia Gabaa. Dijo, pues, Jonatán a su paje de armas: Ven, pasemos a la guarnición de estos incircuncisos; quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos” (1 Samuel 14:4-6). Esta acción es una  de las más valientes y arriesgada que cuenta la historia. La acción de Jonatán era atrevida y contraria a la disciplina militar. El éxito que Jonatán anhelaba no dependía de su propio poder ni de sus méritos militares pero Dios guía los pasos de quienes lo reconocen en todos sus caminos y buscan su dirección. Saúl no hizo ningún intento por conocer la voluntad de Dios. Este hombre ignoraba tanto los planes de Jonatán como los de Dios. Es difícil confiar en Dios cuando usted siente que sus recursos se le agotan. Cuando Saúl sintió que se le estaba acabando el tiempo, se volvió impaciente. Sin embargo Jonatán estaba listo para ir a otro nivel, aunque para ello tenía que subir por los desfiladeros y enfrentarse al enemigo. Fortalecidos por la señal positiva que Dios les había dado, él y su escudero subieron la pendiente áspera gateando. Su audacia tomó por sorpresa a los filisteos. Los filisteos sin duda fueron sorprendidos, no solamente por el hecho de que Jonatán y su escudero tuvieran espadas y armas de hierro, sino también porque lucharan con habilidad y gran pericia sin recular. Los hombres que los habían visto subir gateando por los peñascos, fueron sorprendidos y muertos. El éxito de Jonatán fue debido al pánico que tomó posesión del enemigo, producido tanto por el ataque repentino como por el efecto de un terremoto. Cuando usted enfrente una decisión difícil, asegúrese de que la impaciencia no lo impulse a hacer algo que vaya en contra de la voluntad de Dios. Hay muchas personas que quieren ir a una nueva dimensión espiritual, ir a otro nivel en su ministerio y en su relación con dios  pero tienen miedo. “Cuando los hombres de Israel vieron que estaban en estrecho (porque el pueblo estaba en aprieto), se escondieron en cuevas, en fosos, en peñascos, en rocas y en cisternas” (1 Samuel 13:6). Los israelitas tuvieron pánico y se escondieron cuando vieron el poderoso ejército filisteo. Se olvidaron de que Dios estaba de su lado. Cuando usted se enfrente a un obstáculo que está más allá de sus posibilidades y de su control, pregúntese: ¿Qué puedo hacer para encontrar una solución? Si Dios lo ha llamado, comprometa todos los recursos que posea y deposite su confianza en Él y obtendrá de Él la victoria. Las primeras impresiones pueden ser engañosas, especialmente cuando la imagen creada por la apariencia de una persona se contradice con sus cualidades y habilidades. Saúl tenía la materia prima para ser un buen líder; Incluso sus debilidades pudieron haber sido utilizadas por Dios, si él la hubiera reconocido y la hubiera puesto en las manos de Dios. Fueron sus propias decisiones que lo separaron de Dios. Sus fracasos vinieron cuando decidió actuar por su propia cuenta. Sus fracasos y reveses debieron recordarle la necesidad que tenía de Dios. Saúl se sumó a la persecución de los filisteos en retirada, pero poco entendía de lo que estaba pasando. Todos los guerreros que había en la guarnición de Gabaa, los desertores israelitas, y los fugitivos, todos se sumaron y se lanzaron a perseguir a los filisteos. En su ceguera Saúl había hecho voto y lanzado un anatema. Esta maldición temeraria e insensata afligía al pueblo, impidiendo que tomaran los alimentos que pudieran hallar en la marcha, lo que debilitó considerablemente al ejército y al pueblo de Israel. Incluso por poco mata a su propio hijo cuando supo de la transgresión de Jonatán. El ejército con una conciencia mucho más iluminada que la de Saúl, impidió que fuera empañada la gloria de aquel día por la sangre del joven héroe, a cuya fe y valor se debía el triunfo. Al caer la tarde, cuando el tiempo fijado por Saúl había expirado. Extenuados y hambrientos, los soldados cayeron voraces sobre el ganado que habían tomado, y echaron los animales en tierra para cortar su carne y comerla cruda, de modo que el ejército, por la acción inconsiderada de Saúl, se contaminó comiendo sangre y carne de animales vivos. ¡Amén!
.

