agosto 24, 2011

Viviendo en el Espíritu

“Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Gálatas 5:25). Como cristianos debemos renunciar a la concupiscencia y dejarnos guiar (conducir) por el Espíritu Santo. Este es el punto de partida para poder vivir de acuerdo con la norma moral del cristianismo. Vivir por el Espíritu no es sentir una influencia casual, sino vivir en un estado permanente lleno del poder del Espíritu, aunque a veces estemos dormidos e inactivos. La palabra griega utilizada aquí para andar (andemos) significa literalmente “andar  junto a”. Es una palabra que proviene del lenguaje militar, cuyo significado primitivo es “ponerse o marchar en fila, alinearse”. Andar en el Espíritu es andar siguiendo el camino que él ha abierto. Si no caminamos en el Espíritu, no viviremos de acuerdo con las normas del cristianismo. El cristiano, como persona que vive en el Espíritu, está llamado a ajustarse (someterse) al Espíritu. “Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios” (Gálatas 6:16). Muchas veces somos atrapados por las cosas superficiales. Tenga cuidado con los predicadores que solo hacen énfasis a cerca de las cosas que deberíamos o que no deberíamos hacer, sin tener ningún interés por nuestra condición espiritual o por la condición interior del corazón. Llevar una vida “buena”, sin un cambio interior, conduce a un caminar espiritual vano y vacío. Lo que le importa a Dios es que experimentemos un cambio total. “Pues nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia;” (Gálatas 5:5). Dios dictará su sentencia final; los que son de Cristo serán absueltos (liberados) de toda condenación, para que de ese modo experimenten las bendiciones de la eternidad. Ser espiritual es elevarse por encima de lo natural, material y carnal. “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2:14). Sin el Espíritu es difícil comprender la revelación divina. Es imposible que el hombre natural comprenda las cosas del Espíritu; para él son locura. El Espíritu Santo es quién nos orientas, no hay forma de que podamos entender el mensaje del Evangelio. Por muy elocuente que sea el predicador del Evangelio, si el oyente no le permite al Espíritu Santo obrar, no puede haber una verdadera comprensión o aceptación del Evangelio. La sabiduría del Espíritu es la palabra de la cruz de Cristo. El hombre espiritual es aquel que tiene a Cristo como su salvador. Lo juzga todo porque puede discernir las cosas del Espíritu, y puede comprender las cosas de Dios. Con la expresión “vida espiritual” o también “espiritualidad”, queremos indicar que vivimos y caminamos por el Espíritu. La espiritualidad del creyente comprende todas aquellas actitudes que comprometen al ser humano con Dios. Es vivir la realidad humana, con autenticidad y profundidad, según las mociones del Espíritu Santo. La vida espiritual es un camino o proceso de santificación y perfección, que se traduce en actitudes de fidelidad, generosidad y compromiso. La vida cristiana es vida en Cristo. Cuando el Espíritu sopla el corazón se va unificando en sintonía con los criterios, escala de valores y actitudes de Cristo. Es importante adentrarse decididamente en nuestra nueva vida en Cristo, solo así, seremos hombres y mujeres espirituales, revestidos de Cristo, y lleno de la gloria de Cristo. “Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Romanos 6:4). Cuando el cristiano vive en esta dinámica espiritual, se siente más comprometido. “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:22-24). Ahora tenemos una nueva capacidad para vivir  este nuevo estilo de vida, y de obediencia a Dios, gracias al poder del Espíritu Santo. ¡Amén!

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