junio 18, 2014

La virtud que nos santifica

(Hebreos 13:11-14)

“Porque los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del pecado es introducida en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera del campamento. Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta. Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio; porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir”.
Los creyentes debemos procurar que nuestros corazones estén firmes en la fe por medio del Espíritu Santo y depender de la gracia, para ser consolados. La gracia nos hará resistentes al engaño y a los ataques de Satanás. Sólo la gracia de Dios puede inspirar y dar poder a los creyentes para que puedan vivir vidas santas. El amor al Señor es lo que nos motiva a vivir “en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Tito 2:12).
Aristóteles Dice: “vivir bien y obrar bien es lo que llamamos ser feliz. La felicidad sólo consiste en vivir bien, y vivir bien es vivir practicando la virtud”. Esta cualidad es el fundamento de la integridad y excelencia moral de una persona, es el poder y la fuerza que tenemos como criaturas racionales para hacer el bien; es también la castidad y pureza del alma. Este filosofo entiende que “vivir conforme a la virtud constituye el verdadero fin de la vida”. Las virtudes se consideran cualidades positivas, y se oponen a los vicios. Son las cualidades buenas y sensitivas del ser humano. Él dice: “la felicidad es el bien final y el fin de la vida”.
Platón dice que el alma del ser humano se divide en tres partes poderosas: “el intelecto, la voluntad y la sensibilidad”. Para cada una de estas existe una virtud: “la sabiduría, el valor y el autocontrol [dominio propio, templanza]”. La sabiduría nos permite identificar cuáles son las acciones correctas, también nos permite saber cuándo realizarlas y cómo realizarlas. El valor [la valentía] nos permite avanzar en el camino y realizar las cosas a pesar de las amenazas, también nos permite defender nuestros ideales. El autocontrol [templanza] nos permite interactuar con las demás personas y enfrentarnos a las situaciones más adversas. A estas tres virtudes le podemos añadir una cuarta, la justicia, que nos ayuda a poder vivir responsablemente y con seguridad. Sin justicia es imposible vivir porque lo que reinaría sería el cao y la anarquía. Para él la virtud es lo que nos permite distinguir [discernir] entre el bien, y el mal. También dice que la virtud se puede alcanzar por medio de la educación moral.
Sócrates creía en el intelectualismo moral. Para él si alguien era una buena persona es porque era sabio. El sabio ve el mal de lejos y se aparta. Sócrates opina que la virtud es aquello que nos ayuda a conseguir el bien mediante los razonamientos y la filosofía. Los estoicos sostenían que la virtud consistía en actuar siempre de acuerdo con la naturaleza, el ser humano, concebido como ser racional, actúa siempre de acuerdo con la razón, evitando en todo momento dejarse llevar por los afectos o pasiones, esto es, todo lo irracional que hay en nosotros, que no puede controlarse y que por tanto debe evitarse. Los estoicos consideraban que la virtud, como facultad activa, era el bien y la felicidad suprema.
Para el pueblo de Dios, sin embargo, es en la sangre que radica la virtud que nos santifica y nos permite vencer a todas las potencias enemigas de Dios. Una fuerza transformadora y renovadora dimana de la muerte expiatoria de Jesús y llena la vida de aquéllos que han aceptado la redención por medio de la fe. Para ellos, la sangre hace posible que puedan vivir una vida en la presencia de Dios, es la sangre de Cristo la que le abre el acceso a la presencia del Dios todopoderoso. La certidumbre de nuestra fe, la confianza que tenemos en la oración y la nueva vida que disfrutamos son la expresión de que hemos hecho nuestra; la fuerza y el poder expiatorio de la sangre de Cristo. La sangre de Cristo pone de relieve la relación estrecha que existe entre la muerte de Jesús y su victoria a través de su resurrección y exaltación. El creyente hace suya la virtud del sacrificio de Cristo. El punto entonces no es una virtud o una falta de virtud, sino la confesión de Cristo. Hemos experimentado por medio de la cruz de Cristo una inversión. No dependemos de nuestra propia virtud ni de nuestra propia justica; si no de la virtud de la sangre y sacrificio de Cristo.
“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo” (Efesios 6:10-11). Los mejores soldados de Dios son aquellos que están conscientes de sus propias debilidades e ineficacia, y que se apoyan sólo en Dios. Ellos dependen del ejercicio o manifestación del poder del Señor porque constituye la fuente de poder para los creyentes. El lenguaje que aquí se usa es muy cortante y metafórico se usa con el significado de adquirir cualidades (virtudes). Tomad vuestra armadura. Hacedlo de inmediato, sin vacilar ni perder tiempo. Resulta bastante claro que las armaduras a la que se refiere la Palabra son virtudes espirituales. “Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor” (2 Pedro 1:5-7). Tenemos la certidumbre de que Dios ha hecho plena provisión para que podamos vivir una vida de santidad. Su poder nos da capacidad para vivir vidas santas. Conocerle es vida eterna, y crecer en Su conocimiento es crecer en santidad. Dios no nos hace santos en contra de nuestra voluntad ni sin que nosotros nos involucremos. Tiene que existir el deseo, la decisión y la disciplina por nuestra parte. Cuando surge esta pasión comienza el desarrollo de nuestro carácter, es decir, del carácter cristiano. ¡Amén!