octubre 22, 2011

Las lágrimas de los valientes

 “Vuelve, y dí a Ezequías, príncipe de mi pueblo: Así dice Jehová, el Dios de David tu padre: Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que yo te sano; al tercer día subirás a la casa de Jehová” (2 Reyes 20:5). Ezequías no oró a Dios como lo había hechos en otras ocasiones ni  tampoco hizo una oración de arrepentimiento, más bien le recordó a Dios su fidelidad y la sinceridad con que él le había servido, no porque Dios no lo sabía, sino con el propósito de mover a Dios a misericordia. Destacó dos características de su caminar delante de Dios; Ezequías caminaba en la verdad, era una persona confiable, y espiritualmente estable; era leal a Dios y tenía una relación sincera con Dios. Había servido siempre al verdadero Dios; caminaba delante de Dios con un “corazón íntegro”. Su conciencia estaba enteramente limpia; estaba bien con su Dios. No había una doble personalidad en él ni engaño en su fe. Este hombre hizo una petición de sanidad implícita en vez de explícita; las lágrimas subrayaron su sinceridad y desesperación y Dios respondió a la oración. Las palabras proféticas eran precisas, Ezequías sanaría, sería restaurado y podría volver al templo a adorar a Dios. “Vé y dí a Ezequías: Jehová Dios de David tu padre dice así: He oído tu oración, y visto tus lágrimas; he aquí que yo añado a tus días quince años” (Isaías 38:5).  Job dice: “Disputadores son mis amigos; mas ante Dios derramaré mis lágrimas” (Job 16:20). Los que lloran  ante Dios, aun cuando tengan debilidades y defectos, tienen un amigo que los defiendes. Job sabe que le quedan pocos años, y le urge su pronta rehabilitación antes de emprender –su viaje definitivo a la tumba. Mientras sus amigos exageran su culpa, Job exagera su inocencia. Pero este hombre, aun sintiendo el peso de su dolor, confía en que Dios revindicará su inocencia en el futuro. El salmista dice: “Me he consumido a fuerza de gemir; todas las noches inundo de llanto mi lecho, riego mi cama con mis lágrimas” (Salmos 6:6). David estaba siendo totalmente sincero con Dios. Podemos ser sinceros con Dios, aun cuando estemos llenos de enojo y desilusión, porque Él nos conoce profundamente y quiere lo mejor para nosotros. Sea sincero con Dios y Él lo ayudará a dejar de poner su atención en usted mismo y a ponerla en Él y en su misericordia. “Oye mi oración, oh Jehová, y escucha mi clamor. No calles ante mis lágrimas; porque forastero soy para ti, y advenedizo, como todos mis padres” (Salmos 39:12). “Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?” (Salmos 42:3). El Predicador se fija en aquellos que sufren opresión. En una declaración apasionada, halla que los oprimidos no tienen quien los consuele y que el poder está en manos de sus opresores. Debido a estas dos cosas, los oprimidos no tienen esperanza: “Me volví y vi todas las violencias que se hacen debajo del sol; y he aquí las lágrimas de los oprimidos, sin tener quien los consuele; y la fuerza estaba en la mano de sus opresores, y para ellos no había consolador” (Eclesiastés 4:1). Dios promete restaurar y consolar a su pueblo. “Así ha dicho Jehová: Reprime del llanto tu voz, y de las lágrimas tus ojos; porque salario hay para tu trabajo, dice Jehová, y volverán de la tierra del enemigo” (Jeremías 31:16).  “Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos” (Lucas 7:44). Pablo dice: “Cuando vinieron a él, les dijo: Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia, sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos” (Hechos 20:19). Hermanos/nas a pesar de tus circunstancias, dificultades y problemas confía en Dios y en su misericordia y él en juzgará tus lágrimas. ¡Amén!
.