junio 17, 2014

Él cuidará de ti


(Proverbios 29:25)

“El temor del hombre pondrá lazo; más el que confía en Jehová será exaltado”. El temor paraliza al hombre y le envuelve en muchas dificultades. Esta clase de temor es, estrictamente hablando, una consecuencia natural del pecado. “Más Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí” (Génesis 3:9-10). Quienes se descarrían deben considerar, repensar y analizar esta pregunta seriamente antes de responder. Cuando el hombre se aparta de Dios se haya lejos de todo bien, en medio de sus enemigos, esclavizados a Satanás, y camino a la ruina.  El pecador trata de justificarse cuando Dios los llama a rendir cuentas de sus actos. Pero lo que una persona es o hace afecta a toda la sociedad en mayor o menor grado. Adán y Eva se escondieron cuando escucharon la voz de Dios. Ellos tenían miedo; el pecado había roto su comunión con Dios. “Huye el impío sin que nadie lo persiga; más el justo está confiado como un león” (Proverbios 28:1). El temor esclaviza al impío y por su mala conciencia cae en sus propias trampas. El pecado produce turbación de espíritu, opresión mental y emocional. Este problema afecta la vida espiritual del hombre. Pero podemos evitar la separación de Dios causada por el pecado: confiando en la palabra de Dios, confesando nuestros pecados y aceptando a Cristo como nuestro Salvador y Señor.
“Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios” (Hebreos 10:26-27). Si usted abandona deliberadamente a Cristo, no hay otro sacrificio por el pecado. Si alguien rechaza el sacrificio de Cristo luego de haber entendido con claridad la enseñanza del evangelio, no tiene esperanza alguna de salvación porque no existe otro nombre bajo el cielo por el cual podamos ser salvos. Sin embargo, sería un error pensar que esto se refiere a los pecados ocasionales que cometemos, algo  tan evidente en nuestras vidas. El contexto y el paralelo con pasajes previos indican que el autor tiene en mente el pecado específico de la apostasía o el continuo rechazo de la persona de Cristo. Los que profesan ser cristianos durante un tiempo, identificándose con una iglesia local, y luego se apartan deliberadamente de Cristo; Dios no tiene otro camino de salvación para ofrecerle.  El lenguaje está evidentemente pensado para denotar un castigo terriblemente severo para esa persona.
Hay personas que han recibido el conocimiento de la verdad y luego le dan la espalda al Señor Jesucristo para esa persona ya no queda más sacrificio por el pecado. No hay un camino alternativo para el perdón fuera de Cristo. Rechazar ese sacrificio, hecho una sola vez y para siempre, es abandonar toda esperanza de salvación. Todo lo que queda para esas personas es una horrenda expectación de juicio. Su destino será el mismo que el de aquellos que se oponen activamente al evangelio. Bajo el primer pacto, la persona que desechaba la ley de Moisés y se rebelaba deliberadamente había de morir sin compasión por el testimonio de dos o tres testigos. Sin embargo, cuando tú confía en Jehová, las cosas son muy distintas. Porque “no andamos en el temor del Señor para ser el oprobio de la naciones”.
 “Hoy comenzaré a poner tu temor y tu espanto sobre los pueblos debajo de todo el cielo, los cuales oirán tu fama, y temblarán y se angustiarán delante de ti” (Deuteronomio 2:25). Para los estándares del mundo, el ejército de Israel no intimidaba a nadie, pero Israel tenía a Dios de su lado. Moisés no tendría que preocuparse más por sus enemigos porque sus enemigos estaban preocupados por él. A menudo, Dios va delante de nosotros en nuestras batallas diarias, allanando el camino y destruyendo barreras. Necesitamos seguir a Dios de todo corazón y confiar en él. “Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos, si vieres caballos y carros, y un pueblo más grande que tú, no tengas temor de ellos, porque Jehová tu Dios está contigo, el cual te sacó de tierra de Egipto”  (Deuteronomio 20:1).
Así como los israelitas, a veces nos enfrentamos a oposiciones terribles y  abrumadoras. Dios reforzó la confianza de los israelitas recordándoles que Él siempre estaría con ellos y que ya los había salvado del peligro. Hermanos Dios está con nosotros podemos sentirnos seguros y confiados porque Dios puede vencer a nuestros enemigos y quitar los obstáculos más difíciles. Si ere fiel no tiene por qué temer ni turbarte, el Señor es tu guardador, él cuidará de ti. Dios te guiará con seguridad de modo que no tendrá temor. “No tendrá temor de malas noticias; porque tu corazón está firme, confiado en Jehová”. Junto con las promesas y bendiciones  del pacto viene el mandato: ¡Esforzaos y sed valientes!, y la promesa: “No tengáis temor ni os aterroricéis de ellos [los enemigos], porque Jehovah tu Dios va contigo. Él no te abandonará ni te desamparará”. “Los ojos de Jehovah recorren toda la tierra para fortalecer a los que tienen un corazón íntegro para con él”. ¡Vive conforme a lo que Dios espera de ti! ¡Amén!

junio 16, 2014

La gloria de Cristo



"Andamos por fe, no por vista." (2 Cor. 5:7)

Las gracias y la consolación presentes del Espíritu es solo una primicia de la gracia y del consuelo eterno que recibiremos cuando hayamos concluidos nuestra estadía en la tierra. Dios está con nosotros, por su Espíritu, y nos ministras por medio de las Escrituras, pero aún no estamos con Él como esperamos estar. La presencia del Espíritu en nuestras vidas, es una razón más que suficiente para estar confiados respecto al futuro. El verbo griego θαρρεῖν (tharrein) o θαρσεῖν (tharsein) que significa estar confiado, con alegría, es una palabra que sólo Jesús pronuncia en los Evangelios y en los Hechos, y que Pablo emplea en sus cartas. Este verbo se refiere al temor que se disipa con la seguridad de que es Dios quien tiene el control de los acontecimientos futuros. Miremos la vida con los ojos de la fe, no con la lógica humana. La fe en Dios, no es una confianza en los que se ve, si no en los que nos se ve. Nuestra vida se gobierna y dirige por medio de la fe en Cristo y en nuestra esperanza eterna; no por las apariencias engañosas ni por las cosas de este mundo.
En el futuro, habrá un juicio escrutador que separará a los buenos de los malos, según sus hechos respectivos, en ese juicio se tomaran en cuenta los motivos de los hechos y no los meros actos externos; la fe y el amor a Dios son los únicos motivos reconocidos por Dios como sanos y buenos. Los cristianos falsos se glorían en sus apariencias externas, y en sus recomendaciones externas, su saber, elocuencia, sabiduría, riquezas, pero no en lo espiritual ni en el poder vital de Cristo dentro de su corazón. Su conciencia no atestigua de su sinceridad.
La visión que tenemos de la gloria de Cristo por la fe es oscura y borrosa. "Ahora vemos por espejo, oscuramente". En un espejo no vemos a la persona misma sino sólo una imagen imperfecta de ella. Nuestro conocimiento no es directo sino que es como un reflejo imperfecto de la realidad. El evangelio, sin el cual no podríamos descubrir nada acerca de Cristo, está todavía muy lejos de manifestar la grandeza de su gloria. El evangelio mismo no es obscuro, ni borroso, es claro y directo, y manifiesta abiertamente al Cristo crucificado, exaltado y glorificado. Pero es obscuro para nosotros porque no lo entendemos perfectamente. La fe es el instrumento por el cual entendemos el evangelio pero nuestra fe es débil e imperfecta. No hay ninguna parte de su gloria que podamos entender plenamente. Pero a veces le vemos a través de las "ventanas". Estas "ventanas" son las oportunidades que tenemos de escuchar y recibir las promesas del evangelio.
Cuando estemos en el cielo veremos la gloria de Cristo. El mismo, en toda su gloria estará continua y permanentemente con nosotros. Le veremos cara a cara, tal como El es. Le veremos con nuestros ojos físicos porque Job dice: "y después de desecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán y no otro...". Nuestros sentidos corporales serán restaurados y glorificados para que podamos contemplar a Cristo y su gloria. Esta gloria será mil veces mayor que cualquier cosa que podemos imaginar. Nadie en esta vida tiene la capacidad, ni espiritual ni corporal para ver la gloria de Cristo tal y como es. Cuando algunos reflejos de esta gloria divina fueron vistos en el monte de la transfiguración, los discípulos se confundieron y atemorizaron. El apóstol Juan, una persona muy amada por el Señor, cayó a sus pies como muerto, cuando Cristo se le apareció en su gloria en la isla de Patmos.
Pablo y todos aquellos que le acompañaban cayeron a tierra cuando vieron el resplandor de la gloria de Cristo sobre ellos. ¡Es un insulta y una necedad cuando la gente trata de hacer cuadros o imágenes del Señor! La única manera en que podemos conocerle ahora es por medio de la fe. Cuando Cristo estaba en la tierra, su verdadera gloria estaba oculta por su humanidad. Debido al pecado, la mente del hombre está llena de maldad y obscuridad y es incapaz de ver las cosas espirituales correctamente. Nuestras mentes todavía están limitadas por nuestros cuerpos por muchas debilidades e imperfecciones que permanecen en nosotros. Ahora como hombre tenemos un poder natural para entender y juzgar las cosas de esta vida terrenal. Pero esta capacidad natural no nos puede ayudar a ver y entender las cosas espirituales. Esto es lo que el apóstol Pablo nos enseña cuando dice: "... Porque el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente."
La gracia renueva nuestra naturaleza; la gloria  la perfecciona. La gracia nos da una visión parcial de las cosas espirituales, pero la luz de la gloria de Cristo nos dará una visión perfecta. Esta es la diferencia entre la visión que tenemos ahora y la visión que tendremos en la gloria. Cristo les dijo a sus discípulos: "Muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros  veis, y no lo vieron".  No podemos imaginarnos cómo será, pero sabemos que Cristo oraba al Padre para que estuviéramos con El y viéramos la grandeza y la belleza de su gloria.  Mientras estemos en este mundo "gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo". "¡Miserable de mi! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?" Nuestros pensamientos sobre Cristo son tan confusos e imperfectos que nos conducen a un anhelo profundo de conocerle mejor.  El creyente No puede estar en paz ni satisfecho lejos de Cristo. En el cielo podremos mirar sin cesar su gloria. Esta visión constante traerá un refrigerio eterno y un gozo permanente a nuestras almas. Aunque no podemos entender ahora como será esta visión final de Dios, sabemos que los puros de corazón verán a Dios. Aún en la eternidad, Cristo será el único medio de comunicación entre Dios y su Iglesia. ¡Amén!

octubre 26, 2012

ὡσαννά [hosanna]

“Desde la angustia invoqué a JAH, y me respondió JAH, poniéndome en lugar espacioso” (Salmos 118:1). Esta palabra se considera generalmente como una transliteración de la expresión hebrea הוֹשִׁיעה נָּא [un grito de auxilio], luego pasó a significar un grito de júbilo, y es sin duda un eco de la esperanza mesiánica del pueblo de Israel. El eco de la voz de la Iglesia se debería escuchar, del mismo modo, como eco de esperanza, cada día debemos alabar a aquel que ha sido exaltado sobre todo pueblo, lengua y nación. Su gloria es la más alta de todas las realidades, y su persona está sobre toda dignidad. Debemos responder con alabanza a Su revelación y expresarle una adoración cimentada en la consagración de nuestras vidas. Esto debe ser así porque Dios es quien hace sentar al necesitado en Su mesa, sacándolo del polvo, y sentándolo con los príncipes de Su pueblo para que logre realizarse como persona. Dios transformas la indignidad del menesteroso en dignidad y su desesperanza en esperanza. En Su misericordia se identifica con los débiles y frágiles, con simples vasos de barros que a causa del pecado, se han echado a perder pero que él ha venido, en la persona de Su Hijo para restaurarlos y convertirlos en vasos de honra. Dios se identifica con las parias de la tierra, así como lo oye. El Dios que tiene control sobre todas las cosas celestiales y terrenales, es él que también se compadece de los necesitados. Cuando el Señor nos redime, viene para quedarse; al separarnos del mundo, nos separa para sí y nuestras vidas se convierten en el lugar donde vive. Porque Dios a quienes redime, también los transformas en moradas y santuarios espirituales. Lo que él ha comenzado en tu vida, lo terminará. Todas las barreras humanamente infranqueables “desaparecen” ante él. Las batallas son recias pero la victoria es del Señor. “Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!” (Marcos 11:9). Lucas omite ὡσαννά, en su lugar dice: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Lucas 2:14). Esta clase de adoración les molesta a los religiosos, no así a los niños en la fe. “Pero los principales sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y a los muchachos aclamando en el templo y diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! se indignaron, y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dijo: Sí; ¿nunca leísteis: de la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?” (Mateo 21:15-16). Debemos tener la seria intención de aprender de cada experiencia para salir de ella siendo una persona mejor y muchos más dedicado al Señor. Dios nos bendecirá y aumentará Su bendición sobre nuestras casas y sobre nuestras familias, solo adorémosle e invoquemos Su nombre. En Su nombre destruiremos a nuestros enemigos porque no hay nadie como él. ¡Te bendecirá porque no hay nadie como él! ¡Amén!



octubre 23, 2012

Dolores de Parto


ὠδίνω significa “sufrir dolores de parto” y ὠδίνως “dolores de parto”. Homero usaba estos términos en sentido figurado para referirse al dolor repentino y violento causado por heridas. Platón relaciona estos vocablos con la obra de Sócrates. La madre de Sócrates era partera y el filósofo se consideraba así mismo como un partero del conocimiento. Aristóteles lo usa en cambio para referirse al proceso natural del parto y Plotino encuentra en ellos una aplicación cosmológica y psicológica. La LXX [la versión de los setentas] introduce términos más subjetivos para referirse a los dolores de parto y usa además términos hebreos que denotan el embarazo como tal. Cuando los hebreos emplean la metáfora del parto, la referencia es más a los temblores convulsivos que al dolor, y se trata de la ansiedad y la angustia ocasionadas por las guerras y las aflicciones, y para referirse al juicio divino. Isaías dice: “Oídme, los que seguís la justicia, los que buscáis a Jehová. Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados, y al hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados. Mirad a Abraham vuestro padre, y a Sara que os dio a luz; porque cuando no era más que uno solo lo llamé, y lo bendije y lo multipliqué. Ciertamente consolará Jehová a Sion; consolará todas sus soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voces de canto” (Isaías 51:1–3). Abrahán fue la cantera, de donde la nación de Israel había surgido, Abraham había sido llamado a salir de una tierra extranjera para heredar las tierras de Canaán, en Canaán fue protegido, prosperado y bendecido por Dios. Hermano el Dios que bendijo a un individuo, hasta llegar a hacer de él una poderosa nación, no se olvidará de ti. Tú y tu casa renacerán; volveremos a cantar y a oírse nuestras voces; nuestras bocas se llenarán de alabanzas y de adoración en medio de la casa de Dios. Aun cuando el parto sea doloroso somos el pueblo escogido por Dios. “Regocíjate, oh estéril, la que no daba a luz; levanta canción y da voces de júbilo, la que nunca estuvo de parto; porque más son los hijos de la desamparada que los de la casada, ha dicho Jehová. Ensancha el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas; no seas escasa; alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas. Porque te extenderás a la mano derecha y a la mano izquierda; y tu descendencia heredará naciones, y habitará las ciudades asoladas” (Isaías 54:1-3). En medio de las pruebas y del juicio siempre habrá una firme expectativa de salvación. David dice: “Pero tú eres el que me sacó del vientre; El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre. Sobre ti fui echado desde antes de nacer; desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios” (Salmos 22:9-10). El alma que recibe la semilla de la Palabra divina, queda pronto embaraza y cuando entre en labores de parto, dará a luz una mente renovada y completamente sana. Para los hijos de Dios habrá bendición sin importar las circunstancias ni el momento. La destrucción que sobrevendrá inesperadamente en los postreros días es para a aquellos que viven confiados en sí mismos, y de espalda a Dios; es para quienes rechazan a Su único Hijo y aborrecen Sus palabras. Es a causa del pecado que toda la creación gime como mujer que está para dar a luz; esperando la manifestación de los hijos de Dios, y del surgimiento de un nuevo cielo y una nueva tierra. El sufrimiento y dolor que hay en el mundo es a causa de los hombres impíos que han rechazados el Evangelio. Dios no quiere que nadie se pierda pero el tiempo es corto y el fin está cerca. ¡Amén!

octubre 19, 2012

Mentes Transformadas


Estamos obligados no solo a conocer acerca de Dios, sino a conocer a Dios. Necesitamos que nuestra relación con Él sea restablecida. Jesucristo ha conquistado nuestras mentes y corazones por medio del Evangelio. Todo el conocimiento que tenemos de él proviene de las Escrituras, la Biblia es la que da un testimonio completo acerca de Él. Para comprender la Biblia, debemos comenzar en el punto en el que por primera vez conocimos a Dios, es decir, en Jesucristo, y veremos cómo cada parte de la Biblia se relaciona con Él y su obra salvadora. Esto se aplica tanto al Antiguo Testamento como al Nuevo Testamento. No debemos olvidar algo tan evidente como esto. La palabra del Evangelio penetra en nosotros, por medio del poder del Espíritu Santo, y nos lleva de las tinieblas a la luz, es decir, a Cristo. “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Romanos 1:16). El Evangelio es el mensaje del reino de Dios y este reino ha venido en la persona y obra de Jesús de Nazaret. Así como hemos empezados la vida cristiana, por medio de la fe en Jesucristo, así también debemos continuar, viviendo por la fe en el Hijo. Dios está transformando nuestras mentes y voluntad por medio del Evangelio para que la salvación y el poder del Espíritu fluyan en nuestro ser. En los postreros días Dios derramará espíritu de conversión, sostendrá y llevará a Su pueblo a la madurez y a la perfección por medio de Jesucristo. “Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito” (Zacarías 12:10). Ya no podemos pensar como si fuéramos humanistas ateos, la mente del humanista, tiende a reprimir la verdad, pero la mente del creyente es transformada por el Espíritu. Debemos luchar constantemente contra el humanismo, utilizando el poder de Dios. No debemos separar la obra redentora de Cristo de la iluminación que recibimos de él. Somos salvos para poder conocer verdaderamente a Dios y vivir en comunión con Él. Todo lo que Cristo fue e hizo durante su ministerio terrenal tuvo por objeto revelamos la verdad acerca de Dios, de nosotros mismos y de todo el orden de la creación. Por consiguiente, parte de nuestra salvación incluye también la iluminación de nuestra mente. Al creer en Cristo somos regenerados por el Espíritu, y la regeneración [o nuevo nacimiento] incluye también la renovación de nuestra mente. La mente recupera su verdadera función para poder juzgar e interpretar todas las cosas por medio de la Palabra de Dios. Renovar nuestra mente, proviene del rol eterno de Cristo como el agente de la Creación. Pablo dice que todas las cosas fueron creadas en Cristo, por medio de Cristo y para Cristo (Colosenses 1:16). Dios creó todas las cosas con el propósito de redimirlas en Cristo. ¡Amén!



octubre 17, 2012

Las Ofrendas Voluntarias

“…Esto es lo que Jehová ha mandado: Tomad de entre vosotros ofrenda para Jehová…” (Éxodo 35:4-5). Todos los materiales con los cuales fue edificado el tabernáculo procedían de ofrendas voluntarias del pueblo de Dios, tomadas de entre las pertenencias de ellos. Para construir y adornar la morada del Dios de Israel no era admisible el oro de ningún extranjero o extraño. El mundo mantiene a la iglesia profesante, y muchos avaros, corruptos y mundanos ricos son sus columnas; quienes la sostienen financieramente. Dinero mal adquirido, pretendidamente dedicado al Señor, se usa para edificar ostentosos templos en los que se exhibe el orgullo y la vanidad de los hombres. Pero estas ofrendas no son agradables delante de Dios; tienen el mismo sabor que tenía la ofrenda de Caín, y Dios no les da ningún valor. Dios es generoso, y quienes disfrutan de las riquezas de Su gracia deben ser generosos. “Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos” (1Cronicas 29:14). El conocimiento de la bondad de Dios debe estar presente en nuestros corazones. Habiendo probado la dulzura de la redención y sus resultados, debemos expresar nuestra gratitud a Dios dándole lo mejor. En Israel todos podían ofrendar, pero ninguno estaba obligado a hacerlo. Cada uno debía hacerlo según sus medios; los príncipes trajeron piedras preciosas y especias aromáticas; las mujeres dieron sus prendas y sus joyas, y otros no solamente contribuyeron materialmente sino que, además, expresaron su amor por medio de sus trabajos personales; hombres esforzados cortaron árboles de acacia, y las mujeres sabias de corazón cooperaron con sus habilidades para hilar. Días tras días llegaban las ofrendas voluntarias, había tanta abundancia que Moisés tuvo que ordenarle que se detuvieran. “Pues tenían material abundante para hacer toda la obra, y sobraba” (Éxodo 36:7). Esto nos hace recordar también los primeros días de la iglesia cristiana, cuando Mamón (una ambición egocéntrica que domina el corazón del hombre) había perdido su dominio (Hechos  2:45-47). Todo lo que tenemos y damos, es de Dios. Pero resulta ser una tentación para nosotros cuando tenemos riquezas materiales, cuando esto sucede solemos apartamos de los demás, cada uno cuida de lo suyo, disfrutando de su pequeño mundo. Dios ama a todas las personas porque El las creó; sin embargo, sus recompensas son solo para los que le son fieles. El primer mensaje de Dios por medio de Malaquías fue: “Yo os he amado”. La adoración a Dios había perdido su vitalidad y se había vuelto más un negocio para los sacerdotes que una adoración sincera. Los sacerdotes estaban ofreciendo animales ciegos, cojos y algunos ya muertos. Dios acusó a Israel de deshonrarlo al ofrecer sacrificios imperfectos. Hermanos nuestras vidas deben ser ofrecidas en sacrificios vivos y voluntarios a Dios. Si damos a Dios solo el tiempo, el dinero y la energía que nos sobran, repetiremos el mismo pecado de estos adoradores que no querían entregar nada valioso a Dios. Lo que entregamos refleja nuestra verdadera actitud hacia El. ¡Amén!